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COLUMNISTAS / hiperconectados
domingo 23 febrero, 2020

El futuro vive entre nosotros

Cambió la velocidad de la vida. En medio de la Revolución de la Inteligencia la mayoría no quiere que le impongan nada y menos que le obliguen a escuchar discursos de políticos. Es necesario crear contenidos atractivos y reformulables.

por Jaime Duran Barba

Actualidad. Los jóvenes prefieren trabajar sin jefes y viajar. Crecen las empresas unicornios y se apuesta a la investigación. Foto: shutterstock
domingo 23 febrero, 2020

Atravesamos la etapa de transformaciones más grandes y vertiginosas de la historia. Nunca hubo tanto desarrollo científico, tanta posibilidad de generar riqueza y conocimientos. Los países desarrollados experimentan una espiral de progreso que los aleja todos los días de otros que están empantanados en el pasado. Es indispensable estudiar, tener la mente abierta, usar el sentido común para buscar informaciones objetivas que nos ayuden a superar nuestras supersticiones ideológicas. Los países que progresan fomentan la creatividad, la eficiencia, la producción, los avances tecnológicos, la robótica, la Inteligencia Artificial. Mientras más libertad tienen sus habitantes, pueden desatar mejor su imaginación, trabajar autónomamente y crear bienestar.

En Occidente se da el enfrentamiento entre los valores y las instituciones del siglo XX y los de una sociedad posmoderna que está ya entre nosotros, aunque los conservadores no pueden ni siquiera percibirla. Cambió el concepto de propiedad. En las redes es difícil saber quién es el dueño de los bienes virtuales, muchos de los cuales son colectivos. La mayoría de los jóvenes quisiera trabajar en libertad, sin jefes, sin horarios, sin dogales impuestos por organizaciones verticales. No están muy interesados en acumular propiedades, no sueñan con tener estancias gigantescas. Prefieren viajar, más que para visitar Museos para encontrar “experiencias únicas”. Prefieren pequeñas marcas y productos que protegen el medio ambiente, estimulan el reciclaje y quisieran evitar la contaminación del mar. Por lo general sus actitudes son blandas, no irían a las montañas a luchar por sus ideas, pero las aprecian porque se integran en conjuntos que les proporcionan identidad. La Red alimenta el fanatismo. Algunos asumen actitudes extremas para defender tesis que creen “buenas”, a veces basadas en mitos y no admiten que sus adversarios puedan tener algún mérito. Persiste el enfrentamiento entre minorías militantes que copan la Red para imponer su verdad y una mayoría silenciosa que se expresa a veces.

Todos los días se conecta internet el 53% de la población mundial, 4 mil millones de personas. El 92% de ellos usa dispositivos móviles

Todo ya. Cambió la velocidad de la vida. Todo se volvió conectividad e inmediatez. Todos los días se conecta a internet el 53% de la población mundial, 4 mil millones de personas. El 92% de ellos usa dispositivos móviles, el 85% permanece conectado un promedio de seis horas diarias. Las personas viven conectadas al vertiginoso mundo virtual y quisieran que la realidad tenga la misma velocidad. Les molesta hacer filas o que les digan que un producto está agotado porque sienten que todo debería solucionarse con un click.

Educación. Algunas universidades del tercer mundo luchan en contra del neoliberalismo o quisieran impedir la invasión norteamericana a Vietnam. No se han enterado que la guerra terminó y Vietnam prospera desde que implantó la economía de mercado. Las universidades serias tienen otros temas: cada cinco años producen, en casi todas las ciencias, más conocimientos y descubrimientos de los que antes se crearon en un siglo. Muchas estudian la conducta humana con nuevas herramientas, con información concreta y abundante que no existía hasta hace poco: los rastros que dejamos todos los días en cámaras, teléfonos inteligentes, dispositivos GPS, y otras herramientas de la Red. Internet permite producir, distribuir y utilizar información digitalizada en cualquier formato, y gran parte de la información del planeta está digitalizada.

