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COLUMNISTAS / Opinión
lunes 25 marzo, 2019

El plan de Mauricio Macri en el espejo de Jair Bolsonaro

Cambiemos quiso que su llegada al poder fuera una revolución del optimismo, y eso le impidió dar malas noticias. ¿La gente no es capaz de tolerar la sinceridad de su gobierno?

por Eduardo Reina

Jair Bolsonaro y Mauricio Macri Foto: Cedoc
lunes 25 marzo, 2019

El 20 de marzo, su día número 79 en el poder, Jair Bolsonaro publicó una nota en el diario brasileño Valor Econômico. De por sí, resulta un tanto llamativo que un presidente en funciones ponga sus ideas por escrito, y que lo haga a través de un medio tradicional, en lugar de emplear las redes sociales. En cuanto al contenido, aunque Valor lo haya publicado en la sección de Opinión, está claro que el escrito de Bolsonaro se parece más a un manifiesto político.

"Al asumir el gobierno de nuestro país", comienza, "me encontré con tres grandes desafíos que garantizarían el crecimiento de la economía, el bienestar y la paz social de los brasileños: la reforma tributaria, la reforma laboral y la reforma previsional". A esta última, en particular, la llama el "buque insignia" de su gestión, y el componente principal de "esta telenovela llamada desequilibrio fiscal".

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A continuación, Bolsonaro detalla la frágil situación económica del país, y la importancia de implementar un nuevo sistema de previsión. Pero su objetivo con esta nota no es comentar las muchas bondades de su plan de gobierno, sino presionar al Congreso, en cuyas manos está la aprobación de la reforma. Si esto se demora, advierte Bolsonaro, su programa quedará estancado aun antes de ponerse en marcha.

No hace falta acordar ideológicamente con el líder brasileño para reconocer que está poniendo todas las cartas sobre la mesa. Da su diagnóstico sobre el estado del país, y dice lo que necesita para resolver los problemas. Es el tipo de gesto audaz que, en general, se siente que le faltó a Mauricio Macri cuando asumió la presidencia de nuestro país. Si Bolsonaro está mostrando sus cartas, Macri se guardó algunas, y nos dijo que eran buenas.

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Cambiemos quiso que su llegada al poder fuera una especie de revolución del optimismo, y eso mismo le impidió dar malas noticias. El gobierno actuó bajo la suposición de que, si se sinceraba completamente, la gente no iba a poder tolerar la realidad. En cambio, dijeron que en seis meses todo estaría resuelto, y hasta ahora, 38 meses después, están pagando las consecuencias de esa decisión.

Más allá de que se mencionó mucho la "pesada herencia" del kirchnerismo, nunca hubo un informe completo sobre la situación. Más bien, era una especie de mantra que se invocaba cada vez que las cosas no salían bien para el gobierno. Demasiado tarde, Macri tuvo que admitir que lo peor todavía no había llegado, pero a esa altura ya nadie sabía qué podía ser lo peor.

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Otra noticia insólita llegó hace dos semanas de la lejana Finlandia: el primer ministro, Juha Sipilä, renunció precisamente por no haber logrado que se aprobara una serie de reformas sociales y del sistema de salud. "Mi gobierno trabaja según el principio de resultados o dimisión", dijo Sipilä. El primer ministro se hizo el guapo (o como se diga eso en finlandés), pero un poco de guapura es necesaria para gobernar. Un gobierno debe estar comprometido con su plataforma y llevarla hasta las últimas consecuencias.

El plan de Cambiemos nunca terminó de estar claro. Del segundo semestre pasamos al segundo año, a la segunda mitad, al segundo mandato. El gobierno parece más comprometido con su propia permanencia en el poder que con un plan concreto. O tal vez nunca se atrevieron a dar a conocer el plan, para no tener que dar malas noticias.

¿Será cierto que la gente no es capaz de tolerar la sinceridad de su gobierno? En 1940, en medio de la segunda guerra mundial, Winston Churchill fue elegido como primer ministro británico. Francia había caído, e Inglaterra tenía todas las de perder frente al poderío nazi. En su discurso inaugural, Churchill dijo: "no tengo nada para ofrecer más que sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas". Pero nadie salió a pedir su renuncia. Es que lo habían votado precisamente para eso.

E.R./F.F.


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