Leandro Córdoba, el distinto que llegó de Devoto a Racing
El delantero pasó, en pocos meses, de ser goleador de Sociedad Sportiva de Devoto a una de las revelaciones de la Primera Nacional. El salto fue tan rápido como desafiante. En su pueblo, donde lo vieron crecer, hablan de su humildad y de un talento que no necesitaba explicación. Hoy, su presente ya despierta sondeos desde clubes del exterior que confirman lo que en el pueblo ya era certeza.
La localidad de Devoto tiene poco más de 7.000 habitantes. Es un pueblo donde las tardes caen lentas y las historias crecen como en voz baja. Pero cuando hablan de Leandro Córdoba el tono se eleva, hablan con orgullo como sabiendo que hay algo que sobresale. Es que ellos decían desde hace un tiempo que “el pibe es distinto”. Esa sentencia ya trascendió Devoto. Hace cinco meses, Leandro jugaba en la Liga Regional de San Francisco con la camiseta de Sociedad Sportiva de Devoto. Desde enero de este año la rompe en Racing de Córdoba en la Primera Nacional y ya lo miran desde clubes de Primera y del exterior. Es que sí, sus vecinos tenían razón.
“Fue un domingo cuando me vieron en Devoto, en un partido donde hice dos goles. A la semana empezó a correr el rumor y me llamaron un domingo a la noche para que el martes estuviera en Córdoba”, contó el propio protagonista de esta historia. La escena siguiente ya es a otra velocidad: “Entré en un amistoso, el equipo perdía 3 a 1, hice dos goles y a partir de ahí se dio la oportunidad”.
Todo fue muy rápido. Por eso hubo muchas dudas. No es fácil dejar la tranquila Devoto para estar en la ruidosa Córdoba Capital. “En la pretemporada me quise ir porque el cambio de un pueblo a una ciudad grande fue muy fuerte. Estaba solo, sin mi familia, y me costó adaptarme”. No hay épica en la frase, hay desarraigo. Se quedó por insistencia de los suyos. “Me apoyo mucho en mi familia, que me mantiene con los pies en la tierra”, narró en el programa Marca Personal que se emite por Youtube.
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CON UNO DE SUS MENTORES. En El Faisán, junto a Roberto Grella, que fue su entrenador en infantiles.
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La génesis.
Devoto lo mira y no se sorprende. Lo reconoce. Roberto Grella, uno de sus formadores en el baby y hoy presidente del club El Faisán de esa localidad, lo explica sin vueltas: “Era un chico al que le sobraban las condiciones. A veces no tocaba la pelota porque le era tan fácil pasar rivales que jugaba prácticamente solo”. Después viene la pedagogía, una escena mínima que define más que cualquier estadística: “Lo llamé, le di una pelota y le dije ‘jugá solo’. A los dos minutos vino y me dijo ‘profe, me aburro’. ‘Bueno —le dije—, así se aburren tus compañeros cuando vos jugás solo’. Ahí empezó a entender”.
Grella habla de él como de un hijo: “Para mí es lo que se merece. Yo insistí mucho para que se diera cuenta de que su lugar era el fútbol. Donde lo llevara (Talleres, Atlético de Rafaela, Ferro), lo querían, pero él no quería irse por la familia. Hoy verlo así me emociona”.
Jonatan Irusta lo vio crecer desde otro lugar: el relato. Lo relató en el fútbol infantil para FM Cristal y luego en la Primera local para “Verde mi alma Producciones”. Y se emociona cuando habla con Perfil Córdoba sobre Leandro. “Soy amigo de la familia desde siempre. A ‘Lea’ lo vi desde chiquito y tenía un plus distinto”, dice. Hay una imagen que vuelve: el chico que no quería salir nunca. “No toleraba el cambio. Aunque fuera ganando 6-0 o 7-0, se enojaba. Quería seguir, quería más”, cuenta. El relator no romantiza, enumera: “Humildad, corazón, sacrificio. Si había un partido complicado, sabían que dándole la pelota a ‘Lea’ algo iba a pasar”. Y arriesga una línea que en el pueblo ya es consenso: “No tiene techo”.
