Pueden peinarse batiendo los cuatro pelos que les quedan, probar cuanta ampolla prometa detener el proceso de la caída, practicar en secreto los remedios caseros de la abuela y hasta pintarse el cuero cabelludo. Todo vale con tal de no quedarse pelados. Por eso, en la última década los procedimientos de microtrasplante capilar se transformaron en la principal cirugía cosmética masculina.