Precios

La suba del petróleo amenaza con disparar los costos del campo argentino

Aunque el aumento del precio del crudo suele interpretarse como una buena noticia para los países productores de energía, para el sector agropecuario puede significar un fuerte aumento de costos.

Agro (Cedoc)

La situación recuerda a lo ocurrido durante la invasión de Rusia a Ucrania. En ese momento, el alza de los commodities agrícolas vino acompañada por un incremento aún mayor en los insumos. Ahora, con el conflicto entre Estados Unidos e Irán, vuelve a aparecer el mismo temor.

En los últimos años, durante el pico de la crisis energética, Argentina llegó a importar petróleo y gas licuado por unos 12.868 millones de dólares.

Hoy el escenario es distinto. Gracias al desarrollo de Vaca Muerta, el país espera obtener un superávit energético similar a esa cifra. Sin embargo, esto no significa que el impacto de la suba del petróleo sea totalmente positivo. Los costos productivos de muchos sectores siguen vinculados al precio internacional de la energía.

Logística más cara por cambios en el transporte marítimo

Uno de los primeros efectos se observa en la logística global. Varias compañías navieras están modificando sus rutas por motivos de seguridad. Entre ellas se encuentran gigantes del transporte marítimo como Maersk, MSC y Hapag-Lloyd.

Estas empresas comenzaron a desviar sus flotas hacia la ruta del Cabo de Buena Esperanza, rodeando África.

La decisión eleva los costos de transporte y provoca demoras en las cadenas de suministro. Como consecuencia, las tarifas de flete alcanzaron niveles máximos de los últimos seis años.

El gas natural, el factor que más preocupa al agro

Más allá del petróleo, el mercado sigue de cerca el precio del gas. Desde el estallido del conflicto, el gas natural licuado (GNL) subió incluso más rápido que el crudo.

La preocupación global está vinculada al abastecimiento de Europa, especialmente tras el cierre de producción en Qatar, responsable de cerca del 20% de la oferta mundial. Argentina todavía depende de importaciones de GNL durante el invierno.

Los especialistas estiman que este año llegarán alrededor de 15 cargamentos, menos que en años anteriores pero igualmente relevantes para el sistema energético.

Fertilizantes más caros para la próxima campaña

El aumento del gas tiene un impacto directo en el agro. Muchos fertilizantes se producen a partir de gas natural. Entre los más utilizados en el campo argentino se destacan: la urea, el fosfato diamónico

Cuando el gas sube, también lo hacen estos insumos clave para la producción agrícola. El antecedente de la guerra en Ucrania genera preocupación. En ese momento, la relación entre el precio de la urea y el de la soja llegó a tres a uno. Eso implicó que el costo de fertilización prácticamente se duplicara para los productores.

Primeras subas en el mercado internacional

Según especialistas del sector, ya se observan aumentos iniciales en los mercados internacionales. El fosfato diamónico en el mercado de Nueva Orleans subió cerca de un 6%. En tanto, la urea que llega a los puertos de Brasil registra sobreprecios cercanos al 20% respecto de los niveles previos al conflicto.

Precios agrícolas altos, pero con costos en alza

Al mismo tiempo, los precios de los granos también subieron en el mercado global. La soja en el mercado de Chicago Board of Trade ronda los 433 dólares por tonelada. Sin embargo, el buen nivel de precios no alcanza para generar entusiasmo en el sector.
Los productores temen que el aumento de los fertilizantes y otros insumos termine absorbiendo cualquier mejora en la cotización de los granos.

Un escenario de incertidumbre para el campo

En Argentina se espera una muy buena campaña agrícola. La Bolsa de Comercio de Rosario proyecta una cosecha cercana a 48 millones de toneladas de soja. Sumando maíz y trigo, el volumen total podría alcanzar 140 millones de toneladas.

Esto permitiría una liquidación de exportaciones cercana a 40.000 millones de dólares. Aun así, el clima en el sector agropecuario está lejos del optimismo.

Los productores enfrentan un dilema: vender ahora con precios poco atractivos o esperar una mejora futura mientras crece la incertidumbre sobre los costos de producción.

En ese contexto, el encarecimiento del petróleo y del gas aparece como una amenaza que podría recortar la rentabilidad del campo en la próxima campaña.