Argentina: ¿Señales de un cambio de fase?
La baja en las retenciones al agro y la eliminación temporal en las que afectan a las industrias automotriz, petroquímica y de maquinarias “en la práctica abren una ventana concreta para mejorar competitividad en exportaciones”, sostiene el autor.
En las últimas semanas empezó a aparecer algo distinto en el escenario económico local. No se trata de un giro brusco ni de un cambio definitivo, pero sí de una serie de señales que, vistas en conjunto, sugieren que la economía está dejando atrás una etapa más defensiva para empezar a construir algo más ordenado hacia adelante.
Uno de los disparadores fue la decisión del gobierno de avanzar con modificaciones en el esquema de retenciones, un tema muy sensible para sectores clave. A partir de junio de 2026, trigo y cebada pasan del 7,5% al 5,5%, mientras que en el caso de la soja (hoy en torno al 24%) se planteó una reducción progresiva desde enero de 2027, con bajas mensuales de entre 0,25 y 0,50 puntos que podrían llevar la alícuota cerca del 18% hacia fines de ese año.
A esto se suma la eliminación temporal de retenciones para sectores industriales como automotriz, petroquímica y maquinaria entre julio de 2026 y julio de 2027, lo que en la práctica abre una ventana concreta para mejorar competitividad en exportaciones.
Más allá del impacto inmediato (que es acotado) lo que realmente importa es la señal: el foco está puesto en incentivar decisiones de inversión y producción a futuro. En un contexto donde los costos internacionales vienen presionando los márgenes, este tipo de medidas empieza a cambiar la lógica de planificación, especialmente en el agro.
En paralelo, el frente externo acompañó con una señal relevante. El FMI aprobó la revisión del programa y habilitó un desembolso de US$1.000 millones, ratificando el respaldo al rumbo económico. Aunque siguen existiendo puntos a mejorar (principalmente en acumulación de reservas), el dato más importante para el inversor es otro: el programa sigue vigente y cuenta con apoyo, lo que reduce la probabilidad de disrupciones en el corto plazo.
Por el lado de la actividad, también empezaron a verse algunos signos de recuperación. Luego de un febrero más flojo (afectado por factores puntuales) marzo mostró un rebote significativo, con crecimiento mensual del orden del 3,5% y mejoras en sectores como industria y construcción. Tomando cierta distancia de la volatilidad mensual, da la impresión de que la economía encontró un piso y comenzó a estabilizarse en niveles algo más altos.
A esto se suma un dato que, aunque todavía incipiente, es clave: la confianza dejó de caer. El índice de confianza del consumidor subió un 1,3% en mayo, cortando varios meses consecutivos de deterioro. Este tipo de indicadores suele anticipar los movimientos de consumo e inversión, por lo que su estabilización es una señal para seguir de cerca.
Si uno integra todas estas piezas (menor presión impositiva en sectores productivos, respaldo internacional, recuperación de actividad y expectativas que dejan de empeorar) empieza a configurarse un escenario algo distinto al que veníamos viendo meses atrás.
No es todavía un contexto de crecimiento sostenido ni mucho menos, pero sí uno donde el riesgo de caída desordenada empieza a perder peso y donde vuelve a tener sentido pensar en oportunidades.
Desde una mirada inversora, el punto más relevante es el cambio de dirección. El mercado argentino parece empezar a salir de una lógica puramente defensiva y a entrar, muy gradualmente, en una etapa donde el foco vuelve a ser la generación de valor.
En este contexto, la estrategia más razonable hoy no es ni el optimismo extremo ni la total cautela, sino una posición intermedia: empezar a tomar exposición de manera selectiva.
En concreto, tiene sentido comenzar a posicionarse en:
- sectores exportadores, especialmente aquellos beneficiados por la baja o eliminación de retenciones,
- compañías o activos con valuaciones retrasadas que puedan capturar una mejora gradual del ciclo,
- oportunidades que permitan entrada escalonada, aprovechando un mercado que todavía va a seguir mostrando volatilidad.
En definitiva, el escenario todavía exige prudencia, pero quedarse completamente al margen empieza a ser, cada vez más, una decisión con costo.
*Economista, profesor de Finanzas Públicas, Regulación del Sistema Financiero y Principios de Microeconomía - USAL
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