Comprender el riesgo que asume una inversión es tan importante como analizar su potencial de rentabilidad. En los mercados financieros existen herramientas que permiten medir ambas variables y evaluar si una estrategia realmente está generando valor frente a otras alternativas disponibles.
En diálogo con Canal E, el economista Lionel Fernández explicó cómo funcionan los indicadores alfa y beta, dos métricas ampliamente utilizadas por analistas e inversores para medir rendimiento y volatilidad. Además, analizó los sectores que lideran las ganancias en 2026, las perspectivas para la inteligencia artificial, la política monetaria de Estados Unidos y la situación actual de los bancos argentinos.
Qué miden el alfa y el beta en una inversión
Dentro del análisis financiero, el beta es uno de los indicadores más utilizados para determinar el nivel de volatilidad de un activo respecto de un índice de referencia. Habitualmente, los inversores utilizan al S&P 500 como parámetro para comparar el comportamiento de acciones y carteras.
Según explicó Fernández, "el beta es la volatilidad que tiene con respecto al índice", por lo que un activo con un beta elevado suele registrar movimientos más amplios que el mercado, tanto en las subas como en las bajas.
El otro indicador clave es el alfa, una métrica que busca determinar si una cartera logra superar el rendimiento del mercado. Para quienes administran inversiones, el objetivo es generar retornos superiores a los que obtendría un inversor comprando simplemente un índice.
En ese sentido, Fernández explicó que "uno hace la cartera para tratar de ganarle al índice", aunque reconoció que lograrlo de manera consistente suele ser una tarea compleja.
Por qué el riesgo es tan importante como la rentabilidad
El economista remarcó que no alcanza con observar cuánto ganó una inversión, sino que también es necesario analizar cuánto riesgo se asumió para obtener ese resultado.
Según explicó, dos activos pueden generar la misma rentabilidad, pero si uno de ellos requirió una exposición mucho mayor a la volatilidad, la calidad de esa inversión es diferente. Bajo esa lógica, sostuvo que "si estoy corriendo mucho más riesgo, quiero ganar más".
Incluso advirtió que una operación puede terminar siendo poco eficiente aunque arroje ganancias. Para Fernández, "si gané lo mismo, pero corrí muchísimo más riesgo, fue mala la inversión", porque el rendimiento no compensó adecuadamente la exposición asumida.
Energía e inteligencia artificial lideran los rendimientos del año
Al analizar los sectores con mejor desempeño durante 2026, Fernández destacó en primer lugar a las compañías vinculadas con la energía. Empresas como Chevron, Exxon Mobil, YPF y Vista aparecen entre las más beneficiadas por la dinámica actual del mercado.
Desde su visión, "la utilidad de este año, hasta el día de hoy, es todo lo que es el sector energético", una tendencia que se mantiene desde los primeros meses del año.
Sin embargo, explicó que en las últimas semanas comenzó a ganar protagonismo todo el ecosistema asociado al desarrollo de infraestructura para inteligencia artificial. Fabricantes de memorias, hardware y componentes tecnológicos pasaron a captar una parte importante del interés de los inversores.
En contrapartida, las empresas de software mostraron un desempeño más débil. Según indicó, "todas las empresas de software, en lo que va del año, fue lo más perjudicado".
La inteligencia artificial sigue lejos de una burbuja
Uno de los debates más frecuentes entre los inversores gira en torno a la posibilidad de que la inteligencia artificial esté generando una nueva burbuja financiera similar a la que se produjo durante la era de las empresas puntocom.
Fernández descartó esa comparación y sostuvo que el escenario actual presenta diferencias importantes respecto de lo ocurrido a comienzos de los años 2000.
Al referirse al fenómeno, aseguró que "yo no veo una burbuja" y explicó que las principales compañías del sector generan ingresos y ganancias concretas, algo que no ocurría con muchas firmas durante la crisis tecnológica de 2000.
De hecho, recordó que "no vemos lo que fue la última burbuja, que fue la .com del 2000", donde numerosas empresas alcanzaban valuaciones extraordinarias sin modelos de negocio sostenibles.
Aunque reconoció que las valuaciones actuales son exigentes, considera que el sector continúa ofreciendo oportunidades. En sus palabras, "las compañías ganan plata", un factor que sigue respaldando el interés de los mercados.
Las dudas del mercado sobre las tasas de interés
Otro de los focos de atención para los inversores es la política monetaria de la Reserva Federal de Estados Unidos. Durante los últimos meses, las expectativas sobre posibles recortes de tasas fueron modificándose a medida que aparecieron nuevos datos de inflación y empleo.
Según explicó Fernández, el mercado ya no espera reducciones tan agresivas como las que se proyectaban anteriormente. De hecho, señaló que "ahora el mercado está aprovechando cero bajas" en la tasa de referencia.
Las futuras decisiones dependerán de la evolución de la economía estadounidense. Por ese motivo, considera que la autoridad monetaria seguirá observando cuidadosamente variables clave como el empleo y la inflación.
Bajo esa lógica, explicó que la Fed "va a monitorear cómo está el dato de empleo, cómo está la inflación" antes de avanzar con cualquier modificación relevante en la política monetaria.
Los bancos argentinos enfrentan un nuevo desafío
En el plano local, Fernández analizó la actualidad del sistema financiero argentino y destacó que varias entidades presentaron balances sólidos durante los últimos meses.
Al referirse a los resultados recientes, comentó que "vi los balances, han hecho muy buenos balances", especialmente en algunos de los principales bancos del país.
Sin embargo, también observó señales de alerta vinculadas al crecimiento de la morosidad. Para el economista, "hay mucha morosidad" tanto en entidades tradicionales como en algunas fintech que expandieron fuertemente su negocio crediticio.
La diferencia respecto de años anteriores es que los bancos ya no pueden depender exclusivamente del financiamiento al Estado para generar rentabilidad. En consecuencia, deben volver a concentrarse en la evaluación de créditos y en la gestión de riesgos.
Por eso, Fernández resumió el escenario actual con una definición sencilla: "tienen que trabajar de banco", es decir, prestar dinero, administrar riesgos y seleccionar cuidadosamente a quién financiar en un contexto económico más desafiante.