INCLUSIÓN Y DESARROLLO

Equinoterapia, cuando el caballo abre a la palabra

El Centro de Recreación e Igualdad en la Diversidad de Embalse, en las sierras cordobesas, ofrece rehabilitación integral a niños y adolescentes. Beneficios, historias y la fragilidad de un programa que sostiene mucho más que terapias. Sin embargo, la aprobación para seguir funcionando en 2026 podría demorarse y llegar recién en agosto, lo que interrumpiría procesos terapéuticos ya en curso.

EQUINOTERAPIA. Según explican los instructores, el paso del caballo estimula el sistema sensorial, regula el tono muscular, activa la coordinación y habilita otra relación con el entorno. Foto: GENTILEZA Creidiv

En Embalse, donde las sierras cordobesas bajan la voz y el lago parece escuchar, hay un predio en el que los caballos caminan despacio, como si supieran que cada paso importa. Y vaya que importa. Es en el Centro de Recreación e Igualdad en la Diversidad (Creidiv), un espacio donde la equinoterapia se vuelve puente, lenguaje alternativo y, para muchas familias, una oportunidad que no admite interrupciones.

Bruno Lorenzo tiene apenas dos años. Su historia podría confundirse con la de tantos niños pequeños: primeras miradas, primeros pasos, una infancia que parecía avanzar sin sobresaltos. Su mamá, Aldana Godoy, había soñado durante años con ese hijo. “Desde muy pequeña soñaba con ser mamá”, cuenta, y en esa frase hay una vida entera de expectativas guardadas. Pero el tiempo, que al principio era celebración, empezó a mostrar señales distintas. Bruno no respondía al llamado, evitaba el contacto, repetía acciones, expresaba emociones con sonidos. 

Aldana recuerda ese momento como una fractura íntima. “Con el tiempo comencé a notar ciertas actitudes en él. Bruno no imitaba, no saludaba y no le gustaban los besos. Luego empecé a notar que no volteaba cuando lo llamaba por su nombre. Se mostraba muy selectivo y repetitivo con los alimentos, no acataba órdenes y parecía estar, muchas veces, en su propio mundo. Repetía acciones constantemente y sus emociones se expresaban a través de sonidos: para cada emoción, tenía un sonido distinto. Sentí mucho miedo”, relata.

Con esos temores sintió la urgencia de hacer algo. “La pediatra nos derivó a un neurólogo por posible autismo. Lloré todo el camino de regreso a casa. Pero no me quedé con los brazos cruzados. Llamé a clínicas, busqué turnos, recorrí profesionales hasta que finalmente llegó el diagnóstico: Trastorno del Espectro Autista y Trastorno del Desarrollo del Lenguaje”, dice. Y agrega: “En ese momento sentí que mi vida y mis sueños corrían frente a mis ojos. Pensé que quizás nunca escucharía a mi hijo hablar, que tal vez tendría que enfrentar demasiados obstáculos en la vida. Solo podía preguntarme: ¿por qué a él? Comenzamos con fonoaudiología. Pero, Bruno seguía sin mirarme, sin hablar, sin lograr una conexión con el mundo que lo rodeaba”.

Hasta que una charla casual en un kiosco del pueblo abrió una puerta impensada: en Embalse había equinoterapia, gratuita, sostenida por un convenio con Nucleoeléctrica Argentina.

“Siempre pensé que era una terapia imposible de costear”, dice Aldana.

Hace apenas tres meses que Bruno asiste. Tres meses que, para ella, valen como una vida entera. “Bruno me mira cuando lo llamo. Entiende la palabra ‘vamos’. Reconoce a las vacas y dice ‘la vaca’”, cuenta emocionada. Escuchar esa palabra fue recuperar la esperanza.

EQUINOTERAPIA. Según explican los instructores, el paso del caballo estimula el sistema sensorial, regula el tono muscular, activa la coordinación y habilita otra relación con el entorno.
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Terapia e inclusión.

