El invierno que nosotros mismos anunciamos: la historia del falso gurú y el poder de influir
Una parábola sobre cómo pasamos de víctimas a protagonistas sin darnos cuenta. Y cómo, muchas veces, el mundo responde a lo que nosotros mismos ponemos en movimiento.
Uno de los cambios más grandes que alguien puede tener es de víctima a protagonista. Cuando te das cuenta de tu fuerza, poder y valor, no se lo entregas nunca mas a nadie.
Había una vez un hombre que estaba con problemas económicos. Vio un aviso en el diario que decía: “Tribu de la montaña busca gurú porque murió el último sabio”. Pensó: no es mala idea, me voy a hacer gurú. No por iluminación. No por ideal. Solo por dinero. Había descubierto que la gente paga por seguridad. Y si uno habla con pausa, sostiene la mirada y responde sin dudar, pocos se animan a cuestionar.
Cuando la presencia transforma: por qué algunas personas nos hacen mejores
Se instaló en una montaña. Barba larga. Túnica blanca. Silencios estudiados. Y comenzaron a llegar las consultas. Un otoño subieron los primeros aldeanos:
—Maestro, ¿cómo será el invierno?
No tenía idea. Pero dijo: —Será frío. Junten leña. Bajaron y empezaron a recolectar.
Días después volvieron.
—Maestro, ¿tan frío será?
—Más de lo normal. No se confíen. La actividad aumentó. Más hachas. Más carretas. Más troncos apilados. Esa noche bajó al pueblo y llamó a la unidad meteorológica. Quizás ellos podían darle una respuesta para sostener su versión.
—¿Cómo viene el invierno? —Frío —respondieron. Sonrió. Se sintió respaldado. Una semana después, con la montaña ya cubierta de pilas de madera, los aldeanos regresaron:
—Maestro, estamos juntando mucho… ¿alcanzará?
—Será un invierno duro. Junten más.
Segunda llamada a los meteorólogos en USA.
—¿Están seguros de que será severo? —Sí. Los modelos así lo indican. Volvió tranquilo. Los días pasaron. La recolección se volvió frenética. El bosque empezaba a vaciarse. Tercera llamada. —Perdón que insista… ¿tan seguro es? —Muy seguro —respondieron— Todo apunta a uno de los inviernos más fríos en años.
Volvió tranquilizado: si los meteorólogos lo decían, que son grandes expertos, no había por qué dudar. Cuarta llamada. —¿Será muy frío el invierno? —Sí —le dijeron—, tremendamente frío. Esta vez no preguntó si sería frío.
Preguntó otra cosa: —¿Cómo pueden saberlo con tanta certeza? Hubo una breve pausa del otro lado.
—La verdad, nosotros no sabemos nada. Pero hemos visto que este año los indios de la montaña están juntando leña como nunca antes. Ellos tienen grandes sabios, así que confiamos en ellos. Silencio.
El "gurú” colgó. Y entendió. Él pensaba que el meteorólogo sabía. Pero el meteorólogo estaba leyendo lo que él había provocado. Los aldeanos juntaban leña por sus palabras. El pronóstico anunciaba frío por la leña acumulada.
Y él confirmaba su mensaje porque el pronóstico lo respaldaba. Creía que dependía del experto. Pero el experto estaba respondiendo a su influencia.
Ese día dejó de pensar en el invierno. Empezó a pensar en el poder. En cómo una frase puede mover a un pueblo. En cómo una conducta puede alterar indicadores.
En cómo muchas veces creemos que el mundo nos determina… sin darnos cuenta de que el mundo está reaccionando a nosotros.
Buen fin de semana.
Rabino Rafael Jashes
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