domingo 29 de enero de 2023
COLUMNISTAS aventuras

Los ladrones

20-01-2023 23:55

Sin que medie violencia, sirviéndose de lo interdisciplinario con precisa e imbatible conjugación de habilidades específicas, poniendo el cuerpo en uno de los territorios más hostiles que se pueden encontrar en una ciudad, un grupo de hombres realiza una proeza ilegal. No tienen casi nada en común, no hay banderas ni consignas que los representen a todos. No los guían la política o la venganza, ni parecen convenir en la codicia desmedida o la desesperación que, creemos, suponen arriesgarse a la cárcel. Sus motivaciones son diversas y lo que hacen con el dinero que obtienen una vez ejecutada con éxito la empresa, los diferencia aún más. Pero por un periodo de tiempo, logran fusionarse en un monstruo de muchas cabezas; son una maquinaria, un pequeño ejército de cómplices. Como en un juego de niños superdotados con roles no extrapolables, expedicionan al lugar del crimen durante meses, fabrican trajes especiales, llegan a construir un dique bajo tierra, se disfrazan, estudian, soportan contratiempos. Nunca claudican. Dan la impresión de estar constituidos desde siempre para lo que hicieron, de no poder haber pertenecido a otras nacionalidades, géneros o estratos sociales.

La distinción entre ética y moral y una analogía entre un cuadro, un libro y un robo artístico, dan comienzo al documental Los ladrones, la verdadera historia del robo del siglo, de Ariel Winograd, estrenado en 2020, gracias al que conocimos a quienes se animaron a perpetrar uno de los robos más rutilantes de la historia, del que se cumplieron 17 años la semana pasada. Juntos, tuvieron una razón de ser inapelable, pero sus lazos no eran fraternos, ni duraderos. No había sentimientos manifiestos ante la certeza de arriesgar la vida al mismo tiempo, para no volver a verse nunca más.

Mientras recrean frente a cámara los hechos que les hicieron conocer la gloria por el efímero lapso previo a la traición de la esposa de uno de ellos, entendemos que esos hombres son o fueron, más que nada, aventureros. Su vector común, lo que los impulsa a actuar es la afición por la aventura, ese concepto que parece estar en vías de ser circunscripto al campo de la ficción o del recuerdo, en una sociedad híper controlada como la de este siglo. Con su acto apoteótico, los ladrones del Banco Río parecen probar que en la aventura subyace una capacidad de tracción y de unidad extraordinaria. Quizás sea hora de rescatarla del olvido final y ponerla a rodar de nuevo, aunque no para los robos, nos sobran mejores razones.

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