La economía argentina atraviesa un escenario de contrastes. Por un lado, los indicadores financieros muestran señales positivas; por el otro, la actividad cotidiana revela un enfriamiento del consumo. En Canal E, el economista Gastón Alonso explicó esta dualidad y advirtió sobre sus consecuencias sociales y políticas.
“Era importante diferenciar esta economía financiera de la economía real en un contexto en donde la parte financiera viene muy bien”, señaló Alonso, al repasar los principales datos que explican el optimismo del mercado. Entre ellos, destacó “un riesgo país en niveles mínimos desde 2018, por debajo de los 500 puntos”, la acumulación de reservas por más de mil millones de dólares en enero y “un dólar muy estable, que desde diciembre bajó 1,3%”.
Según el economista, esta combinación permite “que las empresas puedan financiarse a un costo mucho más bajo”, favoreciendo la inversión y el empleo en el mediano plazo. Además, anticipó que este escenario podría sostenerse: “en los próximos meses, particularmente hasta mitad de año, vamos a seguir con dólares estables, acumulando reservas y bajando el riesgo país”.
Los límites del modelo financiero
Sin embargo, Alonso advirtió sobre posibles tensiones, especialmente vinculadas al sector agropecuario y a factores climáticos. “Tenemos dos cuestiones centrales que pueden ser palos en la rueda: la tensión con el sector agropecuario y algún suceso climático impredecible”, explicó, aunque sostuvo que, de no mediar esos factores, “el ingreso de dólares va a seguir avanzando”.
Más allá de la estabilidad cambiaria y financiera, el economista puso el foco en la economía real: “A mí me importa mucho recalcar qué está pasando del otro lado, lo que ocurre en la calle”. En ese sentido, alertó sobre los últimos datos de consumo: “las ventas de supermercados están un 20% abajo a precios constantes respecto de 2023”.
Alonso cuestionó la idea de que la caída responda solo a un cambio de hábitos: “cuando comparamos los niveles de hoy con los niveles de 2017, estamos 22% abajo”, lo que, a su entender, demuestra “un problema grave más allá del cambio de costumbre de las familias”.
Salarios, tarifas y desigualdad creciente
El economista también analizó el impacto de los ingresos. “El salario promedio en términos reales está muy parecido a noviembre de 2023”, explicó, citando datos del SIPA, pero aclaró que se profundiza una fuerte disparidad: “los cargos más altos crecen mucho más que los cargos más bajos”.
A esto se suma el nuevo esquema tarifario. “Eso obviamente va a afectar al bolsillo, al ingreso disponible y lógicamente al consumo”, afirmó, al referirse a la quita de subsidios para amplios sectores.
Alonso resumió el escenario con una advertencia clara: “Los que tengan trabajo van a vivir probablemente uno de los mejores años, ahora bien, la discusión es cuántos son los que se quedan afuera”, un debate que, según anticipó, marcará el rumbo económico de 2026.