domingo 02 de octubre de 2022
COLUMNISTAS coaliciones

Doctrinas y realidades

Sergio Massa avanza con una agenda que gran parte del FdT no reconoce como propia. El riesgo de los dogmas, que dan la espalda a la realidad.

El Gobierno transita por una etapa irreconocible para la cultura política argentina, el desdoblamiento identitario.

Tu ruta, ¿mi ruta? Sergio Massa avanza con una agenda que buena parte del Frente de Todos no reconoce como propia, pero que todos evalúan que es la única posible de aplicar. Incluso logra sobrepasar la “sintonía fina” anunciada por Cristina Kirchner en 2011 cuando comenzaba su segundo mandato. Esto genera, por lo menos, algunas dudas sobre el pensamiento económico de buena parte del peronismo-kirchnerismo que cree que el rol del Estado es la de una suerte de interventor y como tal puede decidir a fuerza de voluntad las variables principales de la economía (precios, valor del dólar, inversiones, recaudación impositiva, etc.). Cuando se observa que los objetivos no se logran, las explicaciones nunca apuntan a que quizás la receta tenía fallas conceptuales, sino que no se aplicó con la contundencia necesaria: no se controló lo suficiente los precios, no se metió preso a los arbolitos que venden dólares en el Microcentro, etc. Muchas encuestas muestran que este pensamiento económico precario ocupa buena parte del entendimiento social argentino. Cuando todo falla, lo que se pide es la intervención total, por ejemplo, expropiar a los sectores económicos que no cumplieron con las directivas del Gobierno como la sugerencia dicha al pasar por Pablo Moyano

Objetivo: Casa Rosada

Ir por todo. El mejor ejemplo del funcionamiento contradictorio de la intervención estatal, lo da el desdoblamiento cambiario: el Estado decide un valor del dólar, en el mejor caso con una base empírica del pasado, generando en forma automática una brecha con el “dólar libre” a esta altura ilegal. En el mismo acto se construye uno de los negocios millonarios más parasitario de la historia argentina, conseguir dólares oficiales baratos y venderlos al precio del prohibido. De esta forma se fueron esfumando los superávits comerciales de 2019 (US$ 14.285 millones), 2020 (US$ 10.970, 1 millones), 2021 (US$ 12.471 millones), y lo que va del 2022, hasta el Banco Central vacío de reservas netas de hoy. Un negocio que no lo hicieron exactamente los jubilados, y que es totalmente funcional a un modelo de capitalismo de saqueo. 

Claro que esta lógica también fue aplicada por Mauricio Macri, buena parte del endeudamiento multimillonario con el FMI fue destinado a permitir a los fondos de inversión que pudieran comprar los dólares, producto de las ventas masivas de sus existencias en Lebacs. Para el resto de los mortales cepo cambiario y reperfilamento de bonos en pesos. Otro ejemplo cercano se relaciona con la calentura del secretario de Comercio Tombolini, sobre los aumentos en el rubro textil por encima de la inflación, que viene mostrando cada mes el Indec textil es uno de los sectores más protegidos de la economía argentina. Proteger a la industria nacional es un mantra que recitamos todos. Pero el resultado es que aún un sector que está lejos de ser monopólico, puede imponer precios que al final del día le niega un par de zapatillas nuevas a un chico pobre. 

Hoy un juramento, mañana una traición

Inexactitudes. Obviamente, las ciencias económicas están lejos de ser unas ciencias exactas, pero la economía real, al menos en las formaciones sociales capitalistas, es una estructura sistémica que no puede ser cambiada por medio de la fuerza de voluntad. Pero en este panorama confuso se suma el aporte de la Nueva Teoría Monetaria, que jocosamente plantea que la emisión no se relaciona con la inflación, por lo cual el único límite a la generación de billetes lo da la existencia de materia prima (básicamente árboles). Una extraña forma de convertir en millonarios a todos, rápidamente, que nunca se termina de concretar. 

Este panorama sucintamente expresado en base a un par de ejemplos enturbia el rol económico del Estado, que es la capacidad reguladora. Ser el artífice y garante de las reglas básicas para el funcionamiento de la economía. En este marco es central el sistema tributario, ya que el cobro de impuestos es, desde tiempos inmemoriales, la única fuente legítima para el financiamiento del Estado contra la emisión monetaria sin la contrapartida del aumento de la productividad o el endeudamiento (interno o externo). Además, desde la política tributaria se diseña el modelo productivo de un país a largo plazo, por ejemplo, hoy en muchos países se cobran menos impuestos a los automóviles eléctricos que a los de combustión tradicional, para impulsar la transición energética. En cambio, en Argentina se cambian los impuestos todos los años, y el desbarajuste es tal, que a veces quedan con menor carga tributaria los sectores con mayor capacidad contributiva. Es claro que los lobbies funcionan mucho mejor en medio de un sistema de reglas multitudinario, confuso y hasta contradictorio. El mejor ejemplo son las mineras que hoy pagan el 4,5% de retenciones, mientras que la soja paga el 33%, con la diferencia que el oro o el litio que se extrae no vuelve a crecer. 

Cómo perciben su calidad de vida los y las argentinas

Co(a)lisiones. Sergio Massa en su rol más parecido a un primer ministro europeo que a un ministro de Economía, aprovechó la reunión del Council of the Americas para llamar a la oposición a dialogar. Unos minutos antes el embajador de los Estados Unidos sugirió constituir coaliciones ya, y no esperar hasta 2023. Lo extraño del pedido del embajador es que las coaliciones ya existen y sus resultados han sido magros. En las coaliciones todos los partidos miembros suelen tener voz y voto. En cambio, tanto en el Frente de Todos como en Juntos por el Cambio tienen liderazgos fuertes y muy difíciles de desafiar. Por eso Horacio Rodríguez Larreta llama a tener una coalición del 70% para llevar adelante un proceso de reformas radicales que pueda avanzar incluso en planos educativos, del sistema sanitario y sindical, temas tabúes hoy en Argentina. No hace falta recordar cómo naufragaron los proyectos de reforma sindical de Raúl Alfonsín y de Fernando de la Rúa. Incluso la reforma jubilatoria de Macri en 2017 que actualizaba los ingresos pasivos por inflación y salarios fue aprobada bajo una lluvia de piedras. En cambio, Fernández pudo volver a la fórmula anterior basada en salarios y recaudación impositiva sin mayor discusión en los primeros días de su gobierno y el hecho de quitar el componente inflacionario explica hoy la pérdida de los ingresos del sector pasivo. En definitiva, la enunciación de dogmas es la mejor forma de dar la espalda a la realidad.

 

Sociólogo (@cfdeangelis)