La justificación de Donald Trump para decapitar al gobierno de Venezuela está alimentando la preocupación entre funcionarios europeos de que pronto podrían enfrentar un dilema existencial en relación con Groenlandia.
El presidente de Estados Unidos explicó el fin de semana su decisión de detener al líder de Venezuela y poner al país bajo administración estadounidense como una reactivación moderna de la Doctrina Monroe del siglo XIX, “Doctrina Donroe”, como él la denominó. El principio reivindica, en esencia, el derecho de Estados Unidos a liderar todo el hemisferio occidental y a controlar cualquier activo crítico dentro de él.
Para Trump, eso incluye a Groenlandia.
Hizo explícita la conexión tras el ataque militar en Venezuela, al decir que “absolutamente” necesita controlar el territorio semiautónomo dentro del reino de Dinamarca por motivos de seguridad. La lógica no es solo fanfarronería de Trump: la Casa Blanca la expuso recientemente en una estrategia de seguridad nacional. Y Trump ya utilizó esa política para justificar su audaz intervención en Venezuela, mostrando hasta dónde está dispuesto a llegar.
Para Europa y la Organización del Tratado del Atlántico Norte, eso tiene ramificaciones titánicas. Un movimiento de Trump sobre Groenlandia enfrentaría a Estados Unidos con otros miembros de la alianza militar transatlántica que lidera y ayudó a fundar, dañando la credibilidad de la OTAN y cargando a la Unión Europea con una presión sin precedentes para adentrarse en el terreno militar.
“Si Estados Unidos decide atacar militarmente a un país de la OTAN, entonces todo se detiene, incluida la OTAN, y con ello la seguridad que se ha establecido desde el final de la Segunda Guerra Mundial”, dijo el lunes por la noche la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, en la cadena danesa TV2.
La doctrina Trump en Venezuela
Groenlandia, por supuesto, no es Venezuela, como se apresuraron a señalar numerosos funcionarios europeos el lunes. La isla está cubierta por la garantía de defensa colectiva de la OTAN, que sostiene que un ataque contra un miembro de la alianza es un ataque contra todos. Eso debería, en teoría, ofrecer un importante elemento disuasorio frente a cualquier agresión militar tradicional.
Aun así, las acciones recientes de Trump han arrojado una nueva luz sobre su fijación con Groenlandia.
“Había motivos de preocupación incluso antes de Venezuela, en lo que respecta al interés de Trump en Groenlandia”, dijo Rasmus Sondergaard, experto en política exterior de Estados Unidos en el Instituto Danés de Estudios Internacionales. “La situación se ha intensificado porque Donald Trump ahora ha actuado conforme a esta doctrina, enviando una señal de que está dispuesto a llegar muy lejos para perseguir sus intereses”.

El gobierno danés está genuinamente preocupado, según personas familiarizadas con el asunto, y se toma en serio las amenazas de Trump, sin asumir que se trate solo de retórica o de una táctica de negociación. Las declaraciones públicas recientes de Copenhague reflejan esa inquietud, con el gobierno ampliamente reacio a pronunciarse abiertamente para no alimentar tensiones.
“Creo que lo dice en serio, y eso es, por supuesto, inaceptable”, afirmó Frederiksen el lunes. “Es una presión inaceptable la que se está ejerciendo sobre Groenlandia. Groenlandia ha declarado muy claramente que quiere definir su propio futuro. Ese futuro no debe ser definido por otros”.
Si bien Groenlandia es un territorio con autogobierno, con autoridades locales que controlan la mayoría de los asuntos internos, Dinamarca supervisa la defensa y la seguridad de la isla ártica. La región ha cobrado una importancia creciente a medida que el cambio climático abre nuevas rutas comerciales y expone recursos naturales adicionales.
En respuesta, Rusia y China han destinado más recursos a la zona, compitiendo por el control con Estados Unidos y sus aliados de la OTAN.
Una intervención de Estados Unidos en Groenlandia tendría consecuencias de gran alcance para ese equilibrio de poder y podría desestabilizar a toda la alianza occidental.
Para la OTAN, la perspectiva plantea preguntas incómodas sobre si su miembro más poderoso sigue considerando los compromisos de la alianza como obligatorios, o solo opcionales. También pone de relieve una debilidad estructural: el Artículo 5 de defensa mutua de la OTAN no aborda explícitamente qué ocurre si un miembro ataca a otro.
“El uso de la fuerza sería enormemente amenazante para la alianza y se sumaría a las preocupaciones existentes sobre el compromiso de Estados Unidos con la OTAN”, dijo Ian Lesser, investigador distinguido del German Marshall Fund especializado en política de seguridad estadounidense y transatlántica. “En el caso muy poco probable de que el asunto de Groenlandia derive en un escenario militar, pondría a la OTAN y a la relación transatlántica en verdadero peligro y sería un regalo para Rusia y China”.

Un episodio así también pondría a prueba la fortaleza y la unidad de la Unión Europea. Si la OTAN se fracturara desde dentro, Dinamarca se vería obligada a recurrir a sus socios de la UE, pidiéndoles en la práctica que ponderen la defensa de Groenlandia frente a la preservación de su relación con Washington.
Los miembros de la UE carecen del peso militar para enfrentar directamente a Estados Unidos y han sido aliados cercanos de Washington durante casi 80 años. Además, enfrentan otras amenazas existenciales de seguridad, incluida la guerra de Rusia en Ucrania en el flanco oriental de Europa.
Cualquier uso de la fuerza representaría además una prueba sin precedentes del Artículo 42 de la UE, que obliga a los miembros a prestar ayuda y asistencia a los países que enfrenten ataques desde fuera del bloque.
“Me preocupa que, en muchas capitales europeas, otros intereses superen la indignación por un posible ataque estadounidense. Todavía existe una necesidad de Estados Unidos, por ejemplo, frente a la amenaza rusa”, dijo Sondergaard. “Eso en sí mismo podría ser un objetivo de Trump: dividir a Europa al hacer esto”.
Por ahora, los líderes de la UE se limitan a reiterar su solidaridad con Dinamarca y Groenlandia, subrayando que la isla está cubierta por el paraguas de seguridad de la OTAN en caso de agresión. La Comisión Europea, el brazo ejecutivo de la UE, restó importancia a las comparaciones entre las ambiciones de Trump sobre Venezuela y Groenlandia.
“Groenlandia es un aliado de Estados Unidos y también está cubierta por la alianza de la OTAN, y esa es una diferencia muy grande”, dijo el lunes Paula Pinho, portavoz principal de la Comisión, durante una conferencia de prensa. “Por lo tanto, respaldamos plenamente a Groenlandia y de ninguna manera vemos una posible comparación con lo ocurrido”.
Pero eso no garantiza que Trump no intente eventualmente coaccionar a Groenlandia y Dinamarca.
“No soy una persona nerviosa ni ingenua”, dijo Frederiksen. “Así que estoy observando todos los movimientos en el mapa en este momento”.
GZ