La industria cervecera en Argentina atraviesa una transformación profunda, marcada por la caída del consumo y el aumento de costos. Según explicó Matías Hallú, ingeniero químico, el sector dejó atrás la lógica de expansión para centrarse en la eficiencia: “la industria cervecera hoy está dejando de ser un negocio de crecimiento, está empezando a convertirse en un negocio de eficiencia”.
Durante años, especialmente en el auge de la cerveza artesanal, el desafío era producir más para abastecer una demanda creciente. Sin embargo, el escenario cambió drásticamente: “hoy el problema es cómo sostener los costos con menos volumen”, resumió el especialista.
El impacto se siente en toda la estructura productiva. La suba en energía, mano de obra y costos operativos, combinada con una menor demanda, genera un desequilibrio: “la fábrica está diseñada para producir más de lo que vende”, explicó Hallú, lo que obliga a las empresas a replantear su funcionamiento.
Ajuste operativo y eficiencia: la nueva prioridad
Ante este contexto, las cervecerías —especialmente las artesanales— están enfocadas en optimizar procesos sin resignar calidad. “hoy desde el punto de vista operativo se pone el foco en bajar los costos”, afirmó.
Esto implica revisar consumos energéticos, optimizar sistemas de enfriamiento y reducir pérdidas en insumos clave como agua, gas y electricidad. En ese sentido, Hallú marcó una diferencia estructural con la industria a gran escala: mientras las grandes cerveceras logran niveles de eficiencia muy altos, el segmento artesanal aún tiene margen de mejora.
“Vemos plantas que consumen 3 litros de agua por cada litro de cerveza producida”, señaló, destacando el impacto económico y ambiental de estas ineficiencias.
A su vez, el cambio también alcanza a la oferta de productos. En lugar de una amplia variedad, las cervecerías priorizan sus etiquetas más vendidas: “se está poniendo el foco en las cervezas que se venden y se está priorizando esta rotación del producto”, indicó.
Caída del consumo y cambio de hábitos
El contexto económico también modificó el comportamiento de los consumidores. Según Hallú, el consumo de cerveza cayó de manera significativa: “en los últimos dos años el consumo cayó un 35 por ciento”, advirtió.
Pero no solo se trata de cantidad, sino de hábitos. Hoy, muchos consumidores optan por comprar cerveza para consumir en sus hogares en lugar de asistir a bares: “la gente ya de pronto no está priorizando ir a un bar… sino que está prefiriendo comprar una lata y tomarla en casa”.
Este cambio tiene consecuencias directas en el sector gastronómico: “se ven cierres de bares”, afirmó, explicando que muchos productores migran hacia formatos en lata o botella para sostener sus ventas.
A pesar del panorama complejo, el especialista plantea una visión moderadamente optimista: “yo pienso que la cerveza está en ajuste”, más que en crisis. Y concluyó: “es una cuestión de aguantar este momento hasta que aumente el consumo nuevamente”.