martes 28 de junio de 2022
COLUMNISTAS Opinión

Autonomía de Alberto Fernández: ¿heterodoxa o secesionista?

12-02-2022 23:55

Licenciado en Servicio Consular por la Universidad del Litoral, doctorado en Derecho y en Diplomacia por la Universidad de Pensilvania y mentor de la Escuela de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad de Rosario, Juan Carlos Puig se convirtió en la década del setenta en un canciller de alto vuelo intelectual para la Argentina.

Autor de una docena de ensayos, como el ya clásico Doctrinas internacionales y autonomía latinoamericana, junto a varias decenas de papers y artículos académicos sobre ciencias sociales, el ministro de Relaciones Internacionales del breve, pero intenso, gobierno peronista de Héctor Cámpora es considerado uno de los referentes latinoamericanos más influyentes en la producción especializada en derecho internacional y en política internacional.

Es cierto que, como bien ha señalado el doctor en Relaciones Internacionales y docente de la Universidad de La Plata, Alejandro Simonoff, las críticas más extendidas a la doctrina puigeana cuestionan las hipótesis que sólo se concentran en un tipo de realismo focalizado en tiempos de Guerra Fría. También es verdad que este universo de análisis puede haber quedado en desuso en el paradigma de la interdependencia compleja que evidencia el escenario actual de las relaciones internacionales.

Pero es importante remarcar que la vigencia del pensamiento de Puig representa un marco teórico que todavía puede ayudar a iluminar la comprensión del ejercicio de política exterior de un país periférico como la Argentina.

Juan Carlos Puig fue un canciller de alto vuelo intelectual para la Argentina.

Entre las diversas líneas de investigación que Puig desarrolló, se destaca una que le despertó mayor interés: las complejidades que podía tener la política exterior argentina para lograr una senda de desarrollo. A partir de esa premisa logró construir un modelo de “autonomía” que permite establecer el poder de maniobra que un país puede asumir en el tablero mundial.

A través de la relación que las élites mantienen con la potencia hegemónica, Puig delineó un esquema de cuatro tipos ideales: dos de “dependencia”, que se expresan en la faceta inferior del desarrollo, y dos de “autonomía”, que aparecen en la etapa superior del crecimiento.

Los modelos teóricos son:
-Dependencia paracolonial, en la que se actúa como un simple apéndice de la metrópoli más poderosa. (Virreinato del Río de la Plata)
-Dependencia nacional, caracterizada por un proyecto de país que se presenta fuertemente vinculado y subordinado al de la potencia central. (El modelo agroexportador de la Generación del 80. Dictadura de Pedro Aramburu. Carlos Menem)
-Autonomía heterodoxa, representada por un sistema de autoridad que no discrepa con el poder hegemónico pero mantiene espacios de disidencia para la defensa de determinados intereses nacionales. (Juan Domingo Perón. Arturo Frondizi. Arturo Illia. Raúl Alfonsín. Néstor Kirchner)
-Autonomía secesionista, donde hay una ruptura con la principal potencia sin que haya habido una correcta evaluación de las consecuencias que implican esa acción. (Dictadura de Leopoldo Galtieri en la Guerra de Malvinas)

Durante su viaje a Moscú y a Beijing, Alberto Fernández llevó al extremo la teoría de Puig. ¿La manifiesta sintonía con Rusia y China se convierte, automáticamente, en una discrepancia con Estados Unidos? ¿El desplante a Washington puede tener impacto en la negociación que todavía no ha finalizado con el FMI, donde la posición norteamericana es determinante? ¿La pretensión de alejarse de la dependencia, en términos de Puig, puede terminar siendo perjudicial en un momento crucial para el futuro de la Argentina? Y, lo que es central en este panorama, ¿la autonomía de Alberto Fernández será heteroxa o secesionista?

En su reciente gira, Fernández llevó al extremo la teoría de Puig.

Cuando el presidente argentino visitó el Kremlin aumentaba la tensión bélica entre los ejércitos de Rusia y la OTAN por la crisis ucraniana, a la vez que el Pentágono se encontraba movilizando tropas muy cerca de la frontera rusa, en una clara señal de rechazo al interés de Vladimir Putin de violar la soberanía de Ucrania.

Mientras que la recorrida por la Ciudad Prohibida de Beijing se produjo en medio de la incorporación de Argentina a la Ruta de la Seda, el “Plan Marshal chino”, y la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno, que fueron boicoteados por Estados Unidos por condenar las violaciones a los derechos humanos del Partido Comunista, liderado por Xi Jimping.

Junto a Putin, Fernández sostuvo:
-“Tenemos que ver el modo en que Argentina se convierta en una puerta de entrada para que Rusia ingrese a América Latina de un modo más decidido”.
-“Desde los noventa, Argentina volcó su mirada en Estados Unidos y la economía argentina depende mucho de la deuda que tiene con Estados Unidos y con el Fondo”.
–“Argentina tiene que dejar de tener esa dependencia tan grande con el Fondo y con Estados Unidos”.

Y frente a Xi, el Presidente dijo:
-“Conocimos el nuevo museo del Partido Comunista y quedamos muy impresionados con esa magnífica obra”.
-“Nos sentimos muy identificados con todo lo que fue el trayecto de la Revolución hasta el presente, que ha puesto a China en el lugar central que ocupa en el mundo”.
-“Si usted fuera argentino, sería peronista”.

A diferencia de Rusia y China, Estados Unidos define el voto del FMI.

Fernández inició su periplo pocas horas después de haber anunciado un principio de entendimiento con el Fondo. El acuerdo deberá ser ratificado por el organismo antes del 22 de marzo, cuando Argentina tenga que hacer frente al pago de 3.200 mil millones de dólares, una suma sideral para las exiguas reservas del Banco Central. Por lo que sin la aprobación del FMI, se podría iniciar un nuevo default.

El sistema de votación del organismo de crédito internacional se realiza a través de la representación que cada país tiene en el directorio, de acuerdo a su PBI y a su poder de financiamiento. Gran parte de las decisiones se toman por mayoría calificada (70% de los votos), pero las más importantes se definen por mayoría cualificada (85% de los votos).

Como Estados Unidos posee el 16,5%, tiene poder de veto, ya que su rechazo o abstención impide la adopción de resoluciones que requieren el respaldo de la mayoría. En cambio, China tiene sólo el 6,08% de los votos y Rusia el 2,69% de los votos.

Argentina mantiene una deuda histórica con Rusia y con China por el generoso envío de vacunas para contener las primeras olas de contagios del Covid en el país. Y es razonable que el Presidente haya viajado especialmente a Moscú y a Beijing para agradecer personalmente tamaña colaboración humanitaria, que evitó muchas muertes de argentinos en medio de la pandemia.

Pero la sobreactuación geopolítica del líder del Frente de Todos, potenciada para contener las divergencias internas sin atender el delicado equilibrio externo, puede haber generado una preocupante incertidumbre sobre el futuro de una economía en debacle desde hace más de una década.

Aunque el mandatario argentino matizó ayer las declaraciones formuladas en la última gira, en los próximos días se tomará real dimensión del impacto que cosechó de Alberto Fernández por los gestos, las señales y las palabras que utilizó en Moscú y en Beijing.

El resultado deberá ser leído como una lección de Puig.