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COLUMNISTAS / grieta estadounidense
sábado 23 febrero, 2019

Un Oscar entre muros 

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por Bernarda Llorente

Los Premios Oscar luchan por mantener su brillo. Foto: AFP
sábado 23 febrero, 2019

No será una ceremonia más aunque, en términos de puesta, la 91ª edición de los Oscar hará uno que otro ajuste y seguirá replicándose a sí misma. El galardón por excelencia, que marca el pulso y las aspiraciones de parte de una industria cinematográfica que hoy se siente amenazada e imbuida de incertidumbres, tratará de desplegar este domingo en el Dolby Theatre de Los Angeles su capacidad de reacción ante los tiempos que corren.

La agenda social y política que desfilará por la alfombra roja y se replicará en fugaces apariciones en el escenario acotadas a solo 90 segundos enfrentará el desafío de abogar por la “inclusión y la diversidad”. Una aspiración demasiada vapuleada en el discurso y accionar de Donald Trump y en el de las fuerzas antiderechos que gobiernan o intentan incidir en el Planeta. Campañas como “Oscars so White”, por una mayor inclusión de afroamericanos en las nominaciones y elencos, o el movimiento “Time’s Up” que propicia ampliar la cantidad de directoras –solo cinco han sido nominadas en la historia de los Oscar–  se suman a los reclamos de mayor “sensibilidad” por parte de la Academia en temáticas sociales que contrarresten  la involución que pueda provocar el actual presidente.

Entre las aspirantes a quedarse con la estatuilla –que este año recupera el diseño original y el esplendor de 1929: mide 34,2 cm, pesa 3,8 kilos y estará bañada en oro de 24 quilates–, varias películas parecen llenar ciertos requisitos. Green Book, Pantera negra (fundamentalmente por sus intenciones) o Roma, fueron seleccionadas por más de 6 mil miembros, en su mayoría hombres y blancos, conscientes de los cuestionamientos y la necesidad de “hacer algo”. 

 La película del mexicano Alfonso Cuarón, con sus diez nominaciones, podría ser la bisagra de una industria anclada en un pasado “glorioso” y su necesidad de proyectar y proyectarse en distintos escenarios futuros. Roma discurre por la desigualdad, los preconceptos, el sacrificio, en un México donde el 70% de su población originaria sigue viviendo entre la discriminación y la pobreza. De la invisibilidad a la tapa de Vogue, como en un cuento de hadas, Yalitza Aparicio, hija de una empleada doméstica mixteca, pobre y maestra, saltó a la fama y a estar nominada como una de las mejores actrices de Hollywood en 2018.

Prueba de fuego para Netflix

Difícil hubiera sido imaginar unos pocos años atrás semejante éxito. Roma es un film en blanco y negro, hablado en español y mixteco, con algunos guiños muy mexicanos, de gran belleza visual y ritmo lento. No suele ser el "estilo" de la Academia, salvo en tiempos convulsionados y ríspidos. El muro de Trump es una de las “grietas” que enfrenta hoy la sociedad estadounidense, y los inmigrantes latinos ascendieron en la escala discriminatoria a la posición que supo tener la población negra. El repudio al racismo y a favor de la diversidad serán una parte tan importante de la premiación como la artística. 

 La apuesta parece arriesgada pero pisa fuerte. Cuarón como director y guionista es de los pocos latinos consagrados en “la meca”, con un Oscar por Gravedad y muchos galardones en su curr{iculum. A Netflix, su prestigio le abre las puertas hacia festivales, premios, reconocimientos. Es una alianza orgánica, tal vez estratégica. La superproducción que se estrenó en su plataforma de streaming y en muy pocas salas comerciales de todo el mundo le facilitó a Netflix sus planes de ser un jugador importante entre los grandes estudios. La incorporación de reconocidos talentos como ScorseseSoderbergh, los hermanos Wachowski o los Cohen hacen el resto.

La plataforma digital, que cuenta con 150 millones de suscriptores en 190 países, no escamotea en gastos. Ni a la hora de producir ni en las campañas para sus productos. Según The New York Timesel marketing de Roma fue planificado con mucha expertise y vastos recursos. En carteleras, eventos con famosas, lobbies, críticas, viralización en las redes y seguimiento e información a los miembros de la Academia, invirtió 20 millones de dólares. Es probable que sin ellos hoy el Oscar fuera un sueño inconcebible. O quizás mientras algunos construyen muros hay quienes derriban estereotipos.

 

*Politóloga. Experta en Medios, Contenidos y Comunicación.


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