COLUMNISTAS
opinión

Nunca nadie como él

20231210_bolsonaro_zelenski_milei_cedoc_g
Presidentes atípicos como Bolsonaro, Zelenski o Trump, pero no hay antecedentes de otro Milei. | cedoc

Tenemos suerte de vivir en esta época. Hoy comenzará el primer gobierno en la historia de la humanidad de alguien que se dice anarcocapitalista y planea para el mediano plazo la desaparición del Estado como intermediador de las tensiones sociales. Un outsider que hasta hace poco más de dos años era un excéntrico panelista de la televisión.

Es cierto que lo de tener suerte puede ser una imagen arriesgada, considerando que se trata de un experimento que a los argentinos nos cuenta adentro. Pero salvando ese detalle, nos disponemos a ser presididos por un líder sin comparaciones.

Nada parecido a los mandatarios argentinos que siempre provinieron de partidos tradicionales o de carreras políticas y públicas notorias. Casi sin referencias a nivel internacional.

Trump fue un presidente excéntrico que también aprovechó a los medios con su cabellera indómita y sus provocaciones. Sin embargo, su carrera empresarial y mediática atravesó décadas antes de llegar a la Casa Blanca. Y lo hizo en las filas de uno de los dos grandes partidos de los Estados Unidos.

Anarcocapitalista, excéntrico, solo, sin partido, prometiendo ajuste, sin mayorías parlamentarias,...

Bolsonaro fue otro mandatario particular. Usó a los medios, elogió a exdictadores y se opuso a todo lo que el establishment brasileño consideraba progresista, pero fue electo después de 30 años de carrera partidaria.

Zelenski puede ser el más parecido a Javier Milei, teniendo en cuenta que llegó al poder sin carrera política previa y avalado por su éxito de comediante de TV. Pero el modelo económico por el que fue votado no difería mucho de cierta ortodoxia liberal.

Milei es otra cosa.

Solo. Milei llegó solo. Hace tres años sus ideas las debatía con el único amigo que tuvo, el economista Diego Giacomini, quien lo introdujo en el libertarismo. Alejado de sus padres hasta antes de la pandemia, su única contención psicológica era su hermana Karina y sus perros clonados. Ese era su verdadero núcleo social y político.

Giacomini ya no es su amigo, pero su círculo de confianza sigue siendo ínfimo. Ahora apenas ampliado con la segunda novia de su vida, Fátima Florez.  

Milei no necesitó estructuras partidarias para triunfar. Al contrario, la primera que le acercaron fue el Partido Libertario y la relación terminó tras las elecciones porteñas de 2021. La Libertad Avanza es un simulacro de partido que gira en torno a él.

Milei no quiso seducir a los medios. Fue al revés. Sus raptos violentos y su estética desbordada eran un imán para el rating que obligaba a los medios a: 1) invitarlo una y otra vez, y 2) instruir a los periodistas a que no le hicieran preguntas incómodas porque si no, no volvería a ir.

Milei no gastó fortunas en su campaña. Más allá del apoyo de empresarios privados y de los habituales fondos electorales del Estado, fue la relación de conveniencia mutua con el aparato mediático (medios tradicionales más redes sociales) la que sustentó su popularidad.

Milei no quiso congraciarse con el electorado. Como con los medios, también fue al revés. Fue esa amplia minoría que constituyó el 30% de las PASO y las generales, la que lo buscó a él.

Lo estaban esperando porque eran sectores sociales que venían incubando la necesidad de un cambio disruptivo, que incluye cuotas importantes de resentimiento y esperanza. A ese porcentaje se le sumó en el balotaje otro 25% que, aun con dudas, prefirió apostar a lo desconocido que seguir igual.

Ajuste. El nuevo Presidente se jacta de ser el primero en haber sido elegido prometiendo un ajuste. Puede, como otros, usar métodos populistas para comunicarse con la sociedad. Pero demagogo no es.

Prometió y espera cumplir con ese dramático ajuste que durante meses transparentó ante sus votantes con absoluta sinceridad.

