Un filicidio en Río Cuarto desnuda cruelmente las consecuencias de las enfermedades mentales
Quedó firme la elevación a juicio por homicidio calificado por el vínculo que colocan a una mujer ante el pronóstico de prisión perpetua por haber matado a su hijo adolescente discapacitado.
Un filicidio ocurrido en agosto del año pasado en Río Cuarto sintetiza una tragedia múltiple donde subyacen las consecuencias que pueden acarrear dolencias mentales. Pero habría que agregar también un análisis con perspectiva de género.
El 6 de agosto de 2025 en una casa del Barrio Obrero de Río Cuarto M.E.J. (47) atacó sorpresivamente a su hijo de 14 años con un cuchillo tramontina. Le provocó múltiples lesiones, una le afectó la aorta y resultó mortal. Murió por un paro cardiorrespiratorio traumático.
El cuadro fue descubierto por la expareja de la mujer y padre de la víctima. Cuando llegó a la casa, alertado por numerosos llamados telefónicos de ella, la encontró sentada al lado del cuerpo de su hijo. Dijo que no sabía qué había pasado. Fue internada de inmediato en condición de detenida hasta que le dieron el alta y terminó alojada en un complejo penitenciario.
No hay explicaciones de por qué perpetró el ataque.
El Juez de Control, Diego Ortiz, confirmó la elevación a juicio solicitada por el fiscal instructor, Pablo Jávega, por el delito de homicidio calificado por el vínculo, lo que se presenta con un pronóstico punitivo de prisión perpetua.
Los hechos son irrefutables. Lo que no aparece claro es por qué lo hizo.
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Era una "madre excelente"
El expediente recoge testimonios de familiares y vecinos sobre la personalidad de la mujer. La describieron como una madre "excelente" y "muy presente", que tenía a su hijo -que presentaba un cuadro de discapacidad- "en una cajita de cristal". No existían denuncias previas de violencia ni indicios de que la relación entre ambos fuera conflictiva; por el contrario, se los describió como "muy unidos" y "compañeros".
Incluso el padre de la víctima , relató que, aunque la mujer tenía episodios de autolesiones y problemas de salud mental, "nunca le hizo daño a nadie" y siempre se mostraba dedicada al cuidado del menor.
Hay un dato extra. La pareja, madre y padre del adolescente, estaba separada. Al dar su testimonio, el hombre dijo que en varias ocasiones en que el chico debía ir a su casa prefería quedarse a cuidar a la madre porque se producía autolesiones cuando estaba sola. Un chico de 14 años era el sostén de la situación.
Ambos vivían solos en la casa familiar. La mujer, con el cuadro de salud mental descripto tuvo además un episodio traumático cercano en el tiempo en su historia personal: el suicidio de su madre.
El padre del adolescente iba asiduamente a la casa, pero el cuidado permanente estaba a cargo de la mujer, la misma que desencadenó semejante tragedia.
Salud mental e imputabilidad
La defensa de la mujer, ejercida por el defensor público Pablo Demaria, se opuso a la elevación a juicio argumentando que la investigación no profundizó lo suficiente en el contexto de salud mental y género. M.E.J. tenía un diagnóstico de distimia (una forma de depresión crónica) y rasgos de personalidad límite con dificultad para regular emociones.
Sin embargo, las pericias interdisciplinarias fueron contundentes al determinar que, a pesar de sus padecimientos y de una base orgánica que justifica cierta impulsividad, la acusada no presentaba un estado de inconsciencia absoluta al momento del hecho. Según el tribunal, la mujer comprendía la criminalidad de sus actos y tenía la capacidad de dirigir sus acciones.
El camino al juicio oral
Con la ratificación del Juez de Control, M.E.J. deberá enfrentar un juicio ante un tribunal integrado por jurados populares por el la calificación legal que pesa sobre ella.
El debate oral será ahora la instancia final para intentar desentrañar qué ocurrió en la intimidad de ese hogar de Río Cuarto y por qué una madre, descrita unánimemente como protectora, terminó con la vida de su hijo de manera tan violenta.
En esa instancia es muy probable que el caso se analice desde las dos perspectivas planteadas: qué pasó por la cabeza de esa mujer, sola, atravesada por dolores psíquicos enormes. Y si esas circunstancias pueden ser atenuantes de una conducta criminal atroz.
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