ESPECTACULOS
Entrevista

Axel Kuschevatzky: “No creo en la rivalidad con los cines”

El productor, conductor y guionista estrena como actor de voz Gato con botas: El último deseo. Reflexiona sobre el fenómeno Argentina, 1985 y el gran año de su empresa Infinity Hill.

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Axel Kuschevatzky. | GZA. @maritedejesus / UIP

La fábula busca siempre la leyenda: “el dueño de un videoclub que ganó un Oscar”. Pero el productor Axel Kuschevatzky es mucho más que su propia leyenda, que sí, incluye un videoclub, incluye ser el periodista más famoso de espectáculos de las últimas décadas en Argentina, la conducción de los Oscar y otras alfombras rojas, ser guionista (es un parte crucial del fenómeno Casados con hijos original y su retorno), ser actor de voz (sobre todo suele trabajar con la factoría Dreamworks e Ilumination), y, claro, ganador de un Oscar como productor por El secreto de sus ojos. Kuschevatzky es, sin dudas, una de las personas que más ama el cine nacidas en nuestro país. Y ese amor lo ha llevado a rincones casi de forma radiactiva, alterando lo que lo rodea para que no queden dudas que una de las cosas más hermosas sobre la faz de la Tierra es estar en una sala cine (o hablar de cine, o coleccionarlo, o soñarlo, o producirlo, o hablar con tus héroes, y así las expresiones que vinculan al cine con el día a día, desde el rincón que sea). 

Desde Los Angeles, en plena campaña de la temporada de alfombras rojas, Kuschevatzky celebra un 2022 que lo confirma como un catalizador, como un núcleo que reúne caminos del cine argentino e internacional. Y tan vital es, que hasta se da el lujo de ser una de las voces del estreno infantil del verano, Gato con Botas: El último deseo, donde es el papá oso de la famosa familia de Ricitos de Oro (que, él mismo confirma, en un flashback tiene la voz de su propia hija, Julia). Kuschevatzky respira cine, con pasión y con esfuerzo, y así es como su productora Infinity Hill, que es una de las que está detrás de Argentina, 1985, sumó en 2022 estrenos como El gerente, de Ariel Winograd, A Bit of Light, y la serie Staged, además de rodajes y proyectos en camino (como el documental de Dalma Maradona). Además, Kuschevatzky podría enseñar cine: en un bar, en un libro, en YouTube, en un Instagram Live: todo lo hace simple y exhaustivo en su detalle, por ejemplo, la explicación de cara a 2023 y las alfombras rojas, de como se dividen los premios, los galardones que todos esperan que Argentina, 1985 gane, considerando que ya está en la lista corta de los Oscar a Mejor Película Extranjera y nominada a los Golden Globe en la misma categoría: “Los premios se dividen en tres categorías: los premios que da el periodismo, los que da la crítica y los que da la industria, y votan diferente. La Hollywood Foreign Press Association, que es la asociación que vota los Golden Globe, no vota igual que el National Board of Review. En asociaciones de críticos, rara vez superan los 500 votantes, y en los Oscar votan 9000 personas. Entonces, no se comparan las lógicas con que vota cada asociación”. 

Kuschevatzky aclara desde su reciente y no tanto vida en Los Angeles: “De acá en adelante, cada premiación que aparece tiende a amplificar el perfil de la película. Y eso implica que hay gente viéndola. En enero se dan las finalistas de los Oscar, hay 89 películas que no van a entrar. ¿Cómo haces para destacarte? Eso tiene que ver con un montón de cosas: con la prensa, tiempo y energía que se le dedica a las películas. Hay mucho trabajo. No existe el lobby. Nadie puede convencer a nadie que vote una película, y mucho menos considerando la cantidad de votantes cuando son 9000”. Y suma: “Los plazos son más cortos. Antes era un poco más difícil de mesurar el alcance de una película. Hoy a favor, estrenas en tu país, unos países más y tenes una llegada que hubieses tenido en otra época, llegando a más de 140 países. Eso te permite tener la vocación global de una película, más allá de su valor local: sea una comedia, sea un drama, sea lo que sea. A mi gusta eso. Lo que no me gusta es que se lee una rivalidad con la sala, porque ver películas en una sala es algo que yo, y que yo defiendo. No hay ninguna razón sobre la faz de la tierra para dejar de hacerlo”. 

