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COLUMNISTAS / Elecciones 2019
jueves 8 agosto, 2019

Polarización y resultados ajustados: ¿dos novedades en la campaña electoral?

Dos factores protagonizan las contiendas electorales modernas. La polarización y los resultados ajustados. Mientras una acompañó gran parte de nuestra historia electoral, la otra es la gran novedad del siglo XXI.

por Leandro Bruni

Fernández vs. Macri. Polarización y resultados ajustados. Foto: Noticias Argentinas

En el año 64 a. C., un joven romano le entregaba a su hermano –un reconocido y distinguido ciudadano- un conjunto de recomendaciones que, según él entendía, le servirían para sortear los avatares de la campaña en ciernes. Quien recibía el texto era el influyente político Marco Tulio Cicerón, a quien su hermano, Quinto Tulio Cicerón -autor de lo que hoy se conoce como Breviario de campaña electoral- le sugirió primeramente "considera qué ciudad es esta, a qué aspiras y quién eres". "Qué ciudad es esta", es decir que caracteriza el escenario en el cual se disputa la contienda.

Argentina se prepara para concurrir a las urnas. Es la primera de -por lo menos- dos citas cívicas a nivel nacional. En el preludio de los comicios, una serie de hipótesis, leyes e incluso predicciones, han inundado las conversaciones en torno a este proceso electoral. La polarización y el posible margen de victoria/derrota parecen haberse instalado dentro del repertorio temático. Sin embargo, mientras que fenómenos como la polarización se muestran como novedosos, y no los son, los resultados ajustados parecen ser una tendencia que llegó para quedarse.

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Polarización: un clásico de la política criolla

Se le adjudica a Protágoras, el sofista griego, una frase que anticiparía el antropocentrismo característico del renacimiento: "el hombre es la medida de todas las cosas". En otras palabras, el mundo es lo que es, porque ahí está el ser humano viviéndolo sensiblemente y dándole sentido a todo.

Esta asombrosa capacidad –inexistente en cualquier otra especie- nos encerró progresivamente en un sesgo de interpretación. Creemos que lo que nos ocurre ahora mismo no pasó jamás, o que, si pasó, ahora es diferente. De este sesgo provienen frases como "todo pasado fue mejor", "nunca se vivió algo así", "esta es una campaña polarizada como no se ha vivido anteriormente".

Afortunadamente podemos tomarnos el tiempo de estudiar algunos pocos datos para ver si realmente, lo que vemos como un acontecimiento único –en este caso la polarización- es, efectivamente algo novedoso, o si, por lo contrario, es un clásico en nuestra historia electoral.

Cuando un escenario está polarizado, quiere decir que dos candidatos -dos polos- concentran la mayoría de los votos. Esta mayoría significa más del 67% de los sufragios. Un caso contrario, en donde no habría polarización, podría ser cuando tres candidatos tienen 33,3% de los votos cada uno. Este es un panorama familiar, ya que –señalado por encuestadores- fue lo que ocurrió durante finales del 2018 y principios del 2019, cuando Cristina Fernández de Kirchner, Mauricio Macri y Roberto Lavagna parecían estar parejos y repartirse (casi) de igual manera la totalidad de los votos.

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Pero alejémonos un poco de la coyuntura. Vamos a tomar los 100 años de campañas electorales presidenciales. Para calcular cuál fue la polarización en las contiendas presidenciales, desde que rige la Ley Sáenz Peña de voto universal –en realidad varones mayores de 18 años- hasta la contienda de 2015, sumamos los votos obtenidos en cada oportunidad por los dos primeros candidatos.

El resultado es interesante: el 85,7% de las instancias electorales presidenciales –es decir contando las PASO y el balotaje- desde 1916 a 2015 estuvieron polarizadas. Solo tres casos no lograron superar el umbral del 67% y por tal motivo no pueden ser consideradas como contiendas polarizadas. La más antigua fue la contienda presidencial de 1922 cuando el radical Marcelo Torcuato de Alvear abatió al candidato de la Concentración Nacional, Norberto Piñero por 34,12 puntos de diferencia. Se trató de una de las campañas con menor participación electoral de la historia y donde el candidato ganador se distanció por la mayor cantidad de votos de su adversario. La segunda campaña sin polarización fue la de 1963 cuando Arturo Illia –candidato por la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP)- derrotó a su correligionario, Oscar Alende, quien se postuló por la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI). La tercera y última contienda donde el resultado no estuvo polarizado fue en 2003, cuando el peronismo se presentó dividido con tres candidatos (Carlos Menem, Néstor Kirchner y Adolfo Rodríguez Saá).