Empresas. Hasta hace poco las empresas más ricas del mundo venían de la industria y la extracción de recursos naturales. En el 2000 la lista estuvo encabezada por Ford, General Electric, ExxonMobil. Después se incorporaron empresas financieras y de venta al retail, en 2013 las mayores fueron Apple, Exxon, Berkshire Hataway, Petro China, Walmart. Por primera vez apareció una que venía de la electrónica: Apple. En 2018 todas pertenecían a esa área: Apple, Alphabet, Microsoft, Amazon, Tencent. The Economist trae en la tapa de su último número el tema del crecimiento de los unicornios. Según el artículo, el valor de las cinco empresas tecnológicas norteamericanas más grandes aumentó en 12 meses US$ dos billones, equivalente a todo el mercado de valores de Alemania. Los unicornios son empresas nuevas, de base tecnológica, que han logrado cotizarse en más de US$ mil millones en poco tiempo, como Facebook, Twitter, Airbnb, Snapchat, Uber, We Work, Dropbox, y otras. En los últimos años surgieron en Latinoamérica al menos diez unicornios: en Argentina OLX, Globant, Despegar, Mercado Libre y Auth0; en México Softtek, Kio Networks; en Chile Crystal Lagoons; en Brasil Totvs y B2W.

El mundo virtual no terminó con la realidad. El clickeo no reemplaza a la prensa escrita y el ecommerce no termina con los supermercados 

Los ecosistemas emprendedores son distintos en cada país, pero tienen cosas en común: se transforman todo el tiempo, promueven la innovación, la creatividad, buscan una proyección internacional y apuestan al talento. Una empresa emblemática es Mercado Libre, fundada por Marcos Galperin que estudió en Stanford, el corazón de Silicon Valley. Mercado Libre integra a más de 11 millones de vendedores y cuarenta millones de compradores, opera en 18 países y cotiza en la Bolsa de Nueva York, en alrededor de US$ 30 mil millones. Si la legislación y las actitudes negativas de ciertos dirigentes de la vieja sociedad no pusieran tantas trabas a las empresas tecnológicas, serían una gran herramienta para combatir el desempleo. Los unicornios generan un enorme movimiento económico, pero atraen la codicia de jugadores que quisieran asaltarlos.

En la próxima etapa los unicornios se duplicarán cada año, muchos ayudan para que eso sea posible. En Buenos Aires, Andy Freire, un activista del emprendedorismo es ahora managing partner del Softbank, un fondo de capital de riesgo japonés con un portafolio de más de cuatrocientas empresas, que trae a la región US$ 5 mil millones para promover emprendimientos. Seguramente algunos de ellos llegarán a ser unicornios.

Hiperconectados. Nada de esto significa que el mundo virtual terminó con la realidad. El clickeo no puede reemplazar a la prensa escrita, el e-comerce no termina con los supermercados. Incorporando elementos tecnológicos Walmart se ha convertido en una de las empresas más grandes del mundo. Debemos promover que la Red colabore con las industrias para renovar su comunicación, y proporcionar información económica, social, política, que permita diseñar estrategias que las hagan más competitivas. El mundo de la hiperconexión vertiginosa demanda que los grupos empresariales cuenten con sofisticados análisis de lo que ocurre en la sociedad.

Los unicornios son una realidad apasionante, pero no hay que olvidar que más allá de ellos, millones de latinoamericanos trabajan de manera autónoma sin necesidad de grandes capitales y que hay miles de empresas que todavía no tienen tanto éxito, pero desarrollan este capitalismo democrático. Basta una pequeña inversión y lo demás es imaginación e inteligencia, cualquiera puede obtener ingresos, desde el que tiene una bicicleta para repartir compras, hasta el que pone un librería en red. La inteligencia está cambiando el mundo. Vale la pena ver dos entrevistas hechas a Mateo Salvatto, creador de “Háblalo”, una aplicación que ayuda a comunicarse a personas con discapacidad. Una la hizo Jorge Lanata, (https://bit.ly/2Pe6Cvi) y la otra Marcelo Longobardi en CNN. Ambas son excelentes, ayudan a entender esta problemática.

¿Qué tiene que ver todo esto con la política? Como dijo en su momento Carlos Marx la sociedad depende del desarrollo de sus fuerzas productivas. En medio de la Revolución de la Inteligencia es absurdo organizar cadenas nacionales. La mayoría no quiere que le impongan nada, menos que le obliguen a escuchar discursos de políticos. Nadie escucha en su iPod marchas de partidos o alocuciones de señores que estudiaron oratoria. Debemos pensar la crisis de la democracia representativa asumiendo que existe una nueva realidad. Decenas de estudios coinciden con Alex Pentland en que los seres humanos hiperconectados, respondemos a incentivos sociales, buscamos recompensar a nuestro entorno y fortalecer los lazos que nos unen con él. Para lograr que un mensaje se viralice, más que un sesudo discurso o el respaldo de un “influencer” necesitamos entregar contenidos atractivos, repetibles y reformulables. También los análisis que hacíamos hace poco tienen que renovarse de manera permanente. El tema da para más de un artículo.

*Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino.


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