MARTÍN MALDONADO

“Ningún presidente puede sacar a millones de personas de la pobreza en seis meses”

El investigador del Conicet analizó los datos difundidos por Unicef sobre pobreza infantil y explicó por qué muchas veces los indicadores oficiales parecen contradecir la percepción cotidiana de la sociedad.

Pobreza infantil Foto: UNICEF Argentina

La pobreza infantil en Argentina cayó al 42,3% durante 2025, según un informe elaborado por Unicef a partir de datos oficiales del INDEC. El dato representa una mejora respecto de los niveles registrados durante los momentos más críticos de la crisis económica reciente y fue presentado por el Gobierno nacional como una muestra de recuperación social. Sin embargo, la cifra abrió nuevamente el debate sobre cómo se mide la pobreza y hasta qué punto los indicadores estadísticos reflejan las condiciones de vida que experimentan diariamente millones de familias argentinas.

La discusión adquirió especial relevancia porque mientras los números oficiales muestran una reducción de la pobreza por ingresos, persiste una percepción social marcada por el aumento de los alquileres, los servicios, el transporte y otros gastos esenciales. En diálogo con Perfil Córdoba, el investigador del Conicet Martín Maldonado analizó las limitaciones de las mediciones tradicionales, explicó por qué pueden producir resultados contradictorios y sostuvo que la pobreza es un fenómeno mucho más complejo que un único porcentaje.

—Unicef difundió recientemente datos que muestran una caída de la pobreza infantil. Sin embargo, muchas personas sienten que la situación social sigue siendo muy complicada. ¿Cómo se explica esa aparente contradicción?
—Los datos que difundió Unicef fueron elaborados a partir de información producida por el INDEC. Lo que hizo el organismo fue calcular cuántos niños, niñas y adolescentes viven por debajo de la línea de pobreza utilizando una metodología muy específica. El problema es que esa medición muchas veces entra en conflicto con la percepción cotidiana de la sociedad. La mayoría de las personas siente que la situación económica sigue siendo difícil, que hay más vulnerabilidad, más problemas para llegar a fin de mes y más dificultades para sostener determinados niveles de consumo. Sin embargo, cuando aparecen los informes oficiales suele hablarse de una reducción de la pobreza. Esa diferencia tiene una explicación técnica que es importante entender.

—¿Cuál es esa explicación?
—La medición que habitualmente utilizan los gobiernos y los organismos estadísticos es la llamada pobreza monetaria o pobreza por ingresos. Básicamente, analiza si los ingresos de un hogar alcanzan para comprar una determinada canasta alimentaria. Lo importante es entender qué mide y qué no mide. No contempla gastos vinculados a alquileres, servicios públicos, educación, salud, transporte, combustibles o energía. Solamente observa la relación entre los ingresos y una canasta básica de alimentos. Por eso se trata de una medición limitada. Además, es una metodología que fue diseñada hace décadas y que nunca fue actualizada de manera integral para reflejar los cambios que experimentó la sociedad argentina.

—Cuando Milei afirma que bajó la pobreza y que millones de personas salieron de esa situación, ¿está utilizando esta medición?

—Sí. Pero para ser justos hay que decir que no es algo exclusivo de este gobierno. También lo hicieron administraciones anteriores. Todos los gobiernos suelen utilizar la medición de pobreza por ingresos porque es la que históricamente se empleó para construir series estadísticas. Ahora bien, existe un aspecto técnico que pocas veces se explica. Esta metodología funciona razonablemente cuando los precios son relativamente estables. Cuando hay cambios bruscos en la economía pierde capacidad para describir lo que efectivamente está ocurriendo.

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—¿Por qué ocurre eso?
—Porque la pobreza por ingresos está muy influenciada por el comportamiento de los precios de los alimentos. Voy a decir algo que puede sonar provocador, pero creo que es importante entenderlo: ningún presidente puede sacar a millones de personas de la pobreza en apenas seis meses. Tampoco puede generar que millones de personas caigan en la pobreza en tan poco tiempo. La pobreza estructural es un fenómeno complejo, que involucra educación, empleo, vivienda, acceso a servicios, redes familiares y muchas otras variables. No cambia de manera tan abrupta. Lo que sí puede cambiar rápidamente es el resultado de una medición cuando se modifica el precio de los alimentos respecto de otros bienes.

