COLUMNISTAS
unos y otros

Internas de la interna

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Mauricio y Patricia. Una de las tantas peleas internas, que incluyó una dura discusión. Hay más en otras fuerzas. | cedoc

Intriga: Mauricio Macri se ha desilusionado con Javier Milei o se molestó porque ningún hombre de su confianza accedió a la primera línea del futuro gobierno. Nada en ministerios o secretarías, ni siquiera colocó a Bernardo Sarabia Frías en la Procuración del Tesoro –va Rodolfo Barra, cuestionado por su militancia adolescente, en lugar de reparar en sus últimos 50 años como jurista–, tal vez elegido para desarmar juicios del Estado.  Más nítida, en cambio, es su colérica indignación con Patricia Bullrich, a quien le reprocha haberse acercado por su cuenta a la nueva administración aceptando cargos para ella y sus seguidores sin consultar a la cúpula del PRO. La Bullrich puede argüir que la jefatura del partido le pertenecía como titular, a nadie debía consultar.

Según parece, ambos discutieron con rudeza. Mauricio, sosteniendo:

—Vos tuviste tu oportunidad, perdiste; no correspondía que ingresaras al nuevo gobierno sin el acuerdo de todo el PRO.

Replicó la dama:

—Vos también tuviste tu oportunidad, la rechazaste para no ser candidato; habías perdido antes.

Cualquiera sea el ganador, el próximo gobierno será diferente del que se va

Debate bizantino sobre lo institucional (ella ya renunció a dirigir el partido) cuando en rigor se enredaban por el mezquino acceso al poder: el ingeniero boquense no pudo instalar personajes como Braun, D’Andreis o Guillermo Dietrich, este último tan cuestionado por la nueva guardia de Milei (Guillermo Francos, Santiago Caputo, Guillermo Ferraro, Nicolás Posse) que repartían insecticida por si aparecía en el hotel. En cambio, se tentaron con abrirle las puertas a Patricia en Seguridad acompañada por Petri en Defensa, la Talerico, Federicci, Kovadloff, De la Torre y el boy scout Lombardi. Este pacto con una rama del PRO ofrece otro adicional: Milei, vía Francos, no solo margina a Macri, también desplaza de responsabilidades a la futura vicepresidenta, Victoria Villarruel, quien imaginaba para sí misma la propiedad de todos los uniformados del país, incluyendo a los porteros. Puede la mujer decir como Maradona: “Me cortaron las piernas”. Se había asignado nombramientos, recorrido cuarteles y dependencias policiales con demasiada anticipación, quizás. Prematura grieta dentro de un gobierno que todavía no asumió, eterna tradición argentina de conflicto entre el número uno y el número dos.

No es el mejor momento de Macri cuando se le reconocía la proeza de haber salido último en las elecciones y compartir, luego, el poder con el nuevo presidente. Se frustró el proyecto, lo reemplaza Patricia. Asegura el exmandatario que conserva un trato cordial con Milei, de agradable y respetuosa conversación. Para algunos, es ficticia esa relación y trasciende que en momentos críticos, el futuro ocupante de la Rosada no le contesta el teléfono. Hasta exhiben como prueba al ministro del Interior, Guillermo Francos, un blando de vocación, quien sacudió a Macri como un pendenciero jurando que el mileísmo no se someterá a sus designios. Ese desprecio al presunto aliado debe contar con la instrucción del propio jefe libertario, afectado por el síndrome de Horacio Rodríguez Larreta: no quiero ser el Alberto de Mauricio. Si así no fuera, sería un atrevimiento cuestionable cuando el nuevo gobierno necesita algo más de la docena de diputados que le responden a la Bullrich.  

Tampoco tuvo éxito Macri al proponer a Ritondo como titular de la Cámara de Diputados. Eso sí: impidió que aterrizara Florencio Randazzo. Pero quien saca, no pone; ni siquiera le atendieron la recomendación por Miguel Pichetto, bloqueado por “ser amigo de Mauricio”. Esas desventuras las festeja Cristina Fernández, opuesta a Ritondo y acérrima contra Randazzo, quien disfruta que el PRO se descuartice como antes ocurrió con la UCR en Juntos por el Cambio: el centenario partido de Alem era un arquero suplente en el equipo que descendió de categoría. Penoso destino. Aunque, como ella piensa, el bloque opositor desde el lunes 11 no será patrimonio de número con Cristina: el mapa pintado de violeta, al menos en esta primera parte, no le va a responder como un ejército si ella, como invoca, va a combatir y rechazar la ley ómnibus que llevará Milei al Congreso con el ajuste fiscal. Tal vez haya manifiestas deserciones más amparadas en el cuestionamiento a la viuda de Kirchner que en el apoyo a Milei.

El mundo cambia y hay que estar en centros como los Brics en esas transiciones

Dentro de la “interna de la interna”, también el nuevo Ejecutivo se distrae ante la torpe contratación de un avión privado para trasladarse a EE.UU., tema que le podrían enrostrar judicialmente como a Amado Boudou en el pasado. Más serio y cercano, en cambio, se torna el rechazo a la invitación de pertenecer a los Brics, esa organización de Estados a la cual Milei –y Diana Mondino, su canciller– parece odiar, porque incluye a Irán y a Rusia. Se entiende el confesado y cerril rechazo ideológico, pero en ese grupo se integran la democracia más grande del mundo, India, Brasil y China, hoy máximos clientes de las exportaciones argentinas: el comercio, por ejemplo, representa entre el 25 y el 46% de trece provincias, un tercio del trabajo nacional.

Este repudio internacional además incluye una pérdida: la silla para participar del Banco de Desarrollo que declara un capital de cien mil millones de dólares y bien podría auxiliar a la Argentina en momentos de crisis a tasas ventajosas. Lo bien que hoy, por ejemplo, le vendría al ministro Caputo. Los temas personales ni siquiera deben mezclarse con los intereses del Estado, sea uno liberal libertario, o no. El mundo cambia, como cambia la política en el país y, por lo tanto, hay que estar en centros como los Brics en esas transiciones. Lo entiende hasta la “occidental” Arabia Saudita, que, en vez de rehusarse a la invitación, decidió someterla a estudio, aguantar y ver. Y esa nación no necesita dinero.