Rol del sistema político

Referentes políticos advirtieron que “la economía de Milei es hemipléjica, tiene un sector paralizado”

Alejandro Garvie y Jesús Rodríguez sostienen que sin acuerdos políticos y reglas previsibles, el crecimiento seguirá siendo desigual y limitado. Plantean que el esquema económico resulta “incompleto y sectario”.

Alejandro Garvie y Jesus Rodriguez Foto: Collage

“La economía es hemipléjica, en el sentido de que solo una parte tiene movimiento y la otra no”, resume Jesús Rodríguez al analizar el rumbo económico actual, mientras que Alejandro Garvie agrega que el dinamismo se concentra en sectores como la minería, el petróleo y el campo, al tiempo que amplias áreas de la actividad, especialmente aquellas que generan empleo y distribución del ingreso, permanecen estancadas. En ese marco, en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), advierten que el modelo “es incompleto” y que, más allá de su eventual solvencia futura, hoy presenta fuertes limitaciones para impactar de manera equilibrada en el conjunto de la sociedad.

Alejandro Garvie es licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad de Buenos Aires, escritor, consultor y docente. Se desempeña como profesor de periodismo económico en la Universidad de Belgrano. Ha dictado clases de ciencias políticas en la UBA, ha publicado obras como Economía para principiantes y La economía peronista.

Jesús Rodríguez es licenciado en Economía por la UBA y político ligado a la Unión Cívica Radical. Fue ministro de Economía en 1989, al final del gobierno de Raúl Alfonsín. Fue cuatro veces diputado nacional y se desempeñó como presidente de la Auditoría General de la Nación entre 2020 y 2023. Actualmente es vicepresidente de la Internacional Socialista y es prosecretario de la Fundación ALEM.

Ambos invitados han publicado La huella democrática, un ensayo que analiza los años fundacionales del retorno a la democracia en la Argentina tras la última dictadura militar.

Acá tenemos La huella democrática, la economía y la política en los años del presidente Alfonsín, 1983-1989. ¿Qué tiene para dejarnos de enseñanza la historia de ese período económico en comparación con el período económico actual? ¿Cuánto rima la historia con lo que venía precedentemente, que siempre se dice de la famosa tablita de Martínez de Hoz, con el actual programa económico? ¿Y cuánto rima lo que vino después del 89, con Menem, con el actual programa económico?

Jesús Rodríguez: Si yo tuviera que decirte en dos palabras la síntesis de ese trabajo, es que la incapacidad del sistema político para encontrar acuerdos sustantivos que, al tiempo que conduzcan a las reformas estructurales, le den sostenibilidad social al esquema es lo que distingue la historia argentina desde la democracia instaurada en el 83 hasta acá, y los riesgos que tiene creer que no hay restricciones económicas o imaginar que no hay restricciones políticas. Creo que comprender que las dos restricciones existen, y existe un arte imprescindible para hacer viable el progreso, es lo que puede deducirse de esa interpretación.

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Tomando lo que dice Jesús, evidentemente las restricciones uno las podría traducir como problemas, y el arte de la gestión, no sea solamente la pública, es resolver problemas. Un día le pregunté a un ingeniero qué era ser ingeniero. Dijo: poner cosas juntas que funcionen. Bueno, podríamos decir que en todas las actividades de conducción hay problemas a resolver. Entonces hay habilidades que son las adecuadas para uno u otro tipo de problemas.

Entonces, mi pregunta es si para los problemas públicos las habilidades de los conductores tendrían que ser la capacidad, el arte de generar consensos o, como vemos en líderes como Milei o como Trump, la determinación, esta idea de que los tibios no funcionan. Entonces, para solucionar los problemas, ¡uno podría decir que ¿hay ciertas habilidades particulares mejores que otras en los problemas públicos?

Alejandro Garvie: Sí, por supuesto. Hay habilidades,  también hay culturas, que es el ambiente en donde esas habilidades se desarrollan, y también hay coyunturas en donde esas habilidades pueden o no desarrollarse. Tal vez si, como vos mencionás, el presidente Trump viviese en otra coyuntura en donde el Imperio americano tuviese otra salud, él no tendría la posibilidad de desarrollar e incluso demostrar esto como una habilidad. Ahora, cuando vos decís los problemas públicos, ¿cuáles son nuestros problemas públicos? ¿El déficit fiscal, o el trabajo, o que la gente no llegue a fin de mes? ¿Dónde pongo yo, como gobernante o como sistema político, el foco de cuáles son verdaderamente los problemas, sin desentendernos de que los problemas están interrelacionados?

