La industria metalúrgica pyme atraviesa un momento complejo marcado por la caída de la actividad, la presión impositiva y un mercado interno debilitado. Así lo advirtió José Luis Ammaturo, secretario general de la Cámara de la Pequeña y Mediana Industria Metalúrgica (CAMIMA), quien aseguró que el sector enfrenta un escenario desafiante y sin señales claras de recuperación en el corto plazo.
“Nuestros índices nos dan un poco menos del 10% interanual”, afirmó Ammaturo al referirse a la caída de la actividad industrial. Según explicó, este descenso coincide con mediciones recientes del sector metalúrgico y refleja un enfriamiento sostenido de la producción.
A pesar de este contexto, el dirigente destacó que muchas pymes decidieron sostener el empleo esperando una recuperación económica. “Las pymes metalúrgicas han mantenido su personal esperando que se pueda recuperar la actividad”, explicó. En ese sentido, señaló que la reducción de puestos de trabajo fue relativamente baja en comparación con la caída de la producción.
Sin embargo, el panorama sigue siendo incierto para las empresas industriales. “Lo que más preocupa, además de esta baja, es que no se ve un recupero en el corto plazo”, advirtió.
Mercado interno débil e importaciones
Uno de los principales problemas que enfrenta el sector es la debilidad del mercado interno, que limita la demanda de productos industriales. Al mismo tiempo, la competencia de bienes importados presiona aún más a las empresas locales. “Tenemos un mercado interno que está muy apesetado y, a su vez, con productos importados que también hacen competencia”, sostuvo Ammaturo. A esto se suma el peso de la estructura impositiva argentina, que según el dirigente industrial dificulta la competitividad frente a otros países.
“Las industrias arrastran impuestos provinciales, tasas municipales e impuestos nacionales que en líneas generales no han bajado”, explicó.
El dirigente señaló que las empresas están haciendo esfuerzos internos para reducir costos, pero que existen factores estructurales que limitan esa capacidad. “Estamos sacándole punta al lápiz a ver cómo podemos mejorar el costo, pero la venta no está fácil porque el mercado interno está deprimido”, afirmó.
Además, advirtió que los costos productivos en Argentina dificultan la posibilidad de exportar. “Los costos argentinos todavía no nos permiten exportar, por lo tanto estamos en la peor de las situaciones”, señaló.
Presión impositiva y falta de política industrial
Ammaturo también puso el foco en la estructura tributaria que enfrentan las empresas industriales, la cual considera excesiva en comparación con otros países. “En el mundo las industrias realmente están livianas de impuestos para poder competir”, afirmó.
En contraste, explicó que en Argentina existen tributos que no se aplican en otras economías industriales. “Pagamos impuestos que no existen en otra parte del mundo, como el impuesto al cheque, ingresos brutos o tasas de seguridad e higiene”, detalló.
Según estimaciones del sector, la carga tributaria acumulada en toda la cadena productiva puede tener un impacto significativo en los precios finales. “La incidencia final de estos impuestos se calcula entre un 15 y un 20%”, indicó.
Finalmente, el dirigente planteó la necesidad de construir una estrategia de desarrollo industrial de largo plazo para el país. “La Argentina nunca ha tenido una política industrial que sea transversal a los gobiernos”, sostuvo.
Para Ammaturo, la falta de continuidad en las políticas económicas genera incertidumbre en el sector productivo. “Cuatro años de gobierno es muy corto para una industria que tiene que invertir y planificar procesos”, concluyó.