ÉRASE UNA VEZ...

¿Cuál lobo estás alimentando?

Dentro de cada persona conviven dos fuerzas opuestas: el miedo, el odio y el resentimiento por un lado; el amor, la bondad y la compasión por el otro. La batalla decisiva no ocurre afuera, sino en la decisión cotidiana de dónde ponemos nuestra atención.

Cual lobo alimentas Foto: Cedoc

Esta semana escuché una reflexión del psicólogo Tal Ben-Shahar que me dejó pensando. Tal dice: “El pensador y profesor del Massachusetts Institute of Technology, Peter Senge, conocido por su influyente libro The Fifth Discipline, suele repetir una idea tan simple como provocadora:
los seres humanos somos, en esencia, una “loving species”, una especie amorosa.

No es una frase ingenua. Senge no ignora los conflictos, las guerras o las divisiones que han marcado nuestra historia. Lo que sugiere es: que la cooperación, la empatía y el cuidado mutuo forman parte de nuestra naturaleza. Sin esa capacidad de cuidarnos unos a otros, la civilización humana simplemente no habría sido posible.

Pero tampoco sería honesto ignorar la otra cara de nuestra condición. También llevamos dentro el miedo, el tribalismo, los prejuicios, el impulso de dividir el mundo entre “nosotros” y “ellos”.

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Las dos fuerzas viven dentro de nosotros. La cuestión no es negar una para afirmar la otra. La cuestión es en cuál elegimos poner el foco.

Hay una antigua historia de los nativos americanos que lo ilustra con una intensidad sorprendente. 

Un anciano de la tribu estaba sentado junto al fuego con su nieto cuando le dijo:

—Dentro de cada persona viven dos lobos que están en constante lucha.

El niño levantó la mirada con curiosidad.

—Uno de los lobos es oscuro —continuó el abuelo—. Se alimenta del enojo, de la envidia, del resentimiento, del miedo y del odio.

Hizo una pausa y agregó:

—Pero hay otro lobo. Ese lobo es luminoso. Se alimenta del amor, la alegría, la bondad, la generosidad, la empatía y la compasión.

El nieto quedó en silencio por un momento, imaginando esa batalla invisible que se libra dentro de cada ser humano.

Finalmente preguntó:

—Abuelo… ¿y cuál de los dos lobos gana?

El anciano lo miró con calma y respondió:

—El lobo que alimentas.

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En términos psicológicos, el lobo que gana es el lobo al que le prestamos atención.

Porque hay una ley silenciosa que rige la mente humana:

Lo que aprecias, se aprecia. Es decir, aumenta su valor. Y aquello que aprecias, se expande.

Si apreciamos el resentimiento, el resentimiento crece. Si nos enfocamos en el miedo, el miedo se vuelve dominante.

Pero cuando apreciamos la bondad, la bondad aumenta su valor. Cuando ponemos nuestra atención en la generosidad, la generosidad se vuelve más visible. Cuando apreciamos la humanidad en los otros, esa humanidad empieza a multiplicarse.

Tal vez por eso la afirmación de Peter Senge tiene tanto sentido. Quizás sí somos una especie amorosa.

Pero esa parte de nuestra naturaleza no se manifiesta automáticamente. Se manifiesta cuando decidimos, cada día, alimentar al buen lobo.

Donde ocurren las batallas

Porque al final, la batalla decisiva de la vida no ocurre afuera. Ocurre en la decisión de donde ponemos nuestra atención.

Aquello a lo que dirigimos nuestro foco termina moldeando nuestra percepción, nuestras decisiones y, con el tiempo, el mundo que habitamos.

Por eso esta semana pregúntate algo simple pero profundo: ¿qué lobo estás alimentando?

Y haz el esfuerzo consciente de alimentar al correcto. Porque, a la larga, ese es el lobo que va a ganar.

Buen fin de semana.

 

Rafa Jashes