Rumbo a la secretaría general

La política exterior de Milei complica la candidatura de Rafael Grossi a la ONU

El canciller Pablo Quirno viajó a Nueva York y respaldó al titular de la OIEA ante el Consejo de Seguridad. Mientras Grossi acumula apoyos internacionales, el patrón de votaciones de la gestión libertaria encendió alarmas en los bloques que podrían ser decisivos en la carrera hacia al máximo cargo diplomático global.

Rafael Mariano Grossi, director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) de la ONU, interviene durante un diálogo informal para la candidatura al cargo de Secretario General en la sede de las Naciones Unidas el 21 de abril de 2026 en Nueva York. Foto: AFP

El canciller Pablo Quirno tomó el micrófono ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) el 26 de mayo y dijo que el organismo corre el riesgo de volverse "irrelevante". Habló de "burocracias eternas", pidió por un multilateralismo que "rinda cuentas", y relanzó la candidatura de Rafael Grossi a la secretaría general, con una frase que resume el imaginario diplomático libertario: devolver la "brújula moral" al organismo surgido en las cenizas de la Segunda Guerra Mundial.

Convocado bajo la presidencia de China, Quirno participó del debate abierto en el órgano ejecutivo acompañado por una delegación que excluyó al embajador en Estados Unidos, Alec Oxenford, y a representante ante la ONU, Francisco Troppepi, cuyo pliego de ascenso a ministro de primera logró esquivar la interna interpartidaria por los ascensos de embajadores en Cancillería. En ese mismo viaje se reunió con sus pares de Indonesia y China, dos piezas clave en el tablero de la votación que se definirá durante el último trimestre del año.

La presencia de Quirno permitió seguir poniendo en circulación el nombre del diplomático argentino, director de la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) y una de las 100 personas más influyentes del mundo según la revista TIME. "Su solvencia técnica y vocación de resultados representan exactamente el liderazgo que este tiempo exige", dijo el canciller ante más de cien delegaciones reunidas en Nueva York. La frase sintetiza la hoja de ruta que el propio Grossi trazó desde que empezó a moverse en clave electoral: un perfil construido no en bibliotecas sino en el terreno, desde la planta nuclear ocupada de Zaporiyia hasta Natanz y Fordo, en Irán. "Ponerse las botas" y bajar al terreno donde está el problema, en un contexto de alta volatilidad global.

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En los últimos meses Grossi acumuló apoyos internacionales y consolidó su imagen de funcionario con autonomía propia: en las audiencias de abril se presentó sin acompañantes de su delegación, a diferencia de otros candidatos. Su candidatura fue auspiciada por el gobierno de Javier Milei, que a fines de 2025 impulsó su postulación en un evento del CARI ante buena parte del círculo rojo, y con el apoyo de una diplomacia que históricamente lo acompañó más allá de los gobiernos. Pero ese mismo Ejecutivo llega con un historial reciente de votaciones en la Asamblea General que incomoda a varios de los bloques clave que necesita convencer para que el "Papa nuclear" argentino asuma el máximo cargo diplomático global cuando el portugués António Guterres deje el puesto a fin de año.

Votaciones de la Argentina libertaria en la ONU

Desde diciembre de 2023, el gobierno libertario implementó el alineamiento con Estados Unidos e Israel y la "batalla antiprogresista" (woke, en inglés) como bases de su política exterior, un giro reflejado en votaciones donde quedó en minoría, rompiendo con la histórica neutralidad diplomática. En noviembre de 2024, Argentina fue el único país que votó en contra de una resolución impulsada por Bolivia y Ecuador, dos aliados en la Cuestión Malvinas, sobre prevención y eliminación de la violencia contra mujeres y niñas, que había cosechado 170 votos afirmativos.

En diciembre, la Asamblea General aprobó una resolución que exigía a Israel poner fin al bloqueo sobre la Franja de Gaza y condenaba el uso del hambre como arma de guerra: Argentina votó en contra, junto con Estados Unidos, Israel y algunos países insulares del Pacífico. Votó de la misma forma en septiembre de 2025, cuando Francia y Arabia Saudita impulsaron la "Declaración de Nueva York" para relanzar la solución de dos Estados.

Rafael Grossi, de 65 años, dirige la OIEA desde 2019 y es actual candidato a la secretaría general de la ONU

Pero el capítulo más reciente y polémico llegó en marzo de 2026. La Asamblea General aprobó una resolución que califica la trata transatlántica de esclavos y la esclavitud racializada de africanos como "el crimen de lesa humanidad más grave de la historia". La iniciativa, presentada por una coalición de 60 países africanos, caribeños y latinoamericanos, obtuvo 123 votos a favor, 52 abstenciones y solo tres rechazos: Argentina, Israel y Estados Unidos. Como señaló el propio representante argentino Troppepi al justificar el voto, el Gobierno consideró que la resolución tenía "muchas subjetividades" a las que no adhería. Los países africanos no lo leyeron igual.

A este cuadro se suman trascendidos sobre la cuota argentina ante la ONU. Según información del organismo, Argentina pagó la contribución correspondiente a 2025, pero aún no abonó la de 2026, algo que está dentro de los márgenes normales, según supo este medio de fuentes diplomáticas que conocen el proceso. Al 20 de mayo, solo 151 de los 193 Estados miembros habían pagado íntegramente sus cuotas; incluso potencias, como Japón, recién regularizaron ese día. PERFIL contactó a Cancillería para conocer su mirada sobre este tema, pero no obtuvo respuesta.

