SOCIEDAD
Alerta fluvial

Peligro en el Paraná: la crecida soltó al "barco fantasma" de 107 metros y quedó a la deriva sin señalización

El buque Uros-Z rompió sus amarras en un astillero correntino y se desplazó casi dos kilómetros hasta encallar frente a dos barrios capitalinos. Advierten por los riesgos para la navegación nocturna y el abandono estatal de más de 25 años.

Buque Uros Z
Buque Uros Z flotando en el río Paraná | Crédito El Litoral

Las fuertes crecidas del río Paraná generadas por el fenómeno de El Niño volvieron a poner en alerta a las autoridades locales tras soltarse de sus amarras el Uros-Z, un buque tanque de 107 metros de eslora o largo, 14,5 metros de manga o ancho y 6,70 metros de puntal o altura, que fue denomidado como un "barco fantasma" por su inesperada aparición. La estructura permanecía amarrada y sin terminar desde hace más de dos décadas en la costa correntina.

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La fuerza del caudal rompió los cabos que sujetaban la estructura de hierro en el Astillero Corrientes S.A. y la arrastró casi dos kilómetros río abajo a la deriva, sin tripulación ni propulsión. Por el momento, el casco se encuentra varado a la altura de los barrios Quilmes y Los Astilleros, en una zona de habitual tránsito para pescadores y embarcaciones menores.

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El principal riesgo para la navegación fluvial radica en la falta absoluta de señalización: la nave no cuenta con luces, boyas ni elementos de advertencia visual que permitan detectarla durante la noche o con visibilidad reducida.

Un limbo burocrático de más de 25 años

La historia de la embarcación se remonta a principios de la década de 1990. Diseñado originalmente como un buque químico con bodegas de acero inoxidable, su construcción fue encargada al Astillero Corrientes a través de financiamiento del Fondo Nacional de la Marina Mercante. Sin embargo, a mediados de esa década la empresa contratante entró en concurso de acreedores y cedió la nave al Estado nacional como parte de pago de sus deudas.

Desde entonces, la estructura quedó en un vacío legal e institucional. Al no haber concluido su fabricación, el buque carece de matrícula oficial, lo que generó que ningún organismo nacional ni provincial asumiera su jurisdicción o custodia formal.

En el año 2000, durante la gestión del expresidente Fernando de la Rúa, el Ministerio de Economía firmó un convenio para retirar el casco en un plazo de 60 días, compromiso que nunca se concretó. Pese a estar sin terminar, la nave cuenta con equipamiento de elevado valor comercial, como un motor sin uso valuado originalmente en cerca de dos millones de dólares y tanques de acero inoxidable.

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Un antecedente de 60 kilómetros a la deriva

No se trata de la primera vez que esta embarcación genera peligro en el Paraná. En enero de 2018, una crecida similar rompió sus amarras y provocó que el casco navegara sin control durante casi 60 kilómetros por el cauce del río hasta ser custodiado por la Prefectura Naval Argentina y llevado hacia la zona de Empedrado.

Ocho años después de aquel episodio, el deterioro del material acumulado tras más de un cuarto de siglo de abandono agrava la situación ambiental y de seguridad vial en el agua. Hasta la fecha, las autoridades no definieron un operativo oficial para retirar, remolcar o señalizar el casco varado frente a la capital correntina.