Obviamente que yo no puedo tener una macroeconomía disparatada simplemente para que la gente esté feliz. Pero es como te diría tu amigo ingeniero: es un sistema en donde las piezas se mueven y en donde, al mover una, se repercute sobre las demás. ¿Cuál es el momento virtuoso o la forma virtuosa de hacer eso? Justamente en nuestro ensayo tratamos de mostrar cómo se movieron todas esas piezas en el período entre el 83 y el 89, entre la voluntad y las buenas intenciones y la dureza de la realidad.

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Vos dijiste que si la salud de los Estados Unidos en su conjunto estuviera menos frágil, no necesitaría un presidente como Trump. Los griegos tenían que la dictadura era, casualmente, cuando había problemas durante un tiempo. Originalmente era seis meses. Entonces ahora le pregunto a Jesús: ¿encontrás una relación en esto que dice Alejandro de que la Argentina tiene un presidente como Milei porque la salud de la Argentina está mucho más frágil?

JR: Ciertamente, si no, sería inimaginable que esto hubiera sucedido. Tal vez es una paradoja: 40 años de la democracia instaurada en el 83, un presidente que piensa, por ejemplo, que el cáncer de la Argentina, como ha dicho, es el artículo 14 bis de la Constitución Nacional o que se concibe como el primer presidente libertario de la historia de la humanidad. Una visión de esa naturaleza solo es explicable, en parte, por la frustración o la decepción social frente a la realidad política de la Argentina.

Pero yo, tomando tu pregunta, diría: ¿cómo hacemos en la Argentina para identificar el problema principal que nos permita pensar en el progreso? Y, desde mi perspectiva, y está implícito en el trabajo, es la asociación positiva que existe entre la fortaleza de las instituciones y los resultados económicos y sociales. Los países que han encontrado solución es el resultado del respeto a la ley, acuerdo y vocación de cooperación entre los actores políticos e ideas contemporáneas y, al mismo tiempo, productivas. Pensemos en nuestros vecinos: Chile o Uruguay han podido crecer y han podido reducir la pobreza. Y, básicamente, porque existen esas ideas: el respeto a la ley, el acuerdo y la cooperación entre los actores políticos y la integración al mundo. Y yo creo que, aparte de esas cuestiones, es lo que explica la frustración argentina.

¿Cuándo se rompió ese respeto por la ley y se impidió, se frustró, se truncó el camino del progreso de la Argentina?

AG: En realidad yo preferiría verlo o presentarlo como lo hemos presentado en este ensayo, que tiene la particularidad de que no se menciona a nadie, no hay nombres propios. Se habla de los procesos, se habla de las influencias, se habla de lo que pasó en el contexto internacional, cómo llegamos a los 83, cuál era el contexto político nacional. En ese sentido, insisto mucho en la cultura, en cuál es nuestra cultura política. Porque si nos ponemos a pensar y decir: bueno, esto se jodió con Rosas, no; esto se jodió con la Constitución del 53, no; esto fue la causa versus el régimen.

Entonces yo puedo poner ese evento en cualquier momento de nuestra historia argentina y vamos a ver que, en líneas generales, el apego a la ley siempre ha estado por debajo de las cuestiones personales, de los liderazgos fuertes. Por eso nosotros tenemos un sistema presidencialista muy fuerte. Pensar que nuestro actual presidente es un outsider de la política y ha logrado construir en dos años una presidencia, eso es también porque nuestro sistema privilegia, o está acomodado de tal modo, que rápidamente quien ocupa el sillón de Rivadavia empieza a manejar todas las botoneras.

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Esperaba como respuesta 1930, del rompimiento con la ley, pero obviamente usted me lleva a una situación muy anterior.

AG: La ley no se rompió en 1930. De hecho, la Corte Suprema siguió funcionando y santificó el golpe de Estado. Sería entrar en determinadas polémicas: si no fue acá, fue allá. Lo importante es que nosotros tenemos una cultura.

¿Y cuál es esa cultura? ¿Cómo la explicaría, justo en este momento en que se habla tanto de batalla cultural?

Bueno, yo creo que en la política está más centrado en la cultura del caudillo, en el patrimonialismo, en el personalismo. No son cosas muy alejadas de la ciudad de Buenos Aires. Cuando nos alejamos de la ciudad de Buenos Aires también eso lo vemos tal vez con mucha más fuerza que aquí. 

¿Y si en el interior estuviera más que en la ciudad de Buenos Aires, uno pudiera decir que es porque la ciudad de Buenos Aires está más afectada por el contacto internacional, o es algo de la época, o finalmente, con los medios de comunicación, el interior se va a parecer más a Buenos Aires en el futuro? Es una conjetura plausible.

Yo creo que sí, el influjo de los medios es muy fuerte y, obviamente, Buenos Aires siempre fue la cabeza de Goliat, desde Martínez Estrada, para graficarlo. Y como cosmopolita siempre ha recibido el influjo de las ideas, de la Revolución de Mayo con Mariano Moreno hasta la fecha que querramos poner.

