COLUMNISTAS
ERA “CO”

Educar para la paz, la revolución necesaria

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Premios Oscar. Rock y Smith, son protagonistas de uno videos con más reproducciones. | AFP

La historia de la humanidad es una historia violenta, marcamos y dividimos las etapas de nuestra vida social en base a periodos entre guerras y revoluciones. La invasión rusa a Ucrania, es un episodio más de esta cruel forma de tratarnos.

En la última entrega de los premios Oscar de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas estadounidense, el chiste como ejercicio cotidiano de la violencia, provocó una reacción física violenta. Rock y Smith, son protagonistas de uno videos con más reproducciones en estos tiempos.

Penosamente, nuestros días inician y concluyen con noticias de peleas entre políticos, robos, asesinatos de acá, más allá y más lejos también.

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La violencia es una pandemia, que en muchos aspectos se encuentra naturalizada, tanto de sus formas extremas como la guerra, como de las micro violencias de la vida cotidiana. El ejemplo de los colectivos de mujeres es una muestra en la necesidad de visibilizar un flagelo, que para muchos era meramente doméstico, por lo que estos movimientos tuvieron la enorme virtud de hacer público algo que durante mucho tiempo debía permanecer en ámbito de lo privado.

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Ante esta tragedia, la sociedad debe abordar la adicción cultural hacia las violencias y cortar con prácticas, producciones y reproducciones de conductas violentas. Sin dudas la educación como constructora de una cultura de paz, es una herramienta para ello.

La paz es una construcción y la educación también, debemos reconstruirlas conjuntamente, ya que la paz precisa una ciudadanía que la quiera y defienda, porque sin paz la humanidad está en riesgo.

Esta educación para la paz debe ser una tarea de familias, instituciones educativas, Estados, medios de comunicación y toda organización social que quiera abordar a las violencias.

Repensar el sistema educativo desde la promoción e incentivo de la cultura de paz, es un posicionamiento ético, que debe comprender que nuestras sociedades son conflictivas, dinámicas, complejas e inciertas, por lo que las propuestas formativas, deben incorporar deben partir del conflicto para abordarlo, reemplazando la figura del enemigo, por la del adversario: promoviendo encuentro, diálogo, mediación, consensos y reconciliación.

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Si asumimos ese desafío, debemos abordar integralmente a la paz y de modo positivo, no basta la ausencia de violencias o guerra, hace falta educar para la acción encaminada a la justicia, desarrollo sostenible, democracia y DDHH para todos, en todo tiempo y lugar, para enseñar, aprender, investigar, comunicar y transferir conocimiento sobre la paz y los instrumentos para alcanzarla y cuidarla.

Curricularizar la paz, haciéndola eje transversal de las propuestas educativas, exige estrategias que puedan poner en valor a la democracia, no solo como forma de gobierno, sino también como estilo de vida, construir ciudadanía, es hacer de mujeres y hombres, ciudadanas y ciudadanos libres, iguales, fraternos y solidarios. Para ello las enseñanzas y aprendizajes en DDHH y democracia, que fomenten el respeto y diálogo, como forma para la mejor la convivencia y resolución pacífica de diferencias y conflictos, es algo a instalar en todas las instituciones.

El tiempo actual, esta era “co”, la era de la colaboración, de la cooperación del coworking, etc., precisa de personas que estén formadas para pensar y actuar con otros, en equipo y no solo individualmente, para ello fomentar la amistar y las relaciones positivas es vital.

La educación es un poderoso instrumento para construir cultura de paz positiva y de hacer frente a las violencias, para construir una sociedad más respetuosa y cuidadosa de la forma de relacionarnos.

*Miembro del Consejo de Gobierno de Unesco-Iesalc.