La Torre Espacial fue inaugurada el 9 de julio de 1985 dentro del Parque de la Ciudad, durante la intendencia de Julio César Saguier. En esa época, fue concebida como uno de los grandes símbolos de modernidad de Buenos Aires.
Con 200 metros de altura y diseñada por la empresa austríaca Waagner-Biro, ofrecía ascensores panorámicos y un mirador giratorio que permitía observar toda la ciudad, en una propuesta que buscaba posicionar al parque como un polo de entretenimiento innovador en América Latina, en sintonía con los grandes desarrollos urbanos de la época.

Subir a la torre implicaba una experiencia singular, en pocos minutos, los visitantes pasaban del ritmo del parque a una vista abierta que, en días despejados, permitía distinguir el Río de la Plata, el entramado urbano y buena parte del conurbano bonaerense.
Durante los años 80 y parte de los 90, la torre funcionó como uno de los principales atractivos del predio y una experiencia singular en la ciudad. También se consolidó como una salida habitual para familias, escuelas y turistas, que encontraban en el mirador una forma distinta de recorrer Buenos Aires desde las alturas.

Sin embargo, el progresivo deterioro del Parque de la Ciudad, sumado a la falta de inversión y mantenimiento, derivó en el cierre de sus instalaciones. Con el paso del tiempo, la estructura quedó fuera de funcionamiento, aunque nunca fue desmontada, consolidándose como un ícono visible pero inactivo en el sur porteño.
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El que supo ser el mirador más alto de Latinoamérica, dejó de funcionar para el público hace 23 años, pero la revitalización, impulsada por el Ministerio de Movilidad e Infraestructura del Gobierno que encabeza Jorge Macri, propone su puesta en valor nuevamente y el aprovechamiento de un espacio vanguardista, con una apuesta a largo plazo.

Permaneció cerrada desde 2003 y tuvo una breve reapertura en 2011 que no consiguió sostenerse en el tiempo. Por esto, esta apuesta es a largo plazo. El pliego técnico es ambicioso, pero contempla el desmonte de los equipos de elevación obsoletos para dar lugar a la provisión y montaje de los ascensores. "La modernización tiene como objetivo principal mejorar la seguridad, la confiabilidad y la eficiencia del sistema de ascensores. Los nuevos equipos estarán dotados de tecnología de última generación, con una capacidad de hasta 24 personas y una velocidad de 240 metros por minuto, lo que permitirá optimizar significativamente el servicio", afirmó Hernán Sur, representante de prensa del Ministerio de Movilidad e Infraestructura en comunicación con PERFIL.
Si bien por ahora el fin está centrado en garantizar condiciones técnicas para tareas de mantenimiento, la renovación de los ascensores abre la posibilidad de una futura reapertura al público, lo que permitiría recuperar su función original como mirador panorámico.
"Los ascensores previos, instalados en 1981, presentaban un alto nivel de obsolescencia. Actualmente, solo uno de los equipos se encontraba operativo, lo que implicaba un riesgo, ya que es fundamental contar con dos ascensores en funcionamiento para garantizar la evacuación o el rescate de personas ante eventuales fallas, especialmente considerando que operan a una altura de 175 metros. A su vez, la imposibilidad de conseguir repuestos clave motivó la decisión de avanzar con el reemplazo total del sistema", especificó el vocero.
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Por el momento, “esta obra no es para habilitar la concurrencia masiva de turistas y vecinos, dado que faltarían realizar intervenciones más significativas en las secciones de las escaleras, para que cumplan con los parámetros de seguridad requeridos”, indicó Sur.
"En materia de seguridad, los nuevos ascensores incorporarán dispositivos de emergencia que permitirán accionar el freno y desplazar la cabina manualmente hasta la parada más cercana en caso de contingencia. Además, contarán con cerraduras e interruptores de seguridad que impedirán su funcionamiento con las puertas abiertas. Como parte de la renovación integral, también se retirarán los cuatro motores existentes en la sala de máquinas superior", detalló.

En ese sentido, la iniciativa empieza a dialogar con otras políticas recientes orientadas a revalorizar hitos urbanos, como la habilitación del mirador del Obelisco. A diferencia de la Torre Espacial, el acceso al interior del Obelisco, históricamente restringido, ya se concretó, transformando un monumento emblemático en una experiencia accesible para vecinos y turistas.

Aunque se encuentran en instancias distintas, ambos proyectos responden a una misma lógica de gestión, recuperar estructuras icónicas, potenciar su valor simbólico y convertirlas en nuevos puntos de atracción. En ese marco, la eventual reactivación de la Torre Espacial no solo implicaría rescatar una pieza clave de la historia urbana reciente, sino también ampliar el circuito de miradores de la ciudad, con el potencial de integrar nuevas zonas al mapa turístico porteño.
RG / EM