—¿Cómo funciona concretamente?
—El encuestador llega a una casa y pregunta cuánto dinero ingresa al hogar. Luego compara ese ingreso con el valor de una canasta básica alimentaria integrada por poco más de cincuenta productos. Si el precio de esos alimentos sube mucho, la línea de pobreza también aumenta. Entonces aparecen millones de personas que pasan a ser consideradas pobres según esa metodología. Pero eso no necesariamente significa que su situación social haya cambiado de manera radical. Significa que los alimentos aumentaron más rápido que sus ingresos.

—¿Eso explica por qué hoy algunos indicadores muestran una baja de la pobreza?
—En buena medida sí. Actualmente estamos observando que los alimentos aumentan a un ritmo menor que otros gastos que tienen los hogares. No significa que bajen de precio, sino que crecen menos que los alquileres, los servicios, las expensas, los combustibles o el transporte. Entonces puede ocurrir que una familia siga sintiendo una enorme presión económica, pero que la medición por ingresos muestre una mejora porque la canasta alimentaria creció menos que otros componentes del gasto. Ahí aparece la diferencia entre lo que dicen los indicadores y lo que perciben las personas en su vida cotidiana.

—También señalaste que existen distintas formas de medir la pobreza y que eso suele generar confusión.
—Exactamente. Muchas veces se habla de “la pobreza” como si existiera una sola medición, y eso ya no es así. Hace décadas que la pobreza dejó de ser un concepto único. Hoy existen múltiples indicadores que observan dimensiones diferentes del fenómeno. Por eso siempre hago una pregunta: si tenemos cuatro mediciones de pobreza que arrojan resultados completamente distintos, ¿cuál es la correcta? La respuesta es que todas son correctas porque están midiendo cosas diferentes.

—¿Cuáles son esas mediciones?
—Una es la de necesidades básicas insatisfechas, que observa cuestiones vinculadas a vivienda, acceso al agua potable o alfabetización básica. Esa suele arrojar cifras cercanas al 7%. Otra es la pobreza por ingresos, que actualmente ronda el 28%. También existen indicadores que evalúan nivel socioeconómico, calidad de vivienda, acceso a bienes y nivel educativo. Allí aparecen porcentajes cercanos al 50%. Y finalmente está la pobreza multidimensional, que es utilizada por numerosos organismos internacionales y que suele mostrar valores cercanos al 67%.

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—¿Qué tiene de diferente la pobreza multidimensional?
—Que incorpora muchas más variables. Analiza acceso a la salud, educación, transporte, empleo formal, cobertura previsional, calidad ambiental, servicios públicos, participación comunitaria, redes sociales de apoyo, calidad de vida y bienestar general.

Por ejemplo, pregunta cuándo fue la última vez que una persona fue al médico, si tiene obra social, si dispone de gas natural, si sus hijos concurren a la escuela y aprenden, si participa de organizaciones sociales o si cuenta con espacios de recreación. Mientras la pobreza por ingresos se basa prácticamente en una sola pregunta, la pobreza multidimensional incorpora cientos de variables.

—Entonces, ¿qué debería mirar la sociedad cuando se publican estos informes?
—Creo que lo más importante es evitar las simplificaciones. Los indicadores son herramientas útiles, pero cada uno mide algo distinto. Es un error convertir una única medición en una verdad absoluta sobre la realidad social. La pobreza es un fenómeno complejo y multidimensional. Si queremos entenderla de verdad tenemos que mirar muchas variables al mismo tiempo. Siempre utilizo la misma comparación: en medicina nadie diría que un termómetro es mejor que una radiografía, una tomografía o un análisis de sangre. Cada herramienta sirve para observar un aspecto diferente de la salud. Con la pobreza ocurre exactamente lo mismo. Ninguna medición por sí sola alcanza para explicar una realidad tan compleja como la que vive la sociedad argentina hoy.