Infografías Leandro Bruni

Por otro lado, las contiendas más polarizadas fueron las de 1951 (95,68%), cuando el peronismo buscó su reelección; luego la recordada campaña “Braden o Perón” de 1946 (95,71%) y en tercer lugar la contienda de 1937 (97,28%), marcada por la disyuntiva personalismo vs. antipersonalismo que despertaba la figura de Hipólito Yrigoyen. En esta última campaña fue el antipersonalista Roberto M. Ortiz quien logro alzarse con el bastón presidencial. Cabe señalar que en la cúspide de este listado está el balotaje presidencial de 2015, en donde la suma de votos obtenidos entre Mauricio Macri y Daniel Scioli arrojó 100% de los sufragios.

En relación a esto, el consultor político y autor de Comunicar lo local (Parmenia-Crujia), Lucas Doldan, señala que "en una cultura política como la argentina, que, desde la Ley Sáenz Peña, ya estuvo marcada por una creciente personalización de la política y de la oferta electoral, la polarización es una estrategia que no es nueva y que recurrentemente se ha utilizado a lo largo de la historia. Lo que aparece ahora como una estrategia muy característica del periodo actual, en realidad tiene otros antecedentes. No obstante ello, la tendencia actual parece estar anticipando que la polarización de esta contienda puede ubicarse entre las más altas de la historia".

Así las cosas, mientras la polarización promedio de las instancias electorales presidencial de estos 100 años es de 79,61%, la correspondiente al siglo XXI es de 70,74%. Ahora bien, según las últimas encuestas difundidas en las jornadas previas a los comicios, la suma de los dos principales candidatos en las PASO arrojaría una cifra cercana al 78,7%, la cual proyectando los indecisos alcanzaría el 80,7%.

La política en debate

Si el domingo, los dos primeros contrincantes condensan a más del 80% de los votantes, estaremos en un escenario de polarización similar al de 1999, cuando entre Fernando de la Rúa y Eduardo Duhalde alcanzaron el 86,65% de los sufragios. Una cifra que, si bien es elevada, dista de encabezar el récord desde el retorno de la democracia –exceptuando el balotaje de 2015-, cuando en 1983, la sumatoria de los votos obtenidos por Raúl Alfonsín y Ítalo Lúder alcanzó el 91,91%.

En el caso de que, finalmente, la cifra ronde el 78,7% esta elección no pasará a la historia como la más polarizada; apenas podría decirse que supera la media de la polarización correspondiente al siglo XXI (70,74%). Ni siquiera habrá pasado la "mitad de tabla" de las 22 instancias electorales presidenciales que tuvieron lugar en nuestra historia. Sí habrá superado a la polarización que los argentinos vivieron durante los comicios de 1916, cuando la primera contienda presidencial con voto universal sentó en el Sillón de Rivadavia a Hipólito Yrigoyen. La puja entre el líder radical y el conservador Ángel Dolores Rojas concretó, en aquella oportunidad, la sumatoria de 73,13% de los votos. Una cifra que, sin embargo, se puede considerar como de “polarización baja”.

Polarización: baja, media y alta

Hasta aquí, nuestro análisis nos llevó a una conclusión sobre la polarización: el 85,7% de las instancias electorales presidenciales desde 1916 a 2015 estuvieron polarizadas. Se trata de 18 casos –sobre un total de 21- en donde los dos primeros candidatos concentraron más del 67% de los sufragios.

Ahora bien, cuando observamos hacia adentro de este 85,7% podemos ver, al menos, tres grandes grupos. La historia electoral argentina se caracteriza, no solo por una marcada polarización, sino que además predomina la polarización alta (44,4%), mientras que le sigue la polarización baja (33,3%) y en menor lugar, la polarización media (22,2%).