Quienes lo eligieron saben lo que vendrá.

Quizá con la conciencia de que será un sufrimiento útil, quizá suponiendo que no les salpicarán sus consecuencias o quizá esperando que, político al fin, Milei no cumpla con sus promesas.

En cualquier caso, nadie podrá decir que él no avisó.

Es tan fuerte el ajuste con el que hizo campaña y que hoy volverá a esbozar, que este viernes tres entidades financieras mundiales mostraron sus reparos.

El Fondo Monetario advirtió que tamaño ajuste requiere de un plan de estabilización “apoyado políticamente”. El Banco Mundial señaló su temor por su impacto en la pobreza. Y en el Citi indicaron que el shock “va a ser muy difícil que sea políticamente sostenible, especialmente en la población”.

No es que el FMI, el BM y el Citi estén en contra de un orden fiscal. Son entidades que abonan al consenso internacional que prescribe déficit cero en cualquier momento y lugar. Lo que sucede es que nunca escucharon a alguien capaz de apostar a un ajuste de tal magnitud.

Milei no es normal, porque ningún político normal se atrevería a avanzar con medidas tan drásticas sin mayorías en ninguna de las Cámaras, sin respaldo sindical ni de movimientos sociales y sin jueces cuyos padrinos hayan salido de las filas libertarias.

Su fuerza reside en aquel 30% de núcleo duro que lo apoyó en las primeras dos vueltas electorales y en la esperanza de que el otro 25% no se arrepienta tras conocer los primeros pasos de su gestión.

Ya anticipó que si no puede avanzar con sus reformas por las vías habituales o si la Justicia traba su accionar, buscará el apoyo popular a través de plebiscitos. Que, aunque no sean vinculantes, cree que presionarían a la casta para que no se interponga en su camino.

Milei es único, porque sintetiza en una sola persona (no en una ideología, en un partido, en una religión) toda la potencia de una desesperación social desclasada (en rebeldía con sus propias clases sociales de origen) y policlasista (atravesando todos los estratos socioeconómicos).

Cabeza. Esa licuadora social que mezcla y rompe con los distintos alineamientos sectoriales que históricamente se referenciaban en el peronismo, el radicalismo y, en la última década, en el macrismo; hoy encontró su representación en la psicología de un líder disruptivo.

No cualquier cabeza sería capaz de soportar semejante presión y reflejar fielmente lo que esa licuadora colectiva pretende obtener.

Milei lo hizo porque su cabeza fue preparada toda su vida por la inclemencia de una familia violenta que lo obligó a desarrollar una resistencia psicológica a la altura de tal agresión.

Su salida fue la soledad, el trabajo esforzado y un escape esotérico en busca de respuestas en el más allá de lo que en el más acá se le hacía insoportable.

...sin familia perfecta, esotérico, sin gastar fortunas en su campaña. Comienza un presidente único

Milei es atípico también en ese plano. No aceptó inventar una familia feliz que nunca tuvo para congraciarse con la supuesta corrección de época. Su única familia es su hermana Karina y su perro Conan, que lo guía después de muerto y lo aconseja junto a sus herederos clonados.

Sólo a ellos les debe fidelidad. El resto son amistades o aliados circunstanciales. Desde los jóvenes libertarios que lo acompañaron en un principio y ya no están, hasta los que se incorporaron después como Villarruel, Marra o Píparo, que parecían imprescindibles hasta que dejaron de serlo. Tampoco a Macri le debe fidelidad.

Anarcocapitalista, excéntrico, solo, sin partido, sin seducir a los medios, sin gastar fortunas en su campaña, prometiendo ajuste, sin mayorías parlamentarias, sin familia perfecta, esotérico, sin fidelidades permanentes. Desde hoy nos va a gobernar un presidente único.

La suerte de vivir en esta época es la suerte de esos testigos que están a punto de presenciar un evento extraordinario. No conocemos la magnitud ni la capacidad constructiva o destructiva de ese evento.

Lo único que sabemos es que va a ser distinto a todo lo que vimos hasta ahora.