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Mauricio & Horacio

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Maestro y discípulo. Mal favor le hace el discípulo al maestro continuando discípulo, decía Séneca. | NA

¿Cuál es la diferencia entre Horacio Rodríguez Larreta y Mauricio Macri que pueda justificar, para todos los damnificados por las políticas económicas del expresidente en 2015, votar en 2023 a su sucesor? ¿En cuánto Rodríguez Larreta es “lo mismo” que Mauricio Macri?

Rodríguez Larreta luce más conciliador, menos vengativo y más pragmático que su mentor. Pero, ¿cuánto de esa actitud es resultado de una personalidad “menos alfa” que la del expresidente, aunque ideológicamente Rodríguez Larreta termina siendo mucho más severo que su predecesor?

Rodríguez Larreta luce más moderado políticamente pero más ortodoxo económicamente

En términos económicos, Mauricio Macri, por influencia de Marcos Peña, de Jaime Duran Barba y de su propio menor compromiso con aquellas tareas, que requieren mayor esfuerzo cognitivo, nunca fue dogmático. Que el explícitamente confeso keynesiano Alfonso Prat-Gay fuera su primer ministro de Economía y –prácticamente– el ortodoxo Nicolás Dujovne fuera el último podría ser una señal de la mayor cercanía inicial de Macri con el productivismo de su padre empresario. Dujovne podría considerarse más cercano a Rodríguez Larreta que a Macri. 

El jefe de Gobierno de la Ciudad no proviene de un contexto familiar exclusivamente empresario, como Macri, y el mundo financiero le resulta más afín. Su padre, Horacio Rodríguez Larreta Leloir –nació en 1934 y murió en 2004–, fue un politólogo y consultor económico e integrante del Movimiento de Integración y Desarrollo, funcionario público en el Ministerio de Relaciones Exteriores durante la presidencia de Arturo Frondizi, subsecretario de Privatizaciones y jefe de asesores del ministro de Defensa Oscar Camilión durante la presidencia de Carlos Menem, y presidente del Racing Club entre 1977 y 1978. Recuerdo personalmente a Oscar Camilión durante la presidencia de Menem quejarse porque la redacción de Clarín estaba “llena de montoneros e izquierdistas”.

También por la menor dedicación a adquirir conocimiento, Mauricio Macri dedicó menos tiempo a las lecturas de moda en las universidades privadas de los años 80, cuando la tendencia de época eran las ideas de la Universidad de Chicago, propulsora del neoliberalismo. En el caso de Rodríguez Larreta, profundizadas en la Universidad de Harvad en un posgrado de Administración.

La pregunta es en qué se diferenciará la economía de una presidencia de Rodríguez Larreta de la presidencia de Maurcio Macri, y todo parece indicar que aquella promesa de campaña de la infructuosa reelección de Macri sobre hacer lo mismo mas rápido que no prosperó en 2019 sería el mantra de 2023: “No tenemos cien días sino cien horas”, dijo Rodríguez Larreta hace varios meses ante empresarios en un evento en el hotel Llao-Llao.

Ya lo decía John Maynard Keynes: quienes toman decisiones cerca de los 60 años son a menudo prisioneros de las ideas de un economista difunto porque dejaron de leer al salir de la universidad, a los 25 años. ¿Es Horacio Rodríguez Larreta más representante de la cosmovisión del mundo financiero que Macri, que hasta por ósmosis estuvo expuesto a ideas industrialistas? ¿Será Rodríguez Larreta más pragmático políticamente que Macri, hasta más humilde y menos soberbio emocionalmente que el expresidente pero mucho más extremo en materia económica? 

En un encuentro iniciático entre ambos, Macri le habría dicho a Larreta que como carecía de empatía nunca sería votado ni sería popular, que se pusiera bajo de su ala, que así Macri lo haría volar junto a él. El jefe de Gobierno contaría esta anécdota con tristeza, dolor y deseos de revancha.

A la vez, Macri no podría soportar que alguien tan poco carismático llegara a ser presidente, encima por su propio influjo, porque de alguna manera desvalorizaría su propio logro de haber llegado a la presidencia, confirmando entonces la frase atribuida a Héctor Magnetto sobre que la presidencia era “un cargo menor”, probablemente compartida por su padre, Franco Macri, para quien ser un gran empresario era algo superior.

Macri, por ósmosis de su padre, tenía, aunque insuficiente, memoria industrial, que Larreta no

Los economistas de Rodríguez Larreta proponen ajuste fiscal y reformas ortodoxas sin anestesia, el reportaje a Luis Secco, uno de los integrantes de su equipo, que se publica en esta edición es uno de tantos ejemplos. Jaime Duran Barba, artífice junto a Marcos Peña de que una persona con las ideas de Macri haya podido llegar a la presidencia, insiste en que en ningún lugar del mundo ganó una elección un candidato que propusiera ajuste. Que en Juntos por el Cambio confunden los triunfos electorales de la derecha política como si fueran de la derecha económica, cuando los ganadores de esas elecciones desde la derecha son populistas, como Trump o Georgia Meloni, cuyas promesas económicas se parecen más a las del kirchnerismo que a las de la ortodoxia de la Escuela de Chicago.

Hernán Lacunza, el formalmente último ministro de Economía de Macri, formal porque el propio Macri dijo que su presidencia se acabó tras la derrota en las PASO, en agosto de 2019, cuando tuvo que reemplazar a Dujovne, es el primus inter pares del amplio equipo de economistas de Rodríguez Larreta, enriquecido ahora con Martín Redrado (hace dos décadas Lacunza integró su consultora), y expresa moderación y realismo en sus ideas pero parece representar socialmente más a la “plebeya” María Eugenia Vidal que al “aristócrata” Larreta.

En el reportaje al economista Luis Secco emerge la pregunta sobre la dificultad que tendrá un ministro de Economía con un presidente que se considera a sí mismo economista, como es el caso de Rodríguez Larreta, licenciado por la Universidad de Buenos Aires en la materia, y si una licenciatura en Filosofía hace a una persona filósofa, o en Economía, economista, o solo el ejercicio real de su actividad en la disciplina.

El gran desafío de Rodríguez Larreta es convencer a la sociedad de que lo hará diferente a Macri. Pero diferente no sería nunca “peor” para los más necesitados en sentido de que sería lo mismo más rápido y sin anestesia.