La investigación por el femicidio de Agostina Vega ingresa a una semana decisiva: en breve se incorporarán los informes de las pericias médicas, incluida la autopsia, que arrojarán luz sobre qué sucedió entre la noche del 23 de mayo y la madrugada del día siguiente en la casa del sospechoso del crimen, Claudio Barrelier.
Los análisis sobre los restos de la víctima aportarán información decisiva sobre los instantes anteriores y posteriores y podrían develar el móvil del crimen. Eso haría aún más compleja la situación de Barrelier, quien ya se encuentra imputado por un delito cuya pena, en caso de condena, es prisión perpetua: homicidio agravado por violencia de género. Además, la semana venidera se llevarán a cabo las indagatorias de los tres detenidos: primero será convocado Barrelier, que podrá confirmar al defensor público Jorge Cassini o pedir más tiempo para designar a un abogado particular. Luego declararán los otros imputados por encubrimiento agravado, Osvaldo Fassetta y Soledad Andreani.

Barrelier, cercado por las pruebas
A 20 días del femicidio, el expediente adquirió un volumen equivalente a 10 cuerpos de fojas escritas. En el equipo del fiscal, Raúl Garzón aseguran que las pruebas contra Barrelier “son contundentes, indiscutibles”.
Los investigadores sostienen que Barrelier habría sido quien ideó el engaño que permitió atraer a la joven hasta su vivienda, en calle Juan del Campillo 878 de barrio Cofico, la noche del sábado 23 de mayo. Una vez allí, según la hipótesis principal de la fiscalía, habría consumado el crimen en soledad y posteriormente ejecutado un plan para ocultar el cuerpo y dificultar su identificación. Esa tarea fue realizada por alguien que sabía cómo hacerlo. Esta secuencia presenta un nivel de reconstrucción cada vez más sólido.
Él conocía en detalle las cámaras de seguridad circundantes a su casa. Sabía qué movimientos podía mostrar y cuáles no. Lo que no imaginó es que en tiempo récord se podría conocer el itinerario, el lunes 25 de mayo, desde su vivienda hacia Ampliación Ferreyra. La reconstrucción del camino a través de domos y antenas telefónicas condujo al lugar que él decidió como destino final de Agostina.

Autopsia y pericias médicas
El informe completo de la autopsia y la pericia médico–legal son una pieza central. Las conclusiones son esperadas para finales de la próxima semana. Establecerán qué pudo haber ocurrido en los instantes previos al asesinato, qué tipo de sometimiento sufrió la víctima y cuáles fueron las acciones desarrolladas inmediatamente después de su muerte. Eso quizás permita identificar el móvil del crimen, uno de los aspectos que la fiscalía mantiene bajo estricto hermetismo. La investigación trabaja sobre una hipótesis principal, que aún no fue revelada públicamente porque rige secreto de sumario.
El equipo forense es encabezado por el médico Luis María Defagot y está integrado por una dermatóloga, otro médico forense oficial y dos peritos de control, por parte de la querella del padre de Agostina, Gabriel Vega, y de la ‘abogada del Niño’, Romina Gattafoni.
Los investigadores consideran que los resultados serán determinantes para reconstruir con precisión la dinámica del hecho y despejar algunas de las incógnitas que todavía persisten, sobre posible agresión sexual o ingesta de estupefacientes.

El contexto del femicidio
¿Claudio Barrelier actuó solo o tuvo algún tipo de colaboración en el crimen y en el descarte del cuerpo de Agostina? Hasta el momento, la sospecha predominante apunta a un autor individual. No obstante, la fiscalía continúa verificando todas las circunstancias que rodean el caso. Hay certezas de un submundo de drogas, sexo y negocios turbios en los entornos donde él se movía. La pregunta es si el femicidio de Agostina tuvo que ver con ese contexto. Para ello tendrían que aparecer pruebas sobre esas conexiones. Hasta ahora no existen.
Sobre los dos hombres que fueron captados por una cámara de seguridad ingresando a la casa de Barrelier, mientras Agostina estaba adentro, la información disponible es que son dos hermanos que viven en la planta superior del inmueble. Ya están identificados. Por ahora, no hay indicios que los vincule con el crimen, pero se están profundizando medidas probatorias para descartar por completo una eventual responsabilidad.
Los reiterados allanamientos se explican porque la propiedad posee amplios sectores, incluso zonas con escombros y espacios que requieren una exhaustiva y variada revisión científica.