Mariana Andrés, de Multimedio Devoto, lo baja a tierra. Lo vio hace poco, en un supermercado. “Hace vida normal, viene cuando puede. Estuvo en el club y los chicos le pedían fotos. Él se reía: ‘Hace dos meses estaba acá y nadie me daba bola’”, relata, y agrega: “Acá se vive con alegría. Sabemos que es un distinto, pero sobre todo tiene esa magia del potrero”.
Andrés agrega: “Leandro se formó en el club que actualmente se llama Centro Deportivo y Cultural El Faisán, pero cuando él jugaba se llamaba Centro Vecinal Noroeste. Ahí lo dirigía su abuelo Oscar Benedetto. Lo de ‘Lea’ es motivador, parece que a los chicos de pueblo todo se nos hace más difícil y esto los anima a soñar y a sentir que el sueño del pibe puede ser realidad”.
El niño que soñaba en Calchín y hoy es Julián Álvarez, autor de 150 goles
LA GRATA APARICIÓN. Leandro Córdoba en Racing, donde firmó por un año, con una opción de compra por el 50 por ciento del pase.
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Potrero.
Ese potrero que surgió en Devoto se le nota en Racing. En pocos partidos dejó marcas: la gambeta corta, la decisión de encarar, el gesto de pedirla cuando el partido se tensa. No es solo estética; hay eficacia. Y el mercado huele rápido. “Habló San Lorenzo y hubo sondeos del exterior, de Francia y de Arabia”, admitió Córdoba. La noticia circula por el pueblo como un rumor inevitable, sin alterar el ritmo.
Hace cuatro años, en septiembre de 2021, a días de su debut en la Primera de la Liga de San Francisco con la camiseta de SSD, en el programa regional ‘Sábado de todos’ le hicieron una nota, luego de calificar su presentación con un “excelente”. Leandro tenía sólo 16 años y su debut (ante el club Crecer) fue con goles; sí, en plural. En esa nota el pibe contó su admiración por Lionel Messi, confesó de qué club es hincha, y se animó a soñar. “Quiero llegar lejos, jugar en un equipo grande”.
“Brillaba todos los días. Verlo ahora, haciendo lo mismo, pero en otro nivel es una gran alegría”, rememora Grella. Irusta agrega: “Sigue siendo el mismo, un pibe del barrio”.
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EL MIMADO DEL PUEBLO. En Sociedad Sportiva dejó un recuerdo imborrable, por sus goles, sus jugadas y su don de buen pibe.
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Orgullo.
Ayrton Cena, el exarquero de la 'academia' cordobesa que fue compañero de Leandro en Sociedad Sportiva de Devoto tres años y medio, le contó a Perfil Córdoba: “Es un jugador que apilaba tres o cuatro jugadores en una misma jugada. Lo veías con esas condiciones de que le iba a suceder todo lo que está pasando. Un jugador que acá te encaraba 200 veces por partido y te generaba 200 oportunidades de gol por partido. Diferente, poco visto".
Y más allá de esa descripción, Cena relata: “Me da mucho orgullo ver lo que está jugando en Racing, la forma en la que está rindiendo. Es un chico muy humilde que se lo merece. Hace mucho que se tendría que haber ido, pero siempre dudaba. No se quería ir de Devoto y yo le insistía bastante para que se fuera, porque era un jugador que tenía que estar jugando en otro nivel, yo le decía que estaba desaprovechando muchas oportunidades y que el tren no pasaba muchas veces, que no podía morir acá en la liga regional por las condiciones que tiene. Por eso estoy muy orgulloso, me pone muy contento por él. Tiene para dar muchísimo más".
Leandro Córdoba juega como si todavía estuviera en Devoto. Tal vez por eso impacta y, en ese hilo fino entre el origen y la ambición, el pueblo se ilusiona con más, como el hincha de Racing.
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