El conflicto en Medio Oriente continúa generando preocupación a nivel internacional tras los recientes ataques a embarcaciones comerciales en el estrecho de Ormuz, una de las rutas clave del comercio energético mundial. Para el analista internacional Jorge Borgognoni, el enfrentamiento tiene múltiples dimensiones y no puede analizarse únicamente desde el plano militar.
“Este conflicto tiene distintas lecturas y se mueve en distintos anillos de actuación”, explicó al referirse a la complejidad geopolítica que involucra a potencias globales y actores regionales.
En ese marco, Borgognoni destacó la postura del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien sostiene que los objetivos militares ya fueron cumplidos. “Trump está buscando finalizar el conflicto y plantea que ya no hay más objetivos militares que atacar”, afirmó.
Según el analista, el mandatario estadounidense también activó canales diplomáticos con otros actores internacionales clave. “Se activó el diálogo con Putin y también se buscó transmitir tranquilidad a China respecto al flujo de recursos energéticos”, detalló.
Israel y una guerra sin plazo claro
Sin embargo, el escenario se vuelve más complejo cuando se analiza la posición de Israel. Borgognoni explicó que el gobierno israelí mantiene una postura mucho más dura frente a Irán y a los actores que considera amenazas directas. “Netanyahu está obsesionado con destruir a cualquiera que quiera destruir a Israel”, sostuvo.
En ese contexto, el analista describió una situación de tensión constante dentro del territorio israelí. “Las alarmas suenan cada 15 o 20 minutos, de día o de noche, y la población convive con ese nivel de alerta permanente”, señaló.
Además, explicó que uno de los elementos que generó preocupación en los últimos ataques fue el uso de tecnología militar más compleja. “Irán utilizó misiles de racimo que dispersan múltiples ojivas y eso genera mayor incertidumbre sobre dónde pueden impactar”, advirtió.
Impacto global: petróleo, comercio y mercados
Más allá del frente militar, Borgognoni subrayó que el conflicto tiene un fuerte componente económico, especialmente por su impacto en el comercio energético mundial. “Siempre recordemos que esta es, en gran medida, una guerra económica”, afirmó.
El analista explicó que, a diferencia de otros conflictos históricos, la confrontación actual se desarrolla principalmente con tecnología avanzada y sin grandes despliegues militares tradicionales. “Está muy tecnologizada y no vemos todavía invasiones o combates cuerpo a cuerpo”, detalló.
En paralelo, algunos actores internacionales comenzaron a jugar un rol clave para estabilizar los mercados energéticos. Entre ellos aparece Japón, que busca aportar previsibilidad en el suministro de petróleo. “Japón aparece como un actor que puede ofrecer alternativas de suministro y llevar tranquilidad a los mercados”, explicó.
Para Borgognoni, este tipo de movimientos diplomáticos y comerciales buscan evitar que el conflicto escale aún más y afecte de forma profunda al sistema económico global. “Hay potencias que están administrando el tiempo y las variables para evitar que el conflicto se expanda”, concluyó.