viernes 03 de febrero de 2023
COLUMNISTAS tangos

Fue y será

30-12-2022 23:55

“Es el siglo en que vivimos de lo más original, el progreso nos ha dado una vida artificial”. Estas rimas podrían haber sido escritas ayer, hace pocos años, o cuando empezó el siglo XXI, pero las cantaba Ángel Villoldo en el tango Matufias, de 1903. Cuatro años más tarde, Alfredo Gobbi hacía lo propio entonado “Los alquileres subiendo (…) de los víveres ni hablemos, ya no es posible aguantar, nada se puede comprar. ¡Es una calamidad! ¡La carne, el pan, la verdura, lo macarrones, el queso! ¡La polenta es un exceso! ¡Cómo está la sociedad!”, en el tango La crisis. 

Menos conocidas que el celebrado hit del cancionero argentino, Cambalache, de Enrique Santos Discépolo, estas y otras canciones, como la Murga del Bicentenario rubricada por Ramón López en 1912, que habla de una sanción monetaria para los tipos que dicen piropos en la calle (sueño húmedo de los feminismos punitivos que hicieron furor en el último lustro) verifican esa sensación que tantas veces tenemos de estar viviendo en un día de la marmota, un loop. Los problemas siguen siendo los mismos (aunque agravados por el paso del tiempo) y continúan envueltos en un afán de progreso que, encarnado en la tecnología, parecería justificarlo todo.

Ramón López, en 1912, habla de una sanción monetaria para los tipos que dicen piropos

“En la época presente, no hay nada tan floreciente como la electricidad. El teléfono, el micrófono, el tan sin rival fonógrafo, el pampirulíntintófono, y el nuevo cinematógrafo. El biógrafo, el caustígrafo, el pajalacaflunchincófono, el chincatapunchincógrafo”, ironiza en una suerte de milonga a la española, grabada en 1909, otra vez, Villoldo. Se ríe del gesto (aún vigente) de recurrir a neologismos para nominar lo que no terminamos de entender y sospecha de los aparatos que se van perfeccionando para hacernos más dependientes de ellos. Pareciera que, hoy como ayer, los desarrollos tecnológicos nos dejan atrás por más palabras enrarecidas que usemos para nominarlos. Más audaz que muchos de nosotros, Villoldo terminó, hace más de un siglo, por ponerse exquisitamente conspirativo, y concluye su pieza diciendo: “Estos nombres, y muchos más, tienen los aparatos que han inventado, desde hace poco, con la idea de que el mundo ¡se vuelva loco!”. Un buen deseo para este 2023: ¡Que la vida no se parezca tanto a un tango!