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COLUMNISTAS / EXPECTATIVAS
sábado 14 diciembre, 2019

Del "volvimos" al futuro

Todo el mensaje inicial de Alberto Fernández buscó reconstruir la confianza. ¿Podremos volver a tener fe alguna vez en la política?

Lourdes Puente

Uñas de guitarrero. Alberto Fernández Foto: pablo temes
sábado 14 diciembre, 2019

Alberto Fernández asume en una Argentina en crisis, mayoritariamente descreída y deseperanzada. Sin embargo, hay matices.

Hay quienes no se pueden dar el lujo de no tener esperanzas en el cambio político porque asumen que “peor no se puede estar”. Los que se cayeron del sistema, los que no tienen empleo, los que no pueden alimentar a sus hijos, o educarlos, o darles abrigo.

Entre esos argentinos que no sienten que su bandera los contenga y los tome en cuenta habrá algunos a quienes el cambio de gobierno les despierte esperanzas… y otros a quienes ya no. Que ya no creen que la política sea el ámbito del que emergen la soluciones para su destino. Hay entre ellos muchos argentinos que perdieron la fe en su comunidad y sienten la política como un ámbito de otros, que pocas veces los toma en cuenta en serio. Las cifras del Observatorio de la Deuda Social de la UCA dan cuenta de que en los mejores momentos del país la pobreza no perfora el 25%. Por lo cual, hay generaciones que probablemente ya no pongan la esperanza en el cambio de gobierno.

Quienes tenemos resueltos los problemas básicos, somos más exigentes, queremos señales, indicios, y los más escépticos, certezas de que lo que viene será mejor… hay una esperanza condicionada. Es imposible, con una veintena de caras de nuevos funcionarios, con la vuelta de muchas caras conocidas, con las especulaciones periodísticas y con el análisis de expertos, revelar cómo será el nuevo gobierno.

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Algunos de los nombres que aparecen o reaparecen son conocidos e inspiran confianza; sin embargo, la duda subsiste, ¿podrán? ¿Los dejarán los actores de un sistema que ha hecho de la ventaja personal o de grupos el negocio de una democracia deficiente?

Algunas caras desconocidas vienen con pergaminos de capacidad intelectual y valores personales, pero la duda subsiste, ¿podrán? ¿Los dejarán los que han hecho de la inestabilidad y de la falta de institucionalidad un sistema de acumulación de riquezas desmedidas e impúdicas?

Experiencias. Muchas otras contribuyen a las dudas, por la posibilidad de repetir experiencias desagradables, por su cercanía con un pasado signado por la corrupción y el autoritarismo que desconoce al otro y le niega existencia, derechos y libertades.

El inicio dio señales de esperanza. Presidentes saliente y entrante que comparten una ceremonia religiosa, y se animan al abrazo. Traspaso con la misma tónica. Discurso inicial del nuevo jefe de Estado apelando fuertemente a la necesidad de desterrar el odio, pero, además, de animarnos a sumar al que piensa distinto. “…vengo a convocar a la unidad de toda la Argentina en pos de la construcción de un Nuevo Contrato de Ciudadanía Social…” “... que todas y todos seamos capaces de convivir en la diferencia y que reconozcamos que nadie sobra en nuestra nación, ni en su opinión, ni en sus ideas, ni en sus manifestaciones…”. “Todas y todos debemos despojarnos del rencor que cargamos. Volvamos a ganarnos la confianza del otro. Volvamos a confiarnos entre nosotros”. ¿Son suficientes las palabras vertidas por nuestro nuevo presidente para explicar la urgencia de incorporar está lógica del encuentro argentino?

Sostener esto en las acciones será un gran desafío. Del Gobierno y de los ciudadanos.

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Desafío. La construcción del gobierno evidencia luchas por el poder y los espacios, propias de una coalición y de la condición de la política, que requiere la toma del poder para la transformación a la que se supone aspira. No es una construcción fácil y no todos piensan lo mismo. Ahí el primer desafío a sus palabras. ¿Se podrá? ¿Ganarán la unidad y el propósito futuro sobre la diferencia? Los pasillos políticos transitan entre la esperanza y la sensación de que no cambió nada. Entre el “volvimos” y “aprendimos”. No hay tanta claridad como en el discurso. Y el desafío se ve interpelado todo el tiempo. En cada decisión. De hombre y lugar. De espacio y de tiempo.

El Presidente también planteó una línea de gobierno que pretende inaugurar varías políticas de Estado que requiere la Argentina para dar respuesta a sus crisis recurrentes. La de producción, con el Consejo Económico y Social; la lucha por el hambre con la mesa de emergencia; la de Malvinas también con un consejo; la de la educación, con un pacto. Tremendo desafío animarnos a darles poder de decisión a instituciones que contengan a todos los actores involucrados. ¿Seremos capaces?

Para ello, el flamante mandatario apeló a la solidaridad. ¿Podremos, los que tenemos más recursos y capacidades, los actores más poderosos, resignar en favor de los que necesitan ayuda? ¿Seremos capaces de confiar en que el Estado será un verdadero intermediario en esa ayuda? ¿Podremos volver a confiar en la política? ¿Seremos capaces de ser solidarios e ir a las mesas a ofrecer lo que cada uno tiene para aportar y generar nuevos compromisos?

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Todo el discurso habla de reconstruir la confianza. Quizás la esperanza está muy ligada a que seamos capaces de reconstruirla. Ciudadanos, actores de la sociedad y la política, gobierno y oposición. Creer en nosotros es condición ineludible, pero el desafío es más complicado. Oposición y gobierno son coaliciones cuya unidad requerirá de lo mismo. Los vínculos entre todos están débiles. Pero el futuro puede ordenarnos si somos capaces de creer que es posible.

Entonces, aquí estamos, creyendo en nuestra Argentina, sabiendo que millones de argentinos se levantan cada día sin preguntarse quién los gobierna para ponerse su familia al hombro, su comunidad al hombro… la Patria al hombro. Esa es la gente que tiene que inspirar a quienes, desde algún lugar del nuevo gobierno, deban enfrentar viejas prácticas, sectarias, mezquinas, desvinculadas con el pueblo. Mirando esos argentinos, deberán fortalecer la verdadera vocación de la política… trabajar por el desarrollo y el bien de aquellos a quienes se conduce. Si piensan en ellos, si actúan por ellos, si defienden esos intereses, aunque se equivoquen en el intento, dejarán legado, construirán comunidad, harán Patria y nos dejarán una mejor Argentina.

*Politóloga. Directora de la Escuela de Política y Gobierno de la UCA.


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