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COLUMNISTAS / PANORAMA / CAMINO ELECTORAL
sábado 22 diciembre, 2018

Entre ritos y cisnes negros

El año se cierra con grandes dudas económicas y políticas. Danza de candidaturas y una certeza: CFK

por Carlos De Angelis

MEDIA MASA Foto: DIBUJO: PABLO TEMES

Finalizando 2018, la dirigencia política argentina comienza sus ritos de preparación electoral. Lo que está en juego es considerable, y quien pierda perderá mucho más que unas simples elecciones para sentarse a esperar la siguiente, como pasa (o pasaba) en las llamadas democracias maduras.

No obstante, el macrismo está mucho más preocupado en estos días por los problemas de la gestión económica, esperando que los pocos días faltantes de diciembre sean de tranquilidad social. Sin embargo, no se vienen tiempos de pax financiera, al aumento del riesgo país se le suma la suba de la tasa en Estados Unidos y prometen profundizar la recesión imperante poniendo en riesgo el déficit cero. La caída de la venta en supermercados del 10% en octubre último respecto del año anterior que cantó el Indec esta semana resume el clima negativo que se vivirá en las austeras fiestas de fin de año. Este y otros datos hacen crecer el interrogante sobre el prometido déficit cero de 2019 y ponen encima de la mesa la necesidad de tener que aplicar otro torniquete tarifario en plena campaña, como recomendó en estas horas la directora del FMI, Christine Lagarde.

Temblores. Como si esto fuera poco, no bien Mauricio Macri regrese de sus vacaciones, tendrá que ocuparse de suturar algunas rasgaduras en el frente interno. Tendrá que decidir si renueva el matrimonio político con Elisa Carrió, tenso como nunca en la breve historia que los une y al mismo tiempo desactivar las inquietudes de María Eugenia Vidal para desacoplar las elecciones de la provincia de Buenos Aires de las nacionales.

Si bien la ley electoral del mayor distrito subnacional del país es ambigua al respecto, el efecto de tal decisión quitaría el arrastre de Vidal sobre la boleta sábana que encabezará Macri por parte de quien es la dirigente con mejor imagen del país, generando un escenario imprevisible.

El desmarque de la gobernadora es un tema de conversación permanente porque toma decisiones que eran tabúes para los amarillos de paladar negro, como el nombramiento de la cristinista Juliana Di Tullio en el Bapro. Tampoco pasaron desapercibidos su vestido verde-feminista, sus elogios hacia Cristina, así como sus declaraciones sobre la violencia machista que sufrió en su meteórica carrera en las filas del PRO. ¿Tiene en su cabeza a alguien en particular para escrachar? Si bien la preferencia de Macri sería no innovar sobre la triple reelección Nación-Provincia-Ciudad, la presión podría llevarlo a realizar algún enroque en la definición de la vicepresidencia: ¿existirá la posibilidad de que Carolina Stanley o Patricia Bullrich se muevan a la Provincia para abrir el camino de María Eugenia Vidal al ticket presidencial y desde allí allanar su camino a la Casa Rosada para 2023?

Massa no vería con tan malos ojos apuntar hacia la provincia de Buenos Aires

El otro gran tema para afrontar por parte de Cambiemos es Córdoba. La provincia mediterránea ha sido la llave del triunfo electoral de 2015, y ahora los radicales quieren reconquistar la plaza que dominaron desde el retorno a la democracia hasta que Juan Manuel de la Sota los desplazara en 1999. Macri quisiera mantener la alianza táctica con el contador público Juan Schiaretti, pero el veloz ascenso del cordobés a la conducción del ex peronismo racional está cerca de constituirse en un nuevo cisne negro. Los problemas del "tercer sector" justicialista cuya denominación va mutando con el correr de los días son muchos, con cada ampliación y acercamiento de nuevos gobernadores parecen multiplicarse las dificultades, y se escapa la síntesis. Algunos optimistas olfatean que entre sus integrantes podría estar quien desafíe a Macri en el ballottage con chances de sacudir el tablero político argentino.

Pero el instinto no alcanza, deben construir ese escenario mientras que el tiempo pasa rápido. La cancelación del megaevento anunciado en Costa Salguero para más de 2 mil dirigentes de todo el país fue un golpe por elevación a Sergio Massa, “señalado” de querer capitalizar el encuentro que se terminó trasladando no casualmente a la Casa de Córdoba, y ¿si el cisne negro se transforma en “el” candidato? Asimismo, los rumores que circularon en esas horas sobre que Massa no vería con tan malos ojos apuntar hacia la provincia de Buenos Aires en una lista encabezada por Cristina mostraron que dentro del espacio hay juegos múltiples e intereses contrapuestos.

Tiempo de revancha. Por supuesto, el obstáculo para que se proyecte el peronismo no K siempre es el mismo: Cristina. Es la dueña de los votos de la tercera parte del electorado y, lejos de retirarse, multiplica las reuniones, su armado nacional y también el provincial, que de avanzar podría dejar varias gobernaciones en manos de Cambiemos. Viendo su poder de fuego, resulta difícil entender los argumentos de quienes sostienen que no se va a presentar. Incluso cuenta con otro elemento novedoso que es el ascenso con luz propia de Axel Kicillof a uno de los políticos de mejor imagen del país, mientras que Felipe Solá o Agustín Rossi no logran hacer lo propio.

Pero claro, el reciente pedido de prisión preventiva de parte de la Cámara Federal ratificando la acusación como jefa de una asociación ilícita con la finalidad de cobrar coimas a contratistas del Estado no es un tema menor, si el Senado le suspendiera los fueros iría directamente a prisión.

Allí se abre la posibilidad de un contra-cisne. ¿Se podría pensar que los tribunales de Comodoro Py podrían ser la gran carta de negociación para lograr que Cristina apoye una candidatura que no sea la propia? Es más, si esto fuera así, ¿aceptarían los intensos votantes K tener que ir a las urnas a votar por otro candidato surgido de una negociación en esos términos? Nótese que cuando en las encuestas se retira el nombre de la ex presidenta, más de las dos terceras partes de sus votantes pasan a votar en blanco, por lo cual sus reemplazantes capturan apenas entre el ocho y el diez por ciento. El justicialismo tuvo experiencias en 1958 y 1963 de alto voto en blanco con Juan Domingo Perón en el exilio, eso no evita que alguien gane las elecciones, pero ocasiona un efecto político inesperado.

Arturo Jauretche decía que todo taller de forja es un mundo que se derrumba. Se podría decir lo mismo del tablero político argentino.

*Sociólogo (@cfdeangelis)

 


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