A poco más de cuatro meses, la Justicia uruguaya avanza en la investigación de la tragedia del Río de la Plata, en la que murieron cinco de los nueve pasajeros que viajaban a bordo de la avioneta perteneciente al empresario Federico Bonomi, que cayó a diez kilómetros de la costa uruguaya de Carmelo. Según confirmaron a PERFIL fuentes cercanas a la causa, “no se han encontrado fallas en las partes observadas, como por ejemplo el motor y el combustible, y sólo falta analizar algunos instrumentos de vuelo, pero todo indica que no hubo deficiencias en la máquina”.
En diálogo con este diario horas después del accidente, producido el 27 de mayo pasado, Bonomi había explicado: “Todavía no sé si el accidente fue porque falló el avión, el combustible, las turbinas o si fue una sumatoria de todas estas causas”. Pues ninguna de las conjeturas esgrimidas por el propietario de la aeronave Beech Super King Air B200 parece tener lugar de acuerdo al trabajo de los investigadores. “Vamos descartando cualquier problema en el avión. Ahora estamos trabajando sobre el material humano, que tiene que ver con el perfil del piloto, y también sobre la parte meteorológica. Las turbinas están abiertas y no encontramos nada; con el combustible también está todo bien”, añadieron las fuentes consultadas.
La avioneta cayó a las 12.40 del mediodía. Pese al horario, en la zona del pequeño aeropuerto de Carmelo la niebla todavía era intensa. Una de las hipótesis hablaba de un exceso de confianza en el aterrizaje por parte del piloto, Leandro Larriera. Sin embargo, por su gran experiencia, especialmente en unir el trayecto San Fernando-Carmelo, no se entiende por qué decidió descender igual, teniendo en cuanta que el retorno a Buenos Aires le demandaría alrededor de diez minutos. Y justamente eso es sobre lo que los investigadores trabajan. “Para nosotros, lo único concreto es que el hecho que derivó en el accidente fue rápido y no dejó posibilidad de reacción al piloto. Un banco de niebla es el peor obstáculo que debe sortear un piloto, por más experiencia que tenga. Lo que pasó es comparable a alguien que, caminando en una habitación oscura, se golpea contra la pared”, afirmaron los consultados con acceso a la investigación a partir de la consulta de PERFIL.
El informe final –se calcula que estará listo para el mes que viene– dirá que el avión tuvo un encontronazo a unos 150 o 200 km/h con una superficie barrosa donde no había ni veinte centímetros de agua. Ahora, en cuanto a las causas de esa precipitación, fuentes con acceso a las pericias adelantaron que “no fue un descuido. No hay indicios al respecto. Y es coherente con lo que dicen los sobrevivientes sobre lo que sucedió ahí arriba”, contaron. Se supo también que Gustavo Fosco, uno de los fallecidos, iba sentado al lado de Larriera, puesto que tenía experiencia en volar aeronaves aunque carecía de licencia.
La causa está a cargo de la jueza María Alexandra Facal, que espera el informe final de la Comisión Investigadora de Accidentes e Incidentes de Aviación de Uruguay, aunque comparte encuentros mensuales con los técnicos para interiorizarse sobre los avances. La aeronave fue retirada del lugar del accidente pocos días después y se encuentra en un hangar en Montevideo. La máquina tiene capacidad para 13 pasajeros y dos tripulantes. Su autonomía de vuelo es de 3.300 kilómetros y tiene un valor de mercado que ronda el millón y medio de dólares.