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El personalismo es un problema. Ahora, sin alguien del carácter de Alfonsín no hubiera sido posible, en 1985, haber juzgado a las juntas militares. ¿Cuánto te deja en tu experiencia de vida el valor de las instituciones y la suerte de contar con líderes que encarnen un momento histórico?

JR: Sí, es verdad lo que decís, pero era la síntesis de una demanda social, una infraestructura institucional y una determinación política, pero, al mismo tiempo, un liderazgo democrático, inclusivo, respetuoso, tolerante, que buscaba acuerdos. Entonces, liderazgo con esas condiciones, que es muy distinto a esos liderazgos arrebatados, prepotentes, autoritarios, que pretenden arrear a la sociedad en una dirección.

Y me da pie a decirte esto, vinculado a lo que señalaba Alejandro, de que en nuestro ensayo no hay un nombre propio. Me parece que tiene que ver con esto: si nosotros creemos que los problemas tienen nombre y apellido y DNI, y entonces se resuelve el problema cuando ese nombre ya no está, nos equivocamos. Y en relación a la cultura política, permitirme un recuerdo de una frase que se le atribuye a Perón, que dice que la Argentina es un país muy politizado, pero con muy baja cultura política.

Explicá un poquito más esa paradoja.

En el sentido de que la cultura deseable es una cultura con determinadas características: democrática, tolerante, abierta, respetuosa, que es lo que nos está faltando. Politizado, pero con algunos déficits. 

Yo recuerdo estando en el exilio haber entrevistado a Ernesto Cardenal, que era ministro de Cultura de Nicaragua en ese momento. Me decía: Alfonsín estaba totalmente loco, equivocado, en la época de campaña, todavía no era presidente, si él cree que va a poder juzgar a los militares. ¿Quién tiene las armas? Las armas las siguen teniendo los mismos militares.

Alfonsín no va a lograr lo que está diciendo. Te puse a Cardenal por ponerte un ejemplo de alguien medianamente reconocible, pero era algo que comentaba mucha gente. Había una demanda de la sociedad, pero al mismo tiempo había una contrademanda de la sociedad, al punto de que el otro partido político, el peronismo, había planteado aceptar la amnistía o una forma más lavada, como hicieron Brasil, Chile. O sea, quizás con un liderazgo de otro carácter no hubiera habido ese juicio.

JR: No tengo dudas. Más aún, permitime hacerte un matiz a tu introducción: no había una demanda social de enjuiciamiento. Si uno mira las encuestas que ya había en ese tiempo, no estaba en el centro de las preocupaciones la necesidad del juicio. Casi diría que fue contracultural, en el sentido puesto en las palabras de Alfonsín, que decía que no podía hacerse de cuenta que no había sucedido nada, sería una claudicación ética, pero al mismo tiempo tampoco podía consentirse o aceptarse la idea de la revancha. Y esa idea de juicio y de valoración ética no estaba demandada, pero era lo que había que hacer. Y me parece que ahí es donde está ese liderazgo, con esas características, que hizo posible lo que sucedió, que, como vos bien decís, es único en el mundo.

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El que no haya nombres propios encierra tácitamente una perspectiva hegeliana, en el sentido de que los actores simplemente son agentes de la época y Napoleón no era Napoleón, sino la época a caballo.

AG: Yo creo que no iría tan lejos. Obviamente que los actores siempre son importantes, porque son los protagonistas, los que hacen, yendo a Marx, la historia sin saber qué es lo que están haciendo muchas veces. Pero nosotros no quisimos poner nombres. Primero, para no generar suspicacias. Hay libros de la época o textos o ensayos de la época en donde hay profusión de nombres y entonces uno puede decir: “No, pero yo no dije eso” o “mirá lo que este dice de mí”.

Entonces empieza a generarse toda una cuestión alrededor del choque de los egos, cuestiones menores. Los nombres iban a distraer. Además, este ensayo es producto de habernos presentado con Jesús al premio de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas y teníamos una extensión. Entonces tuvimos que maximizar cuáles eran los procesos, cuáles dos o tres ideas principales que queríamos dejar plasmadas ahí. Y bueno, si no poníamos los nombres, también teníamos más espacio.

Lo escuché a Roberto Lavagna decir esto: que este actual programa económico va a durar todo el tiempo que Estados Unidos esté dispuesto a enviarle dólares a la Argentina cada vez que tenga problemas. Le escuché decir: hay una diferencia central entre los 90 con Menem y hoy, porque Menem lo que tenía era vender las joyas de la abuela, o sea, un stock, mientras que Milei tiene la promesa de un flujo. Hoy Vaca Muerta, dentro de cuatro o cinco años la minería. 