Los presuntos encubridores
Otro de los focos de la investigación es la situación de Osvaldo Fassetta y de Soledad Andreani, ambos imputados por encubrimiento agravado. Los investigadores sostienen que Fassetta sabía que Agostina estaba con Barrelier y que, pese a ello, no contribuyó a encontrarla. Por el contrario, asumió el rol de “amigo” de la madre de la adolescente, Melisa Heredia, para desviar la investigación hacia Franco, un amigo de Agostina.
Por ahora, la acusación no implica necesariamente una participación en el homicidio. Sin embargo, los movimientos y comunicaciones mantenidos durante las horas críticas continúan siendo analizados para determinar el grado de conocimiento que tenía sobre lo ocurrido. Si sólo supo que hubo un encuentro o si también conoció el trágico desenlace. En contraste, la situación de la madre de Agostina aparece claramente diferenciada. Fue víctima de engaños y manipulaciones en un contexto de vulnerabilidad y temor hacia Barrelier.
En relación a Soledad Andreani, fue la mujer que le prestó el auto —Ford K negro— en el que Barrelier trasladó los restos de Agostina a un descampado de Ampliación Ferreyra. La imagen de una cámara de seguridad que los captó en la puerta de una ferretería fue posterior a todo el derrotero, es decir que ese elemento no sería significativo más allá de ligar a Barrelier con el vehículo y la mujer.

Dos víctimas, dos hechos diferentes según los investigadores
La figura de Claudio Barrelier —exbecario de la Municipalidad de Córdoba y con vínculos con barrabravas del Club Instituto— ya había aparecido vinculada a un grave episodio ocurrido el año pasado. El 6 de mayo de 2025, una joven de 20 años fue a la casa de barrio Cofico por pedido de él. Le dijo que le entregaría dinero —se habló de dos, cuatro y hasta seis millones— para que lo guardara por un tiempo. A cambio de ese favor, recibiría una recompensa. Se presume que todo era una gran mentira.
Según la denuncia, cuando llegó fue retenida contra su voluntad, él la obligó a desvestirse, le ató manos y piernas. Le dijo que no quería tener relaciones con ella y que tenía que “entregarla”.
Lamentablemente, el fiscal Iván Rodríguez —según los trascendidos— no avanzó para identificar o comprobar si efectivamente había terceros involucrados, quiénes eran y qué querían. En su descargo, Barrelier le atribuyó a ella todo lo sucedido.
Hoy los investigadores creen que ambos casos presentan diferencias sustanciales, a pesar de que los dos episodios comenzaron con engaños a las víctimas.
Según la información oficial a la que accedió este medio, hasta el momento no existen pruebas que indiquen que Agostina iba a ser entregada a terceros ni que el crimen esté vinculado a redes de trata, narcotráfico o ajustes de cuentas.
Si bien el entorno de Barrelier aparece relacionado con ámbitos donde sobrevuelan temas como la noche, el sexo y la prostitución, no hay evidencias que permitan adjudicarle el móvil del femicidio a ese contexto. Sin embargo, la hipótesis no fue descartada de plano. La gran pregunta que intentan responder los investigadores es si todo terminó siendo una acción individual o si detrás del crimen existía un objetivo diferente que aún no logró ser revelado. Las próximas pericias podrían acercar algunas de esas respuestas.
Por ahora, la evidencia apunta a una secuencia premeditada: un engaño cuidadosamente construido, un encuentro planificado y un asesinato que, según los investigadores, habría sido ejecutado por un hombre que conocía perfectamente cómo ocultar las huellas de su crimen.