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ESTUDIO

Los argentinos son cada vez menos felices: el bienestar cayó a su nivel histórico más bajo desde 2018

Un relevamiento de la Universidad Siglo 21 sobre 1.050 personas en siete ciudades del país registró el nivel de satisfacción vital más bajo desde que la serie comenzó en 2018. El agotamiento laboral subió casi cuatro puntos porcentuales en un año y casi la mitad de la población reportó síntomas de ansiedad recurrentes.

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El burnout es un factor clave entre trabajadores. | CEDOC

La felicidad de los argentinos volvió a caer. El primer semestre de 2026 cerró con apenas el 46,8% de la población satisfecha con su vida, el registro más bajo en ocho años de mediciones continuas. El dato surge del Informe de Felicidad y Bienestar Psicosocial que el Observatorio de Tendencias Sociales y Empresariales de la Universidad Siglo 21 -denominado Insight 21- publica desde 2018, y que se elaboró sobre una muestra de 1.050 casos en Córdoba, Buenos Aires, Rosario, Mendoza, Corrientes, Tucumán y Comodoro Rivadavia.

El número no es solo el más bajo de la serie histórica. También es el tercero consecutivo en descender: desde 2024, la percepción de bienestar retrocede sin pausa. En la medición de noviembre de 2025 el indicador se ubicaba en 48,3%; ahora perdió 1,5 puntos más.

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En paralelo, el burnout -el agotamiento mental crónico vinculado al entorno laboral- alcanzó al 23,8% de los encuestados, una suba de 3,9 puntos respecto de la última medición. El instrumento utilizado para detectarlo fue el Inventario de Burnout de Maslach (MBI-GS), uno de los estándares internacionales más reconocidos para este tipo de evaluación. La herramienta que midió la felicidad fue la Escala de Satisfacción con la Vida (SWLS), validada por organismos como la UNESCO y la OMS.

La fractura educativa

El dato que más tensión genera en el informe no es el promedio general sino su distribución. La brecha educativa divide el panorama de bienestar en dos realidades casi incompatibles. Entre las personas con estudios primarios completos, solo el 20% declaró sentirse feliz, lo que implica una caída de casi 50% respecto de la medición anterior. Al mismo tiempo, ese grupo concentra la tasa más alta de burnout: 31,7%.

En el extremo opuesto, quienes tienen estudios de posgrado vieron crecer su percepción de felicidad un 14,8% respecto de 2025 y registran la menor prevalencia de agotamiento laboral del relevamiento, con 18,5%.

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Florencia Rubiolo, directora de Insight 21, describe el fenómeno como una doble vulnerabilidad que recae sobre los sectores de menor formación: "Los datos exponen una fragmentación del bienestar donde los sectores con menor formación enfrentan una vulnerabilidad doble: una caída en su realización personal y una mayor exposición al desgaste laboral".

El Observatorio interpreta ese patrón como evidencia de que el capital educativo funciona como un amortiguador frente al malestar, una conclusión que reproduce la de relevamientos anteriores de la misma institución.

Los varones y los de mediana edad, los más afectados

La caída de la felicidad no es homogénea por género. El 45,2% de los hombres reportó sentirse satisfecho con su vida, el valor más bajo para ese grupo desde el inicio de la serie. Entre las mujeres el número fue de 48,4%, prácticamente igual al de la medición previa.

Por franja etaria, el agotamiento laboral creció en todos los grupos de edad. Los más afectados son los de 40 a 49 años, con un 28,3% de prevalencia de burnout, seguidos por el grupo de 50 a 59 años con 25%. La única excepción al retroceso general en felicidad fue, precisamente, el grupo de 40 a 49 años, que mostró una leve recuperación de 47% a 49,6%.

Ansiedad y desánimo: casi la mitad de la población

El informe incorpora además datos sobre malestar emocional medidos con el Patient Health Questionnaire (PHQ-4), un cuestionario de cuatro preguntas que evalúa síntomas de ansiedad y depresión referidos a las dos semanas previas a la encuesta. Los resultados son contundentes: el 46,8% de los encuestados reportó sentirse nervioso, angustiado o muy tenso varios días a la semana. El 36,5% indicó dificultades para controlar sus preocupaciones, el 33,7% expresó poco interés o placer en sus actividades cotidianas y el 31% señaló sentirse triste, deprimido o sin esperanzas de manera recurrente.

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Esa combinación de agotamiento laboral con síntomas de ansiedad y desánimo generalizado lleva al Observatorio a advertir que el deterioro no se circunscribe al ámbito del trabajo, sino que afecta la productividad y el funcionamiento social más amplio de la comunidad.

Rubiolo concluyó que los resultados obligan a revisar prioridades tanto en el sector público como en el privado: "El bienestar emocional debe ocupar un lugar central en la construcción de políticas gubernamentales y dinámicas organizacionales. Es indispensable reconocer estas dimensiones para un desarrollo social sostenible, donde se equilibren las exigencias del entorno con el fortalecimiento de las estructuras que atienden la salud mental, permitiendo que las personas afronten con mayor resiliencia las condiciones externas".

El relevamiento fue coordinado por el doctor Mario Trógolo desde Insight 21, con metodología cuantitativa descriptiva y muestreo probabilístico aleatorio sistemático. El nivel de confianza del estudio es del 95%, con un margen de error de 3,02 puntos porcentuales.