En diálogo con Canal E, Damián Tabakman, arquitecto, máster en Finanzas y referente del sector inmobiliario, explicó el freno del crédito hipotecario y las alternativas actuales para invertir en propiedades.
“La situación crediticia está complicada”, afirmó el entrevistado , al tiempo que recordó que “hasta las elecciones del año pasado la oferta era importante y era abundante y era más accesible”.
El cambio de escenario fue marcado: “Sobre fines del año pasado se restringió y ahora de a poco se va acomodando, pero todavía estamos bastante por abajo de lo que ocurría un año atrás”, señaló. Esta dinámica impacta directamente en la compraventa, especialmente en el segmento de propiedades usadas.
En ese sentido, aclaró una limitación clave del sistema actual: “Los créditos hipotecarios al día de hoy aplican exclusivamente sobre propiedades usadas”, lo que deja afuera a gran parte del negocio de desarrollos inmobiliarios.
Sin crédito para el pozo: un mercado limitado
Uno de los mayores problemas del sector es la falta de financiamiento para proyectos en construcción. “Para comprar en pozo los créditos hoy no están disponibles”, sostuvo Tabakman, marcando una barrera central para quienes buscan invertir desde etapas tempranas.
Si bien hubo anuncios oficiales, la implementación es casi inexistente. “Se ha anunciado, hay algunos ensayos muy acotados al respecto, pero en la práctica no funciona”, explicó. Esto limita las posibilidades de expansión del mercado y reduce el dinamismo del sector.
La consecuencia es clara: “Cuando alguien quiere comprar con un crédito a largo plazo de lo que hay exclusivamente tiene que acceder a una unidad terminada”, detalló, consolidando la brecha entre oferta y demanda.
Cuotas cortas, la alternativa frente al parate
Ante este escenario, el mercado encontró una salida parcial. “La alternativa que hoy el mercado ofrece es la posibilidad de comprar en cuotas durante el proceso constructivo”, explicó el especialista.
Este sistema permite financiar la compra, pero con condiciones más exigentes: “Un plan de pagos a tres, cuatro, cinco años”, indicó, muy lejos de los plazos hipotecarios tradicionales de 20 años. Esto implica cuotas más altas y menor accesibilidad.
Además, remarcó una condición clave: “Con la entrega de la llave, en general la unidad tiene que estar mayoritariamente cancelada”, lo que exige mayor capacidad de ahorro por parte del comprador.
Al comparar con el pasado reciente, el contraste es evidente: “Un año atrás los bancos ofrecían… la posibilidad de comprar un usado a 10 o a 20 años”, recordó. Hoy, en cambio, esas opciones están mucho más restringidas.
El resultado es un mercado más chico, con menos herramientas financieras y donde el acceso a la vivienda depende cada vez más del ahorro previo.