El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, terminó de presentar esta semana su declaración jurada rectificada ante la Oficina Anticorrupción, después de meses de dilaciones, y reconoció haber omitido declarar al menos medio millón de dólares que, según explicó en una entrevista televisiva, provienen de inversiones en bitcoin realizadas entre 2014 y 2018. Su versión es siempre la misma: en 2002, tras la muerte de su padre, encontró junto a sus hermanos unos 200.000 dólares en la casa familiar; con esa plata, en 2014, cuando el bitcoin cotizaba en torno a los 700 dólares, compró criptomonedas; entre compras y ventas, terminó quedándose con una ganancia neta de 300.000 dólares, dinero que usó después para comprar las propiedades y bienes que hoy no logra justificar con su sueldo de funcionario público.
El problema es que, según quienes estaban ahí cuando el bitcoin todavía era una curiosidad de informáticos y gamers, esa historia es prácticamente imposible. Para reconstruir qué tan verosímil es el relato del funcionario, hablamos con Andrés Salamone, fundador del espacio "Córdoba Bitcoin", una de las primeras comunidades del país en estudiar y operar con la criptomoneda, y que asegura haber hecho sus primeras transacciones experimentales en 2013.
La comunidad BTC en 2013. Salamone empieza por poner el contexto: en la Argentina de 2013 y 2014, comprar 200.000 dólares en bitcoin era simplemente impensable. Según el cálculo del propio Adorni, esa suma equivaldría a unos 300 o 400 bitcoins, dependiendo del momento exacto de la compra.
"No, no, no, era imposible la compra y venta entre personas, porque nadie tenía esa cantidad de bitcoin", afirmó Salamone, y agregó que en esa época "no había un mercado donde alguien pudiera comprar US$200.000 en bitcoin". Según su testimonio, "en ese momento aquí en Córdoba, básicamente, no había nadie" metido en el tema, y las pocas conversaciones que circulaban entre los primeros usuarios "no superaban los 5.000 o 10.000 dólares".
Sobre la posibilidad concreta de que Adorni haya conseguido esa cantidad de bitcoins en 2013 o 2014, Salamone fue tajante con un número: "Cre que la posibilidad de esa compra es nula, yo le pondría un 1 o 2, del uno al diez de probabilidad". Es decir, prácticamente descartable. La única hipótesis que le parece mínimamente plausible —y aun así, poco probable— es que el dinero hubiera salido de la minería de bitcoin, una actividad que en ese momento requería conocimientos técnicos avanzados. "Por minería podría ser más posible, pero antes habría que corroborarlo y demandada mucho conocimiento técnico, no era sencillo", explicó, aunque aclaró que incluso para eso "tenía que ser un especialista en computación" y que en Argentina "no se llegaba nunca a ese volumen de bitcoin".
Una inversión "que no suena creíble". Más allá de si era posible conseguir esa cantidad de bitcoins, Salamone cuestionó también la lógica financiera del relato. De acuerdo con la versión de Adorni, una persona sin antecedentes conocidos en el mundo cripto habría volcado prácticamente todos sus ahorros —los 200.000 dólares heredados— a un solo activo, en un momento en que el bitcoin era considerado experimental y de altísimo riesgo.
"Una inversión tan grande para alguien que no estaba tan metido en el tema no suena creíble", sostuvo Salamone. Y fue más allá al analizar la parte del relato en la que Adorni dice haber liquidado toda su posición: "Ningún trader o ninguna escuela de inversión te va a decir que vendas todo de esa manera. De hecho, ninguna escuela de inversión te va a decir que invierta todo su capital en un solo activo, como fue el bitcoin en ese momento, y encima un activo de riesgo, totalmente de riesgo. Bitcoin es un activo de riesgo y tiene una volatilidad tremenda".
