SOCIEDAD
diario perfil

Los eco-ladrillos que nacieron de las cenizas

Ya fueron avalados por el INTI. El lado útil de la catástrofe. Fotos. Galería de fotos

Juntos los arquitectos con sus creaciones.
| Cedoc

Esa tarde del 4 de junio, una nube negra fue cubriendo el cielo de Bariloche y de pronto una espesa arena volcánica comenzó a llover sobre la ciudad de los lagos. Un año después de la erupción del volcán chileno Cordón Caulle -Puyehue la inmensa cantidad de arena volcánica acumulada en reservóreos naturales parece que encontró un destino impensado.

En el marco del Programa de Emergencia Volcánica (Proevo), coordinado por la Universidad Nacional de Río Negro, dos arquitectos lograron diseñar bloques con arena volcánica resistentes para la construcción que ya cuentan con el aval positivo tras los ensayos de resistencia realizados por el INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial).

Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Hoy más que nunca Suscribite

“Siempre estuvimos interesados en la construcción natural; cuando cayó ceniza volcánica sobre Bariloche, lo primero que pensamos fue en la posibilidad de encontrarle el costado útil, solidario”, explica Marianela Romero Hamsa, arquitecta de 34 años.

Los arquitectos diseñaron muestras de bloques utilizando arena volcánica, cemento y cal. Sin embargo, la primera dificultad con que se encontraron fue que no existía en la región una máquina de hipercompresión para fabricar “ladrillos de suelo”.

De manera que debieron enviar unos 500 kilos de arena volcánica, recolectados de bolsones en las distintas esquinas de Bariloche, a una empresa del norte del país. “Estas máquinas trituran el material, lo mezclan y lo compactan.

Producen alrededor de 3800 bloques diarios que servirían para construir una vivienda de 45 metros cuadrados por día”, señala Romero Hamsa. Las primeras muestras consisten en 64 bloques, de 30 centímetros de largo, 20 de ancho y 15 de alto. Los más livianos pesan 5 kilos y tienen propiedades aislantes -por el aire que contienen-; otros son de propiedades más estructurales, de unos 8 kilos.

Siga leyendo la nota en la Edición Impresa de Diario PERFIL