Hay pocos países en el mundo donde las tasas de interés estén bajando. En Argentina, se desploman.
Las tasas de referencia de corto plazo han caído a 20% este mes desde 50% a fines del año y más de 100% en octubre. Las bajas —que dejan las tasas por debajo de la inflación— son resultado de un impulso de los responsables de la política monetaria para aprovechar un repentino aumento de ingresos de dólares y recomponer las mermadas reservas en moneda dura del país. A medida que el banco central compra millones de dólares día tras día, inyecta pesos en el sistema financiero, expandiendo la oferta monetaria y, a su vez, empujando las tasas a la baja.
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La disposición del presidente Javier Milei a permitir que las tasas sigan cayendo —en lugar de diseñar algún plan para compensar esas operaciones— ha llamado la atención de inversionistas y analistas en Buenos Aires. Para ellos, es una señal clara de que, a dos años de su gobierno, Milei y su equipo comienzan a preocuparse por el lento ritmo del crecimiento económico y buscan que consumidores y empresas gasten, se endeuden y vuelvan a gastar más.
La actividad económica “está ahora en la cima de las preocupaciones de la gente”, dijo María Minatta, directora de la consultora local Map Latam. Para el gobierno, eso implica “normalizar la política monetaria, fijar una tasa de interés razonable y reducir los encajes en pesos para que la economía pueda recuperarse”.
Los movimientos van en sentido contrario al de otros bancos centrales de mercados emergentes, que están más inclinados a elevar que a recortar los costos de financiamiento, especialmente mientras un aumento del precio del petróleo impulsado por la guerra en Irán amenaza con reavivar presiones inflacionarias. Los fuertes ingresos de dólares provenientes de exportaciones y un peso aún sólido han permitido al banco central comenzar a acumular reservas. Aunque han caído levemente este mes, registran un aumento del 9% este año hasta US$44.700 millones.

Pero la decisión de permitir que las tasas se desplomen crea un nuevo conjunto de riesgos para Milei. La caída de las tasas reduce el incentivo para mantener pesos, lo que podría debilitar los esfuerzos del gobierno por estabilizar la moneda. Una moneda más débil, a su vez, podría preparar el terreno para un repunte inflacionario: aunque ha bajado desde sus máximos cercanos a 300% en 2024, la inflación sigue lejos de estar controlada, con una tasa anual de 31% el mes pasado.
El banco central de Argentina no respondió de inmediato a una solicitud de comentarios.
Esos riesgos pueden ser aceptables para los banqueros centrales del país, que han caminado por una cuerda floja mientras intentan impulsar el crecimiento sin perder el control de la inflación. Aunque ambos problemas han afectado al país durante años, en 2026 han surgido señales de desaceleración económica, con aumento del desempleo y grietas en indicadores clave como la producción industrial y la construcción.
Las preocupaciones por el crecimiento y el mercado laboral han pasado al primer plano: una encuesta reciente de Isonomia Consultores mostró que el desempleo superó a la inflación como principal preocupación de los argentinos.
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En última instancia, las trayectorias del dólar y del peso argentino probablemente determinarán si el plan del gobierno es sostenible. El peso se ha apreciado casi 7% desde las elecciones nacionales de octubre, impulsado por la reapertura de los mercados de deuda externa para las empresas del país y sólidos ingresos de exportadores. Con mayor margen para acumular dólares, el banco central ha comprado unos US$2.800 millones desde enero.
“Vamos a comprar reservas mientras la gente demande pesos”, dijo el presidente del banco central, Santiago Bausili, la semana pasada durante una conferencia en Argentina Week en Nueva York.
Sin embargo, una recuperación sostenida del dólar —impulsada por inversionistas que buscan refugio en medio del conflicto en Medio Oriente— podría revertir las ganancias del peso, aumentando la presión sobre quienes mantienen activos en moneda local ya afectados por la caída de las tasas.
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Al mismo tiempo, la disminución de las tasas de interés está reduciendo el atractivo del peso como vehículo para estrategias de carry trade, en las que los inversionistas se endeudan en una moneda de bajo rendimiento para invertir en otra con mayores rendimientos.
Gabriel Caamaño, economista de la consultora local Outlier, escribió que, si bien las expectativas de estabilidad cambiaria siguen respaldando el carry, “sus riesgos aumentan con la apreciación global del dólar y la propia baja rápida de tasas en pesos”.
GZ