viernes 12 de agosto de 2022
COLUMNISTAS tregua oficialista

El factor Massa

16-07-2022 23:55

Otra vez Sergio Massa. Conjeturas varias luego de la reunión en Olivos, el miércoles 13, entre un Presidente encerrado como un bicho bolita, irresoluto, una Vice más avasallante que un huracán y el titular de la Cámara de Diputados al acecho de la Jefatura de Gabinete. Cuesta la armonía en ese trío, ni por conveniencia concilian el uno con la dos, más precisamente la dos con el uno. 

En cuanto a Massa, un voyeur de la escaramuza de la pareja, se alegró en otro plano: su esposa Malena zafó de una complicada intervención médica, estuvo grave. Igual sigue con desánimo el titular de Diputados, sin rumbo específico en la interna y sin poder ofrecer un elenco tentador que lo acompañe en un eventual futuro. 

Para colmo, su rol de bisagra elástica en la cúpula está afectado por las cambiantes opiniones de Cristina: dicen que un economista cordobés cercano a la pasada administración provincial de Daniel Scioli, recurrido en ocasiones por Cristina a pesar de sus diferencias con la línea Kicillof, en determinado momento le preguntó a la dama si le trasladaba sus informes a Massa. Respuesta tajante: “A ése, no”. 

Cristina se abre

De ahí cierta felicidad en Juan Manzur, un tucumano multirrubro que se siente cubierto por un manto protector y que, en todo caso, dispondrá de alternativas si lo llegaran a desplazar. Por ejemplo, no le disgustaría que lo trasladen al Ministerio de Relaciones Exteriores o al de Trabajo, ambas carteras sostenidas por su fidelidad con Alberto. Sus titulares, Cafiero y Moroni, tampoco se quedarían sin trabajo, aunque hoy pertenecer a la cofradía albertista vale menos que los títulos argentinos. Penoso descenso del Mandatario: hasta los intendentes bonaerenses eluden fotografiarse con él. 

Prevalece, sin embargo, una tregua. Y una incógnita turística: ¿viajará Massa con Alberto al encuentro con Joe Biden en la Casa Blanca? Fue invitado, como se sabe, para acompañarlo en los dos últimos periplos internacionales, pero nadie precisa si esta vez será de la partida a Washington, a fin de mes. Más de uno explica que no habría controversias protocolares, ya que Nancy Pelosi, titular de la Cámara de Representantes de EE.UU., suele estar a la vera de Biden en más de una visita a territorios extranjeros. 

Sin trabas diplomáticas, Massa evalúa su participación si le llega la tarjeta: hasta ahora poco le ha servido apoyar a los Fernández, aunque este viaje –presunta tabla de salvación para el Gobierno– lo puede seducir: allí aguarda un Biden capaz de estrecharle la mano a cualquiera, inclusive al aire, como suele verse en la pantalla de la TV. Una réplica del distraído Fernando de la Rúa cuando iba a los estudios de televisión con Tinelli. También el  futuro interlocutor, Alberto, sueña que esa cita lo transforme, lo convierta en oro cuando él es de hojalata.

El rol de bisagra elástica del jefe de Diputados está afectado por una cambiante CFK

Se suspenden los desenlaces críticos en el Gobierno, parece, y se confirma que Silvina Batakis será la gran estrella del viaje para obtener nuevas concesiones del FMI, reconsideración de vencimientos o despegar el costo de la energía en la medición del Indec por la inesperada irrupción en la suba de precios por la guerra en Ucrania. Algo así hizo Martínez de Hoz en cierta ocasión con el ascendente rubro “carne” para disimular la inflación. Alta probabilidad de èxito, tampoco el FMI desea más conflictos en la región sur y, en todo caso, Biden reclamará por la escasa disposición de Fernández a favor de la alianza democrática y en contra de sus adolescentes reclamos por gobiernos autocráticos como Cuba, Nicaragua y Venezuela. 

En ese plano, siempre Massa se distinguió de Alberto, el viaje sería un reconocimiento a esas actitudes cercanas a la liberalidad norteamericana. Aunque, últimamente, se lo observa más moderado en esas declaraciones, quizás porque las expresiones de populismo en América del Sur se empoderan cada vez más del continente. Y por medio del voto. En cuanto a Cristina, nadie sabe: se proclama “gran burguesa” pero su corazón está en otro lado. Difícil vivir en esa contradicción. 

Si le va bien a “la griega” en el FMI, habrá sido para la mujer como ganarse la lotería cuando al cargo llegó por descarte, según las pérfidas críticas de algunos programas de TV convertidos en “espacios cedidos a los partidos políticos”, ya que no prosperaron otras candidaturas, tipo Álvarez Agis o Redrado (quien jura que solo lo llamaron para pedirle opiniones). Como si la designación de la mujer fuera un anómalo caso en la historia del Palacio de Hacienda: Roque Fernández permaneció en el Ministerio más de tres años suplantando a Cavallo luego de las negativas para asumir de Roberto Aleman, Ricardo Arriazu y Miguel Ángel Broda, mientras a Roberto Lavagna lo trajeron de Europa para dirigir la economía de Duhalde (y se mantuvo con Néstor Kirchner) después que se hundieron las aspiraciones de Carlos Melconian y Alieto Guadagni. 

Se avivó Cristina: se rebela contra el imperio de pobres de Emilio Pérsico

Incendio. Emular esos descartes serían ejemplares para Batakis, que hoy –de la mano de Miguel Pesce– cortó a medias el incendio de emisión y deuda en pesos que dejó el piromaníaco Martín Guzmán antes de abandonar el barco. Aun así, resta saber si se cumplirán sus promesas de almacenera griega: sentarse sobre las cajas y repartir solo lo que ingresa. Poco transparente el ejercicio, aunque eficaz si se aplica a rajatabla. Ya ocurrió en tiempos del riojano Antonio Erman González, quien removió la tierra y se la dejó a Cavallo lista para sembrar. 

A dos semanas del encuentro en EE.UU., persiste la Argentina histérica en la que unos cuestionan la dependencia al FMI y otros en la salvación del FMI. Lo peor es que ocurre ese doble pensamiento en la cúpula gubernamental, la misma que sin un mínimo de inteligencia provoca que el riesgo país sea superior al de Sri Lanka y Ucrania. Casi imposible de creer. 

Ahora está sometida la Casa Rosada a una viralización geométrica de la inflación y al despliegue amenazante de los movimientos sociales: las condiciones objetivas parecen haber cambiado, como siempre rezan los promotores de la izquierda. Pero a esos núcleos se han agregado hasta grupos propios (de Grabois a Pérsico y Navarro) con intereses distintos, incluyendo en el cartel a la misma CGT. 

Nadie se quiere quedar afuera del barullo. Es que, hasta la salida de Guzmán, la política marcaba la conducta en la calle y en la economía. Ahora, como dice Rosendo Fraga, es al revés: la alta inflación y el desbande en las calles condicionan a la política. No es el mejor cuadro de situación.