Infografías Leandro Bruni

"Pareciera ser que la dinámica polarizada de la competencia política en la Argentina es una invariante local, como destacara Mora y Araujo en su libro La Argentina bipolar. Si pensamos en las respuestas electorales a los problemas de nuestro país esbozadas en las últimas dos décadas, estas no lograron romper con la lógica peronismo-antiperonismo. Lo que es aún peor, las actuales opciones electorales han hecho de la polarización su principal fortaleza. Esto, sin dudas, impide la implementación de un plan de gobierno largoplacista que supere los vaivenes electorales y nos conduce a la lógica de que los platos rotos los pague el que sigue", señala Soledad Camardo, docente de opinión pública de la UBA.

Campañas electorales de los pequeños números

Un fenómeno que sin duda es novedoso en las campañas electorales argentinas es el de ganar o perder por pequeños números. No se trata de una ocurrencia de la actual contienda, ni de la anterior. Se trata de una dinámica que se registra con mayor frecuencia desde principios del siglo XXI.

Infografías Leandro Bruni

El promedio del margen de victoria –la diferencia entre los puntos que obtuvo el ganador de la contienda respecto al segundo candidato- a lo largo de estas 22 instancias electorales presidenciales fue de 18,75%. Solo en una ocasión, a lo largo del siglo XX, se perforó el piso de los 10 puntos de diferencia entre el primero y el segundo candidato, cuando en 1946, la diferencia entre Juan Domingo Perón y el radical José Tamborini fue de 9,97 puntos.

Consideramos entonces ganar por "pequeños números", cuando la diferencia que obtuvo quien ganó y quien salió segundo es menor al 10% de los votos. Si bien no todas las instancias electorales que tuvieron lugar del 2003 a la fecha obtuvieron una cifra inferior a la mencionada, los triunfos por pequeños números sí fueron una constante en 4 de cada 6 elecciones.

En septiembre de 1973 Juan Domingo Perón alcanzó un record. Fue el candidato que mayor diferencia obtuvo respecto a su adversario (Ricardo Balbín) en la historia electoral argentina: el peronista se distanció por 37,43 puntos del radical. Si consideramos esta cifra como máxima y la dividimos en tres, podemos generar tres grupos, los cuales pueden ser considerados como rangos de resultados diferenciales.

Si bien el balance 1916 a 2015 da cuenta de que 42,9% de las contiendas se definieron por una diferencia menor a 12 puntos, el 33,3% lo hizo por más de 25 y 23,8% lo hizo por una diferencia que osciló entre 13 y 24 puntos.

Al comenzar la investigación nuestra hipótesis versaba sobre que en los últimos años, con mayor frecuencia, las contiendas se vienen dirimiendo por un menor margen de votos. Esto se corrobora ya que, para el periodo 2003 al 2015, el 66,7% de las instancias electorales presidenciales resultaron por una diferencia menor a los 12 puntos. De hecho, ajustando el lente de nuestro análisis, el 50% de las instancias en dicho periodo se dirimió por una diferencia menor al 3% de los votos.

Infografías Leandro Bruni

"La polarización no es fenómeno, ni novedoso ni único de nuestro país. En los Estado Unidos se viene incrementando desde la década de 1970, hasta llegar, en la actualidad, a ser un rasgo muy arraigado en la cultura del país. Los efectos están a la vista: por un lado, reestructura las preferencias políticas de una manera bastante clara, pero como contrapartida, deriva en una intransigencia que perjudica la cultura democrática de los acuerdos y consensos a largo plazo", argumenta Miguel Gómez Goldin, politólogo, asesor legislativo en el Congreso de la Nación y docente en la Universidad del Salvador.

Para incidir en la puja electoral es necesario hacer un doble ejercicio. Por un lado, identificar aquellas características constantes en la historia electoral de un país –como la polarización- y que, si la tendencia continua, estarán presentes en el actual proceso electoral. Por otro lado, es imprescindible dar cuanta de aquellas novedades –como los resultados ajustados-, que sin duda serán determinantes sobre el futuro de quien ocupará la oficina principal de Balcarce 50.

*Politólogo y docente (UBA)


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