Deuda nacional

El desafío diario de los vulnerables para seguir en la educación.

El reciente informe de la UBA revela que menos de una cuarta parte de ellos puede continuar estudiando. “Se agrava si consideramos que el 60,5% de los jóvenes de familias con bajos recursos posee secundario incompleto o un menor nivel de instrucción”, agrega la autora.

Andrea, alumna de la escuela rural Pío Zárate Foto: .

En la Argentina, la educación sigue siendo la llave maestra para la inclusión social y la movilidad ascendente. Sin embargo, los datos más recientes muestran que esa llave aún no abre todas las puertas. Un informe de la Universidad de Buenos Aires revela que solo una cuarta parte de los jóvenes de sectores vulnerables continúa estudiando (24,8%). 

Esta cifra desnuda una realidad preocupante: la desvinculación temprana del sistema educativo formal, que limita las posibilidades de desarrollo personal y colectivo.

La situación se agrava si consideramos que el 60,5% de los jóvenes de sectores vulnerados posee secundario incompleto o un menor nivel de instrucción. En un mundo donde la formación básica es condición indispensable para acceder al empleo formal y a la ciudadanía plena, este déficit educativo se traduce en desigualdad estructural. 

La falta de continuidad escolar no solo restringe oportunidades laborales, sino que también debilita la cohesión social y perpetúa ciclos de pobreza.

El mismo informe señala una diferencia significativa entre varones y mujeres: ellas presentan mayores niveles de continuidad educativa. Este hallazgo coincide con estudios internacionales que muestran cómo las mujeres, pese a enfrentar múltiples barreras, suelen sostener con mayor resiliencia sus trayectorias escolares. Según la UNESCO, la educación femenina tiene un efecto multiplicador: cada año adicional de escolaridad incrementa las posibilidades de empleo digno y mejora indicadores de salud y bienestar en las comunidades.

La evidencia es contundente. El Banco Mundial advierte que los países que no logran garantizar la educación secundaria universal pierden competitividad y reducen su capital humano. En América Latina, donde la tasa de abandono escolar sigue siendo elevada, el desafío es doble: ampliar la cobertura y asegurar la permanencia. No basta con abrir las puertas de las escuelas; es necesario acompañar a los estudiantes con políticas de apoyo económico, tutorías académicas y programas de inclusión digital que reduzcan las brechas.

El 60,5% de los jóvenes de sectores vulnerados posee secundario incompleto o un menor nivel de instrucción"

La Argentina cuenta con experiencias valiosas en becas y programas de acompañamiento, pero aún insuficientes frente a la magnitud del problema. La desvinculación temprana exige respuestas integrales: articulación entre Estado, sociedad civil y sector privado; inversión sostenida en infraestructura educativa; y estrategias específicas para los jóvenes que trabajan, cuidan o enfrentan condiciones de vulnerabilidad extrema.

La educación es más que un derecho: es la base de la democracia y del desarrollo. No podemos aceptar que seis de cada diez jóvenes de sectores desfavorecidos  queden fuera del sistema por no haber completado el secundario. Tampoco podemos naturalizar que solo una minoría logre sostener sus estudios superiores. 

El futuro del país depende de que transformemos estos datos en acción.

No podemos naturalizar que solo una minoría logre sostener sus estudios superiores"

Invertir en educación inclusiva es invertir en igualdad de oportunidades, en desarrollo y en una sociedad con mayor cohesión social. Porque cuando un joven accede a la educación y logra sostener su trayectoria, la transformación no termina en él. Alcanza a su familia, a su entorno y a su comunidad.

Acompañar a más jóvenes para que puedan estudiar no es solamente apostar por un proyecto de vida individual. Es generar un impacto que se multiplica, contribuye a romper los ciclos de pobreza y construye una sociedad con más oportunidades para todos. 

La deuda está a la vista. El desafío es asumirla colectivamente y hacer de la educación una verdadera herramienta de transformación social.