La equinoterapia es una terapia de rehabilitación integral que trabaja sobre el cuerpo y la emoción, la cognición y el vínculo. El caballo (animal de gran tamaño, noble y sensible) ofrece algo que ningún consultorio puede reproducir: movimiento tridimensional, calor corporal, ritmo. “Es el único animal que tiene la misma fisiología que el cuerpo humano”, explica Natalia Gómez, instructora en equinoterapia, acompañante terapéutica, formada también en lengua de señas y braille, quien lleva adelante este proyecto en Calamuchita.

El paso del caballo estimula el sistema sensorial, regula el tono muscular, activa la coordinación y, al mismo tiempo, habilita otra relación con el entorno.

En Creidiv Embalse trabajan de manera interdisciplinaria. “Nosotros anexamos naturaleza y caballo a lo que ya se trabaja en consultorio”, señala Natalia, que para muchos padres que llevan a sus hijos allí es como un hada madrina.

Cada alumno tiene una sesión semanal, personalizada, individual. Los cupos son limitados: entre seis y ocho personas, porque el cuidado es parte del método. El costo de una sesión privada ronda los 40.000 pesos por 40 minutos, una cifra inalcanzable para muchas familias de la región.

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Natalia le explica a Perfil Córdoba que el centro funciona formalmente desde 2014 y hace cuatro años sostiene un convenio con Nucleoeléctrica, además de contar con subsidio de la Cooperativa de Embalse. Para este año, el acuerdo prevé 15 alumnos: cinco en equinoterapia y 10 en escuela ecuestre. Niños, niñas y adolescentes pueden acceder de manera gratuita. Todavía hay gente que no cree en el “sálvese quien pueda”. Entonces, Natalia destaca la labor de Hugo Muñoz, quien tiene más de 30 años de experiencia en el trabajo ecuestre.

Hugo trabajó siempre con caballos, lleva más de 50 chicos con diferentes discapacidades en caballos y carritos a Segunda Usina —comuna vecina—. Él siempre quiso armar algo como lo que hoy llevan adelante en Embalse. 

La demora de la burocracia. 

Siempre aparecen esos “peros” en las historias. Hay peros que son gratificantes, otros llenan de incertidumbre.

¿Cuál es el “pero” en esta historia? Cada año el proyecto debe volver a presentarse y esperar aprobación. En 2026, la continuidad recién podría confirmarse en agosto. Sí, agosto.

Ese posible paréntesis no es un dato administrativo: es tiempo suspendido para chicos como Bruno. “Hay familias que no pueden acceder a estas terapias y necesitan que esto continúe”, suplica Aldana. Es que la interrupción implicaría perder avances, romper rutinas, apagar procesos que recién empiezan a encenderse.

Natalia también mira hacia adelante con cautela. Cuenta que hay muy buena predisposición, pero la burocracia siempre es así. Incluso narra que planean construir un galpón que permita trabajar todo el año, sin depender del clima. El calor y el frío hoy limitan la actividad. Tener un espacio cubierto significaría continuidad, previsibilidad, otra forma de cuidado.

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A pesar de que a veces esos “pero” no son buenos, en los pueblos siempre está guardada la esperanza, la calma; quizás aprendida por la mansedumbre de esos caballos tan sabios.

La historia de ‘Brunito’ y su mamá es similar a la de otros niños y niñas que han evolucionado de manera increíble en sus procesos. En Embalse es un tema que despierta elogios y agradecimientos.

Mientras los caballos avanzan con su paso manso, hay algo más que sesiones terapéuticas en juego. Hay palabras que empiezan a decirse, miradas que regresan, madres que vuelven a creer. A veces, la política pública se mide en presupuestos. Otras, en una sola palabra dicha por primera vez. “La vaca”, dice Bruno. Y en ese sonido breve, su mundo (y el de su mamá) se vuelve un poco más habitable.