La Argentina es solvente, aunque tenga un problema financiero, porque tiene allí adelante un aumento de las exportaciones por habitante, quizás el doble del actual. Y recuerdo, en un reportaje, a Alfonsín después de ser presidente, y él me decía: “Pero no estaban las condiciones dadas para las privatizaciones”. ¿Cuánto es el clima de época? Ahora salgo de las personas y vuelvo a las condiciones de posibilidad. ¿Y cómo le podrías reflejar a la generación actual esas dificultades que tenían y cuánto de que no pueda haber déficit fiscal era deseable, pero no alcanzable?

JR: En relación a la primera parte de tu presentación, ciertamente, independientemente del stock y del flujo, lo que está por detrás de eso, es una economía hemipléjica, en el sentido de que solo una parte tiene movimiento, la otra no tiene. Y me parece que ese es un problema. Porque el movimiento está restringido a algunos sectores de actividad, algunas regiones, y que impacta solamente para una fracción de los argentinos. Entonces, este es un problema que me parece es incompleto. Bueno, dicho eso, para ir a tu pregunta, te diría lo siguiente: Alfonsín fue innovador en muchos sentidos, no solo en ese que planteabas antes de enjuiciar la violencia política, sea del terrorismo de Estado o de las organizaciones guerrilleras. Y también fue innovador en producir cosas inimaginables.

Lo que decías vos: incorporar capital privado a las empresas públicas era una innovación en la Argentina que fue muy cuestionada. Se le pidió juicio político al presidente Alfonsín por ese tipo de iniciativas. Entonces, yo tal vez diría que tenés razón, pero vuelvo al principio de nuestra conversación: cuando no hay una cultura del acuerdo entre los actores políticos, las consecuencias son negativas. Si queremos vivir en una sociedad capitalista y democrática, podemos ir a China, donde el capitalismo existe, pero no hay democracia y hay un partido único que provee certidumbre. El capitalismo necesita certidumbre, admite riesgo, pero tiene alergia a la incertidumbre. Y en democracia la provisión de certidumbre pasa por la formalización de acuerdos que haga predecible la evolución de la realidad.

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Me quedo pensando con esto de que China le da al capitalismo la garantía de que hay certidumbre de un partido único y que va a seguir existiendo, y que la democracia, por el contrario, requiere dos cosas: que, al mismo tiempo que haya certidumbre, haya certidumbre en la incertidumbre, porque es que, al mismo tiempo, haya cambios de gobierno para que sea democrático. Ese es el desafío de la democracia: la certidumbre en la incertidumbre.

JR: Sobre todo porque la incertidumbre nos gobierna y, cuando aparecen opciones políticas en el mundo que rechazan un orden mundial basado en reglas y creen en el poder, eso genera incertidumbre. Y la incertidumbre es un problema que, en términos de los asuntos globales, termina siendo un mundo más incierto, más violento, más caótico, más imprevisible.

Una de las definiciones de qué es un empresario, en líneas generales, la definición fundamental que define qué es un empresario, que ya tiene más de un siglo, está construida sobre la base de que es un buffer, o sea, es un tomador de riesgo que amortigua el riesgo y que es como una especie de medio necesario en el capitalismo para ser quien asuma ese riesgo. Y me viene a cuento lo que dice Jesús respecto de la certidumbre. Es decir, en líneas generales todos queremos certidumbre. Aquella frase de Nietzsche de que el ser humano soporta cualquier cosa menos que no haya una explicación, ¿hasta qué punto nuestra cultura política tiene como defecto contribuir a la incertidumbre?

AG: Si seguimos lo que acaba de decir Jesús, y nuestra política, nuestra cultura política está basada en el patrimonialismo y en los liderazgos fuertes, eso es, obviamente, en detrimento de normas o reglas compartidas. Entonces, la respuesta estaría en ese sentido, en que nuestra cultura política estaría más determinada por la aparición de estos líderes que, como en el caso de Alfonsín, son líderes virtuosos. Porque tienen como proyecto justamente construir esta red de instituciones y de normativas con las cuales podemos regirnos, y no solo regirnos, sino establecer cuál es el modelo de desarrollo que queremos.

Jesús hablaba de la economía hemipléjica, y dentro de esa figura está que, en la parte que funciona, que lo hemos visto con los informes de esta semana sobre actividad económica, solo crecen la minería, el petróleo y el campo y la finanza, y los sectores industriales no, y son los que dan más mano de obra, son los que generan cierta distribución del ingreso. Después podemos meter otra discusión, decir: “No, pero en el mundo está pasando”. Bueno, está bien, pero el político está para eso, el sistema político está para solucionar esos problemas, no para comentarlos, no para decir: “No, a mí lo único que me interesa es que las cuentas me den bien”. Pero detrás de las cuentas hay un montón de personas que viven, que sufren, que están alegres. Hay algo humano detrás de todo esto.

 

RM/ff