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Una candidatura que busca despegarse

El historial de votaciones enojó a buena parte de los bloques africano y árabe, cuyos votos serán clave en la recta final. A eso se suman otras señales de la gestión libertaria contrarias al multilateralismo: el retiro de Argentina del Pacto del Futuro y de la OMS. Sin embargo, hay quienes relativizan el impacto: nadie en el tablero mira lo que declara Milei ni cómo vota Argentina en la Asamblea General. La pregunta relevante, dicen, es otra: qué evalúan los países al elegir al próximo secretario general, y en función de qué intereses van a mover sus fichas.

El embajador Ricardo Lagorio, uno de los diplomáticos argentinos más experimentados en el sistema de Naciones Unidas, evaluó el impacto del giro en política exterior argentina sobre las chances de Grossi. "No ayuda, pero no creo que lo saque de carrera", dijo el exrepresentante argentino ante la ONU.  La candidatura de Grossi, agrega, "pasa por otro carril". "Grossi tiene suficiente autonomía. Es candidato argentino, pero tiene un puesto importante y ha hecho cosas importantes", continuó.

En tanto, lo que importa no es si el Gobierno que presenta al candidato vota "bien" en la Asamblea General, sino qué características buscan los bloques de países decisivos para el futuro jefe de la ONU, en especial aquellos que se ven afectados por los recortes presupuestarios tras la retirada de Washington bajo el segundo mandato de Donald Trump.

Esos detalles serán clave a la hora de la votación de una lista que componen la chilena Michele Bachelet, con la agenda de derechos humanos, la costarricense Rebeca Grynspan, con su gestión de alimentos del acuerdo del Mar Negro; la mirada del Sur Global del senegalés Macky Sall; la ecuatoriana María Fernanda Espinosa; o un perfil nuclear como el de Grossi, un funcionario internacional capaz de moverse en territorios en guerra con riesgo de una escalada global.

"El armagedón nuclear es una hipótesis tremenda que se usó una sola vez en 80 años. Pero todos los días muere gente, aumentan las violaciones a los derechos humanos, aumenta la temperatura", enumeró Lagorio, considerando las preocupaciones de buena parte de los votantes del futuro secretario general. "Hay países para los que la ONU es todo, incluso hoy. Ese es el imaginario".

El poroteo de los cinco miembros permanentes

Tras las presentaciones de los candidatos, el proceso hacia la ONU continúa en julio, cuando los 15 miembros del Consejo de Seguridad, cinco permanentes con poder de veto y diez no permanentes, darán por terminada la etapa de deliberación, abriendo paso a la votación pautada entre octubre y diciembre. Luego, la recomendación irá a la Asamblea General, donde culminará la votación.

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Hasta el momento, la única señal pública de uno de los cinco permanentes llegó de China: al asumir la presidencia del Consejo en mayo, el embajador chino dijo en conferencia de prensa que le gustaría ver a una mujer y que fuera de América Latina. "Nos gustaría ver una mejor representación geográfica y, si fuera una mujer, después de tantos años, China lo acogería favorablemente", sostuvo, en una declaración inusual. 

Francia, en cambio, viene enviando señales en dirección opuesta, según supo este medio. Desde París, la lectura sobre Grossi es favorable: la cercanía construida con Emmanuel Macron desde el OIEA y la sintonía en materia nuclear se tradujeron en gestos que llamaron la atención del círculo diplomático. A principios de marzo, el presidente galo organizó una conferencia internacional sobre energía nuclear y la copresidió Grossi, una puesta en escena que pasó casi desapercibida en Buenos Aires. Antes de las audiencias de abril en Nueva York, el embajador francés Romain Nadal había invitado a Grossi a compartir un almuerzo con embajadores del G7 en Buenos Aires. "No es una casualidad que lo hayamos recibido", dijo cautelosamente Nadal ante la consulta de PERFIL.

Rusia, por su parte, tiene una visión positiva del argentino, mientras que EE.UU. no hizo declaraciones explícitas. Tampoco el Reino Unido, que guarda el silencio habitual en esta instancia, aunque fuentes diplomáticas señalaron que Grossi tiene un vínculo de trabajo sólido con Londres en materia nuclear y que el peso de Malvinas podría no ser determinante, especialmente luego de que afirmara que "sobrevolaría esas cuestiones" en una entrevista con El Observador. 

"Puede ser que no lo voten pero tampoco lo veten. Hoy lo más prudente ahora es no hacer declaraciones", opinó en off una fuente diplomática cercana a Casa Rosada, que destacó que Grossi tiene una característica distintiva: ser una figura respetada por actores que no se respetan entre sí.

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"Esta es la labor de la diplomacia internacional. Esto es lo que se debe hacer: dialogar, conversar, proponer soluciones concretas a los problemas graves que existen. Yo tengo una función específica: la protección del régimen internacional de no proliferación, es decir, evitar un accidente nuclear. Esto me lleva, justamente, a tener que dialogar y conversar con todos", sostuvo el director de la OIEA en una charla con PERFIL previa al lanzamiento de su candidatura, donde delineó el eje de su campaña: sacar a la ONU de la "crisis de credibilidad y efectividad" en que está sumergida.

Para aquellos que siguen de cerca la carrera hacia la ONU, la cuestión excede los currículums, las nacionalidades, las votaciones de un país (como Argentina) en la Asamblea General o las declaraciones de jefes de Estado. En cambio, se enmarca en un interrogante: qué tipo de perfil necesita el organismo que busca redefinir su rol en medio de la guerra en Ucrania, Medio Oriente y la reconfiguración del poder global marcada por la competencia entre Estados Unidos y China, considerando el reciente acuerdo directo entre Trump y Teherán, que volvió a dejar a la ONU afuera del juego. 

 

ML