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Vinos sustentables desde la Patagonia: cómo una Bodega busca competir en los mercados internacionales

La CEO de Bodegas Malma explicó cómo trabajan con riego por goteo, certificaciones orgánicas, vinos veganos y medición de huella de carbono en San Patricio del Chañar.

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La industria vitivinícola enfrenta nuevos desafíos vinculados con la sustentabilidad, la competitividad internacional y los cambios en los hábitos de consumo. Desde San Patricio del Chañar, en Neuquén, Ana Viola, CEO de Bodegas Malma, explicó cómo su familia desarrolló un proyecto que combina producción de vino, eficiencia en el uso de los recursos y distintas certificaciones.

El emprendimiento comenzó con su padre, quien buscaba desarrollar nuevas alternativas productivas en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén. “Se dio cuenta de que era un lugar ideal para plantar vides, y así arrancó el proyecto familiar”, recordó Viola.

Un proyecto familiar con raíces en la Patagonia

Viola contó que toda la familia terminó involucrándose en el mundo del vino. Ella misma dejó la medicina para incorporarse al emprendimiento, mientras su hermano también abandonó otra actividad para sumarse al proyecto.

Según explicó, la familia fue pionera en el desarrollo vitivinícola de San Patricio del Chañar y desde 2019 el proyecto pasó a ser completamente familiar. A partir de entonces profundizaron una estrategia basada en certificaciones de sustentabilidad, producción orgánica, medición de huella de carbono y vinos veganos.

El uso eficiente del agua y la energía

Uno de los ejes centrales es el manejo del agua, un recurso especialmente sensible en la región. Viola explicó que utilizan riego por goteo, lo que permite calcular con mayor precisión las necesidades de cada planta.

“Al medir con precisión la cantidad de agua que requieren las plantas, uno puede ser muy eficiente en el uso del agua y en el uso de la energía”, señaló. Para determinarlo se tienen en cuenta factores como la evapotranspiración, el sol, el viento y las características del suelo.

La empresaria contrastó este sistema con el riego tradicional por acequias y canales. “Este riego más tecnológico, riego por goteo, permite muchísima precisión”, afirmó.

Las certificaciones como puerta de entrada a otros mercados

Bodegas Malma cuenta con certificación de sustentabilidad de la viticultura argentina, parte de sus viñedos tiene certificación orgánica y todos sus vinos están certificados como veganos. Además, la empresa mide su huella de carbono para reducir progresivamente las emisiones de gases de efecto invernadero.

Viola destacó que estas credenciales se volvieron fundamentales para determinados destinos. “Hay veces que te sentás a charlar con un importador y antes de sentarse a probar los vinos te pregunta qué certificaciones tenés”, explicó.

La bodega exporta aproximadamente la mitad de su producción y tiene entre sus principales mercados a Reino Unido, Estados Unidos y Brasil, además de distintos destinos de Europa y Latinoamérica.

El desafío de recuperar consumidores jóvenes

La CEO de Malma también advirtió que el consumo mundial de vino viene cayendo desde hace varios años. Según sostuvo, los únicos mercados que mostraron crecimiento fueron Brasil y Portugal, mientras grandes consumidores como China, Estados Unidos, Alemania y Argentina registraron retrocesos.

Uno de los principales desafíos aparece en la Generación Z. Viola señaló que inicialmente el sector suponía que los jóvenes directamente consumían menos alcohol, aunque ahora la lectura es diferente.

“Estamos descubriendo que sí toman alcohol. Lo que no toman es tanto vino”, afirmó. Para la empresaria, el desafío consiste en “conquistarlos” y explicarles que el vino no es solamente una bebida alcohólica, sino también “un producto cultural que acompaña a la humanidad desde sus inicios”.

La apuesta de Bodegas Malma combina así dos desafíos: producir de manera más sustentable para competir en el exterior y encontrar nuevas formas de acercar el vino a consumidores que cambiaron sus hábitos y expectativas.