El consumo de carne vacuna en Argentina atraviesa uno de sus momentos más complejos de las últimas décadas. Según explicó Miguel Schiariti, presidente de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes, la caída del 10% en lo que va de 2026 responde a una combinación de factores productivos y económicos que impactan directamente en los precios y en las decisiones de compra de los consumidores.
En diálogo con Canal E, el especialista sostuvo que la menor oferta de hacienda es uno de los principales problemas estructurales. “La producción de hacienda sigue siendo inferior a las normales”, señaló, y remarcó que esta situación se arrastra desde la sequía de 2023 y eventos climáticos posteriores.
Menor oferta y presión sobre los precios
El sector ganadero viene de varios años de dificultades. Schiariti explicó que la sequía de 2023 provocó la pérdida de unos 500.000 terneros, mientras que las inundaciones de los años siguientes agravaron el escenario, generando una caída del stock cercana al 7%.
Este contexto impacta directamente en el mercado: “Cuando la oferta de hacienda es menor, los precios aumentan”, afirmó. A pesar de que el consumo se mantiene en niveles bajos, existe una demanda mínima que sostiene la presión alcista en los mostradores.
Un proceso de recuperación lento
La recomposición del stock ganadero no será inmediata. Según Schiariti, se trata de un proceso que puede demandar al menos cinco años, incluso en un escenario favorable con financiamiento adecuado.
“La biología en el sector vacuno es muy lenta”, explicó, al tiempo que recordó antecedentes históricos en los que decisiones políticas provocaron fuertes caídas del stock que tardaron años en recuperarse.
Cambio en los hábitos de consumo
Más allá de la oferta, el consumo también refleja un cambio en los hábitos de los argentinos. El factor precio resulta determinante en un contexto de menor poder adquisitivo.
Schiariti fue contundente: “Con el valor de un kilo de carne vacuna se pueden comprar 4 kilos de pollo o casi 3 de cerdo”. Esta diferencia empuja a los consumidores a optar por alternativas más económicas, consolidando una tendencia que se profundiza en momentos de crisis.
Exportaciones y oportunidades externas
En paralelo, el frente externo muestra oportunidades para el sector. Argentina logró mejorar su posicionamiento en mercados internacionales, especialmente en Estados Unidos.
Sin embargo, Schiariti aclaró que este avance no responde a factores internos sino a la coyuntura global: “Argentina ha ganado mercado no por mérito propio, sino por necesidad de Estados Unidos”, explicó, en referencia a la menor producción norteamericana por cuestiones climáticas.
En este sentido, destacó que la demanda estadounidense por carne magra abre una ventana favorable para Argentina, que compite con países como Brasil e India.
Política económica y menor intervención
Respecto al rol del Gobierno, Schiariti consideró positivo el actual enfoque de menor intervención en el mercado. “La política que tiene que adoptar un gobierno es no intervenir”, sostuvo, en contraste con experiencias anteriores que incluyeron restricciones a exportaciones y controles de precios.
Para el dirigente, evitar distorsiones permite que el sector pueda desarrollarse de manera más eficiente, aunque los resultados dependen también de factores estructurales y climáticos.
Un mercado en transformación
En definitiva, el mercado de la carne en Argentina atraviesa una etapa de transición. La menor oferta, los precios elevados y el cambio en el consumo configuran un nuevo escenario donde la carne vacuna pierde protagonismo frente a otras proteínas.
Aunque las exportaciones ofrecen cierto alivio, el desafío principal sigue siendo recuperar el stock ganadero y recomponer el equilibrio entre producción y consumo en el mediano plazo.