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En un momento de la entrevista, que es crucial para entender lo más importante de Kuschevatzky, es decir, su corazón de cine, dice: “Mis hijos viven todavía acá, conmigo, en Los Ángeles. Pero sé que hay un día que voy a tener que darles un beso y bancarme que se vayan. No sé si con las películas estoy ensayando para eso. Es triste y es hermoso”. Se ríe después de decirlo, claro, pero deja en claro que antes que nada, el cine es para él un pedazo de vida, y uno enorme. Ahora, en Gato con Botas juega otra vez al doblaje, en un film infantil de esos que ven millones de niños, y cuenta sobre su papá oso, que particularmente habla en, digamos, argentino: “Lo que trate de hacer fue no hacer un argentino clásico, si no tratar de mantener algunas de las herramientas del doblaje neutro. Los argentinos terminamos con el tono abajo y pegamos las palabras. En el doblaje, los tonos terminan arriba y se separan con claridad las palabras. El doblaje es una convención, que tienen palabras que se entienden en toda la región, y un tono que empata las variables. No homogeniza, pero crea cierta métrica”. 

—¿Cómo vivís lo que se dio en el país con Argentina, 1985?

—En el caso de la vida de Santiago Mitre y la mía, que es donde la película arrancó, fueron cuatro años de nuestra vida, y un poco más. Años de cambios, de ver crecer a mis hijos, de mudarme a otro país, de lidiar con realidades en transformación permanente (desde la cotidiano hasta cómo se produce cine), atravesado por pandemias, por terremotos (acá en Los Ángeles)... y la verdad es que nunca dude de la película. Nunca dudamos. Nunca dudamos de la historia que queríamos contar a nuestra gente. Y la idea de que una película genera discusión, y eso queda en el tiempo, es una idea hermosa. Nosotros no pretendíamos que todo el mundo la aceptara, sabíamos que había muchas lecturas, algunas que íbamos a estar de acuerdo y otras en contra, o muy en contra. Pero que abra a una generación nueva que desconocía la existencia del juicio el hito que es para historia del país (que es algo que supera a la película) nos llevaba para adelante. Una película que genera discusión es una película que está viva.

—Infinity Hill, la productora de la que sos fundador, tuvo un excelente año  ¿qué buscan contar? 

—Una película es un mundo. Cada una te ofrece una experiencia diferente. A mi me gusta mucho la idea de variedad, de salir de la zona de confort, hacer cosas muy diferentes, trabajar con gente distinta. Después de películas muy complejas y muy duras, queres películas que toquen otra cuerda. En algún punto, las películas y series que hacemos, nos permiten explorar como productores esos lugares que amamos como espectadores. Hay mucho de eso. Hay una planificación de hacía donde queremos, el talento con que queremos trabajar, pero hay un elemento que siempre mantuvimos. Pero nunca queremos dejar de hacer las películas que nos trajeron hasta acá, hablemos de películas comerciales o de otro estilo, siempre hay una voz. Simons Evans, Daniela Goggi, Lorena Muñoz (en el caso de Dalma Maradona) o Santi Mitre; siempre hay que acompañar a la mirada que lleva para adelante.

 

Los Argento, Alonso y más

Axel Kuschevatzky es parte del regreso teatral de un título del que fue crucial: Casados con hijos. Anticipa, justo antes de su estreno, que parte de la comedia de la versión teatral tiene que ver con “como los Argento pueden llegar a ignorar todos los avances que se han logrado en estos años…como ellos, pase lo que pase, siguen siendo los Argento. Nos dimos cuenta que ahí podía haber un gran punto para su retorno, para lo que todos buscan de ellos. Es un muy conmovedor para nosotros volver a reunirnos”. Del otro lado, Kuschevatzky cuenta algo crucial para su productora y su visión: cuando Victoria Alonso le dijo que sume más directoras mujeres. Sigue Kuschevatzky: “Alguien que cuenta bien historias puede contar cualquier historia, y eso incluye una mujer contando una película de energía masculina. Sos una persona curiosa, haces empatía con lo que estás contando: ¿cuál es la diferencia?. Lorena Muñoz me parecía la persona correcta para contar la historia de Dalma, que es la historia de una hija con su padre y eso algo que está en su cine. O Daniela Goggi dirigiendo la adaptación de El salto de papá. Si Andy Muschetti puede contar una historia en el medio de Estados Unidos como It!, no veo razones para que lo que podes contar de primera mano defina lo que podes contar. Obvio que hay veces que lo que tenes que hacer, porque hay relatos que necesitan una mirada desde adentro. Pero eso es algo que nos venimos planteando en Infinity Hill. 

Y suma aclarando que tuvo que hacer un casting: “A mi me divierte mucho, es un ejercicio, y practicó. Y me sirve mucho cuando practico escuchando la voz original del inglés. En algunos casos me sirve saber que estoy en el rango del actor que hizo el original. Acá, en Gato con Botas: El último deseo, la voz del papá oso original la hace Ray Winstone. Yo vengo de trabajar con Ray Winstone, hice una película con él el año pasado. Era más difícil porque mi voz no es la de Ray, pero entendía lo que estaban buscando porque me pase un rodaje con el tipo”.