Agricultores europeos tiran cosechas enteras de papas por falta de compradores
El Viejo Continente sufre una sobreproducción histórica de 5 millones de toneladas. Los aranceles de EE.UU., el impacto de la guerra en Irán y cambios en los hábitos de consumo hunden los márgenes de un negocio multimillonario liderado por Bélgica.
El agricultor belga Kris D’haeyere llegó a acumular mil toneladas de papas que nadie quiso comprar, a pesar de haber bajado el precio al mínimo. Ante la falta de alternativas, el productor tomó una decisión drástica: arrojó toda la cosecha de nuevo en sus campos, la forma más barata de deshacerse de materia prima suficiente para producir 200 millones de papas fritas. El caso, consignado en una reciente investigación de The New York Times, no es aislado.
Europa enfrenta actualmente una sobreproducción masiva de 5 millones de toneladas de papas específicas para freír. La situación es especialmente crítica en Bélgica, el mayor exportador mundial de papas fritas congeladas, un país donde las frites son un símbolo nacional y un motor económico que en 2025 generó exportaciones por 3.300 millones de dólares (casi el triple que una década atrás).
Sin embargo, el panorama cambió drásticamente. Durante meses, el precio de la tonelada métrica de papas en el mercado disponible (spot) de Bélgica ha permanecido estancado en exactamente cero euros, una estrepitosa caída frente a los casi 600 euros ($690 dólares) que cotizaba hace tres años.
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Los analistas económicos coinciden en que la crisis actual es el resultado de un "cóctel" de factores climáticos, geopolíticos y de consumo masivo:
- Clima: El buen tiempo generó la mayor cosecha de papas en Europa de los últimos ocho años.
- Guerra de aranceles: Las trabas impositivas impuestas por la administración de Donald Trump encarecieron el producto europeo en Estados Unidos, su segundo mercado más importante.
- El conflicto en Irán: La guerra en Oriente Medio disparó los costos de la energía (necesaria para la refrigeración y el transporte) y de los fertilizantes.
- Nuevos competidores: Países como China, India y Egipto comenzaron a volcar al mercado global papas congeladas a precios sustancialmente más baratos.
El conflicto bélico en Oriente Medio congeló los canales comerciales clave. Los barcos que transportan insumos para fertilizantes no pueden salir del Golfo Pérsico debido a un bloqueo en el Estrecho de Ormuz, lo que encarece los costos de producción y, en paralelo, frena los envíos hacia grandes consumidores como Qatar, los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita.
“La guerra en Irán es la última fuente de tensión en la cadena de suministro de papas fritas congeladas”, señaló al Christophe Vermeulen, director ejecutivo de Belgapom, la asociación de procesamiento de papas de Bélgica, al medio estadounidense.
El ejecutivo añadió que los costos más altos de la energía encarecen la refrigeración y el transporte, y que los países del Golfo probablemente demandarán menos volumen debido a una menor afluencia de turistas en sus complejos hoteleros y restaurantes.
A nivel local, el bolsillo de los consumidores europeos también acusa el impacto de la crisis macroeconómica. “La creciente inflación ha obligado a muchos europeos a pensarlo dos veces antes de ir a restaurantes, que es donde se consume la mayoría de las papas fritas”, explicó Niels van der Boom, analista de DCA Market Intelligence, firma especializada en mercados de materias primas.
Menos exportaciones y falta de apetito
Las estadísticas reflejan con dureza el freno comercial. De acuerdo con datos de la publicación especializada World Potato Markets, las exportaciones de papas congeladas de la Unión Europea hacia Estados Unidos cayeron un 8% en el período de 12 meses que finalizó el 28 de febrero, mientras que las ventas a Arabia Saudita retrocedieron un 11%.
“Las importaciones de papas fritas europeas en Oriente Medio en su conjunto han estado registrando una caída de un porcentaje de dos dígitos desde que comenzó la guerra”, estimó Cedric Porter, editor de World Potato Markets.
A largo plazo, la industria enfrenta un desafío aún más complejo y vinculado a un cambio de hábitos global: la tendencia hacia alimentos más saludables y el auge de los tratamientos médicos modernos.
En los Estados Unidos, uno de cada ocho adultos reportó consumir medicamentos para la pérdida de peso basados en el compuesto GLP-1, tales como Ozempic y Wegovy. Estos fármacos disminuyen significativamente el apetito y la ingesta calórica de los pacientes, pero además reducen de forma específica el deseo de ingerir comidas fritas y procesadas.
Como consecuencia de este escenario global, la demanda mundial de papas fritas congeladas continúa expandiéndose, pero a un ritmo notablemente menor. Según Porter, el crecimiento actual se ubica en un 2,5% anual, la mitad del 5% que se registraba hace cinco años. Mientras tanto, las bolsas de papas se siguen acumulando en los campos europeos a la espera de un mercado que vuelva a demandarlas.
LM
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