CIENCIA

El misterio del Éufrates: descubrieron el origen geológico del histórico río vinculado al Jardín del Edén

Un exhaustivo estudio revela cómo dos antiguos caudales prehistóricos se fusionaron hace 1,6 millones de años tras sufrir el impacto de transformaciones tectónicas y cataclismos climáticos.

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Jardin de Eden | cedoc

El estudio de las Ciencias de la Tierra y la evolución de los paisajes prehistóricos continúa aportando datos reveladores para comprender la configuración de los entornos geográficos más emblemáticos de la humanidad. En la actualidad, las investigaciones avanzadas que combinan tecnología satelital con análisis de sedimentos logran reconstruir la historia de regiones clave para el desarrollo de las primeras sociedades, permitiendo trazar el origen exacto de cauces fluviales que, además de su valor ecológico, poseen un profundo arraigo en las tradiciones culturales y los relatos antiguos de la civilización.

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El enigma del río bíblico y las primeras hipótesis científicas

El río Éufrates ha ocupado un rol central en la narrativa histórica global, siendo citado en el Libro del Génesis como uno de los cuatro cursos de agua que emanaban desde el Jardín del Edén, el mítico paraíso de la tradición bíblica. Pese a ser la vía fluvial más larga de Asia Occidental y conformar, junto al Tigris, el oasis fértil de Mesopotamia donde florecieron culturas como la sumeria y la asiria hace 6.000 años, el mecanismo exacto de su formación geológica permaneció sumido en el misterio durante décadas.

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Los millones de años de movimientos tectónicos y la acumulación de densas capas de sedimentos habían ocultado las evidencias sobre sus orígenes, dividiendo a la comunidad científica entre quienes teorizaban que nació de un único río hacia el Mediterráneo y aquellos que situaban su desembocadura original en la península arábiga.

Un nuevo estudio publicado en la revista científica Nature Geoscience ha logrado resolver este enigma mediante un enfoque multidisciplinario. El equipo de investigadores consiguió reconstruir la evolución cronológica del cauce utilizando un compendio de imágenes sísmicas, observaciones de satélite, cartografía geológica y el análisis de depósitos sedimentarios alojados en el subsuelo del mar Mediterráneo. Los resultados demostraron que el Éufrates actual es, en realidad, el producto de una fusión tardía de dos corrientes independientes de gran envergadura.

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Tectónica, desecación marina y la fusión de dos colosos fluviales

La reconstrucción histórica determinó que el sistema fluvial primitivo estaba integrado por dos grandes ríos que corrían por separado a través de los territorios que hoy ocupan Turquía y Siria: el Paleo-Murat, originado hace más de 16,5 millones de años, y el Paleo-Karasu, desarrollado con posterioridad, entre 8,6 y 5,9 millones de años atrás. Inicialmente, estas dos corrientes no conectaban con el mar actual, sino que volcaban sus aguas de forma independiente en una red de lagos poco comunicados al sur de la falla de Anatolia del Norte.

La gran transformación del paisaje comenzó hace unos 5,3 millones de años debido a una drástica alteración en la cuenca del Mediterráneo, detonada por el cierre del paso hacia el océano Atlántico en el actual estrecho de Gibraltar. Este aislamiento provocó la desecación a gran escala del mar Mediterráneo, cuyo nivel en el sector oriental descendió de forma repentina. Dicha bajada drástica obligó a los ríos de toda la región a modificar su dinámica, erosionando con mayor profundidad el relieve terrestre para adaptarse a los nuevos niveles base de vertido.

Al mismo tiempo, la actividad tectónica regional inclinó bloques de Anatolia y reactivó fallas geológicas antiguas, un proceso que aceleró el transporte de sedimentos y causó que los lagos de las tierras altas rompieran sus barreras naturales, liberando inundaciones catastróficas que modelaron formaciones como los depósitos de Handere y Nahr Menashe. Tras millones de años de este constante reajuste del terreno por fuerzas tectónicas, los cursos del Paleo-Murat y del Paleo-Karasu terminaron modificando su trayectoria hasta confluir y fusionarse definitivamente hace aproximadamente 1,6 millones de años. A partir de esa unión geológica, el nuevo y unificado río Éufrates redirigió su rumbo definitivo en dirección hacia el Golfo Pérsico, configurando el oasis hidrográfico que miles de años más tarde albergaría la cuna de las primeras civilizaciones humanas.

API/AF