PROTAGONISTAS
del divan a la tv

Juan Mentasti, el psicólogo de los reality shows

Estuvo en varias ediciones de Gran Hermano. También asesoró a participantes de Cuestión de peso y de Despedida de solteros. Dice que el suicidio de Rocío Gancedo no está ligado a su paso por el ciclo televisivo.

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Psicoanálisis. Mentasti cuenta que cuatro participantes lo consultaron luego en su consultorio. | piemonte

Desde que el reality show se instaló en Argentina, el formato televisivo cautivó al televidente por ese contenido –como lo dice la palabra– real; y el caso de Gran Hermano, que se caracteriza por mostrar a un grupo de personas encerradas y aisladas en una casa, es tal vez la insignia de este tipo de entretenimientos. El suicidio de Rocío Gancedo, una participante de la edición 2011, abrió el debate sobre la fama repentina que adquieren los participantes, y varios pusieron en tela de juicio qué tipo de influencia podría tener el programa en esta clase de decisiones.

Juan Mentasti, psicólogo y especialista en realities –ha trabajado en varias ediciones de Gran Hermano, en Operación Triunfo, en Cuestión de peso y Despedida de solteros–, dice que ninguna. Mentasti conoció a Gancedo y la recuerda como una chica feliz. “Me dio mucha tristeza cuando me enteré”, comenta a PERFIL este psicólogo, quien aclara que en aquella edición formó parte de un equipo de varios psicólogos y que él no siguió de cerca a Rocío. Mentasti, que estuvo en las ediciones de 2003, 2007, 2011 y 2015 de GH, dice que no reniega de que el psicoanálisis esté al servicio de estos programas. “No se agota en el consultorio”, define sin pelos en la lengua este hombre que hizo varias evaluaciones de los participante elegidos en las ediciones mencionadas, como también el posterior seguimiento una vez que estuvo al aire el programa. “Tengo una entrevista para evaluar un primer diagnóstico. Luego ellos pasan a hacer una batería de tests proyectivos, que no los hago yo, y después vuelven a mí esos resultados y los voy cotejando con la entrevista que tomé”, cuenta Mentasti desde su consultorio en Recoleta.

—¿Quiénes no pueden entrar a un “Gran Hermano”?

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—No entran con temas de adicciones y trastornos psicóticos, que a veces es difícil detectar porque pueden estar compensados, o sea, no en el momento del brote. Hay que hacer un diagnóstico más fino ahí. También se ven los trastornos de la impulsividad. Obviamente, una persona que está con una depresión profunda no puede entrar.

—¿Un formato como “GH” puede potenciar o generar algún tipo de conducta?

  —Yo te diría que no. Lo que hay que seguir de cerca es la salida de los participantes. Hay una expectativa puesta que en la mayoría de las casos no se cumple.

—Hay muchos que terminan mal, sin trabajo. Hubo uno que terminó en la calle...

—Sí, hay también de esos casos. Y también de los que no les pasó nada y siguen igual.

—¿Qué es fundamental a la hora de “tratar” la salida de los participantes?

—Hay que regular el regreso. Yo trato de que mantengan los pies en la tierra, me encargo de manejar la frustración del final, trabajo para eso antes de que entren.

—¿Hay alguna patología o conducta común que hayas visto cuando los participantes salen de la casa y retoman su vida cotidiana?

—Hay una cuestión narcisista fuerte. Siempre depende de la persona. Pero no más que eso.

—Pareciera que meter a las personas con historias fuertes o emocionalmente vulnerables en una casa con cámaras es como echar nafta al fuego, o es poco conveniente.

—No creo que sea así, es demonizar el medio. Esta experiencia es comparable a una persona que pasa por un golpe de suerte económico o que entra a una empresa y empieza a ascender. Cuando uno hace lo conveniente, es lo políticamente correcto y se queda en el mismo lugar. Pero por ahí justamente de lo que se trata es de generar un cambio. Te tomo un caso puntual: Brian, un participante, él venía de un barrio marginal y demás, e incluso tuvo un episodio donde lo expulsaron de la casa; míralo ahora, le está yendo bárbaro.

—Estuviste también en “Despedida de solteros”. ¿Como es ahí la dinámica?

—Los evalué por separado. Ahí es más quilombo, son dos casas. Pedían mucho hablar conmigo, no soportaban el encierro y en parte, creo yo, es por no tener la figura paternalista del Gran Hermano que los escuchaba. Era más complejo para ellos.

—¿Y “Cuestión de peso”?

—Es interesante lo que pasa ahí con la cámara. La obesidad es una enfermedad inocultable y la cámara es como un representante de la mirada de los otros. Ahí hay que ver qué pasa después de que termina el programa ya sin la cámara; si pueden seguir bajando y cómo enfrentan la mirada del otro.