sábado 01 de octubre de 2022
COLUMNISTAS extrañamientos

Mis noches en el Lido

12-08-2022 23:55

El cine Lido quedaba a la altura en la que la vorágine de la avenida Cabildo (con epicentro en la esquina de Juramento) ya decididamente declinaba (declinaba en los discretos cruces con Guayrá, con Iberá, calles así). Sus butacas no eran para nada mullidas, ni siquiera hospitalarias, lo que ayudaba a mirar las películas sin letargos de repantigamiento. Fue ahí donde los vi, en una noche ya remota, a él y a ella, a John Travolta y a Olivia Newton John. Y es noche que no se me olvidará, porque marcó (luego sabría que para siempre) mi sentido del amor (el sentido que el amor puede llegar a cobrar para mí).

Recordarán seguramente ese viraje decisivo que tiene Grease el compadrito, cuando Sandy se transforma de manera por demás impactante: deja de ser la chica retraída y modosita que había sido hasta entonces, deja de pronto los vestiditos sobrios y el pelito acomodado por atrás de las orejas, e irrumpe como una bomba de detonación continua, expansiva y desenvuelta, con rulos de fuego y pantalones de cuero. Entonces sí, Danny Zuko sucumbe a ella, se deslumbra, se fascina, cae rendido a sus pies. Yo por mi parte, en la oscuridad, tramitando mis casi doce años en la butaca del cine Lido, descubrí (luego sabría que para siempre) que prefería a la Sandy anterior, la sencilla, la más dulce y sin estridencias. Mientras Travolta en la pantalla se enamoraba de la nueva Sandy, yo en el Lido ya extrañaba a la que había dejado de ser.

Así incidieron por ese entonces en mi educación sentimental por vía del cine, Grease y Olivia Newton John, en un grado que solamente alcanzaría Melody.