Para Salamone, el patrón de vida que Adorni dice haber tenido en esos años —viviendo de alquiler, sin un nivel de consumo elevado— tampoco se condice con la idea de que esa persona tuviera en su poder una fortuna en bitcoins que hoy, al valor máximo que tocó la criptomoneda, representaría unos US$40 millones. "Por eso, que diga así, muy livianamente, que compró 200.000 dólares en bitcoin, nadie le cree", resumió.

Números que no cierran. Otro de los puntos del análisis de Salamone tiene que ver con la enorme distancia entre dos cifras que circularon en relación al caso: por un lado, los cerca de 40 millones de dólares que representarían hoy 300 o 400 bitcoins comprados en 2014 al precio máximo que alcanzó la moneda; por otro, los apenas 300.000 dólares de ganancia que Adorni admite haber obtenido.
Si la primera cifra fuera real y Adorni hubiera vendido esos bitcoins en su pico histórico, el funcionario debería estar afrontando una obligación tributaria altísima bajo el régimen de blanqueo o las normas vigentes para activos financieros.
Pero el propio relato de Adorni descarta esa cifra: el funcionario asegura que nunca tuvo un monto cercano a eso ya que según su relato, que fue comprando y vendiendo de manera escalonada entre 2014 y 2018, hasta quedarse con una ganancia neta de apenas 300.000 dólares. Para Salamone, ahí aparece otra de las "inconsistencias" del relato, porque ambas versiones —la de la fortuna acumulada y la de las ganancias moderadas por trading— no pueden ser ciertas al mismo tiempo, y cada una exige una justificación impositiva y patrimonial completamente distinta.
"Todo se puede reconstruir con la blockchain". Pese a lo inverosímil que le resulta el relato, Salamone remarcó que existe una manera objetiva de comprobar —o desmentir— la historia de Adorni: la blockchain. Según explicó, si el funcionario entrega el acceso a la billetera (o "wallet") donde dice haber guardado sus bitcoins desde 2014, la Justicia podría reconstruir absolutamente todos los movimientos.
"Todo, si Adorni le da la billetera al juez o al fiscal, va a tener un historial de todas las transacciones desde que creó la billetera hasta el día de hoy. Es perfectamente comprobable todas las transacciones que él hizo, de compra, de venta, se puede reconstruir todo eso", aseguró. Aclaró, sí, que la blockchain no muestra cuánto dinero en pesos o dólares se pagó por cada operación, pero que ese dato puede reconstruirse fácilmente cruzando las fechas de los movimientos con la cotización del bitcoin en ese momento exacto.
La comunidad Bitcoin, entre la burla y la incomodidad. Más allá del análisis técnico, Salamone contó cómo se vive este escándalo dentro de la propia comunidad cripto, incluyendo entre quienes simpatizan con el espacio libertario que gobierna el país. "No, no, no, de hecho, todos lo toman para la broma", afirmó, y señaló que incluso muchos seguidores de La Libertad Avanza que durante años defendieron el bitcoin como bandera de la "libertad financiera" hoy se distancian del caso: "Con los dos hechos, tanto lo de Libra como lo que pasó ahora con Adorni, ya estamos viendo que muchos de los seguidores les han soltado las manos, básicamente".
Sobre el fondo de la cuestión, Salamone fue concluyente: para alguien que vivía en ese momento la escena del bitcoin en Argentina —"éramos cinco o seis personas en Córdoba y algunos más en Buenos Aires y nos conocíamos"—, la idea de que un desconocido haya entrado y salido del mercado con cientos de miles de dólares en 2013 y 2014, sin dejar rastro reconocible entre quienes operaban en ese entonces, es directamente "imposible".
Mientras la Justicia avanza con el cruce de información patrimonial y bancaria del jefe de Gabinete, la pregunta que queda flotando —y que la propia comunidad cripto de Córdoba se hace entre risas— es si Adorni es un caso extremo de “early adopter” o si tendrá, como bromean en los grupos, el "número de Satoshi Nakamoto", el creador del protocolo para la tecnología bitcoin.