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sanción en general de la ley ‘bases’

Una mínima luz en el tanteador

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Respuesta. Incidentes en la Plaza de los dos Congresos tras la aprobación en general en Diputados de la ley ómnibus. | Ernesto Pages

El equipo “Viva la libertad, carajo” sacó una mínima luz en el tanteador. En medio de un bochorno violento en las calles y un papanatismo en el recinto que desató la furia de legisladores tradicionales, Miguel Pichetto por ejemplo, (también otros opositores que se descontrolan al ver convertido el Parlamento en una suerte de Bristol marplatense, mate y bizcochos, ojotas y bermudas junto a  conversaciones semejantes al gentío veraniego en el cual solo faltan las sombrillas). A Javier Milei le falta aún más de una vida para consagrar la retocada aprobación final a su proyecto, hasta es posible que deba esperar al cambio de sesiones, al salto del actual período de Extraordinarias a Ordinarias. Una Larga Marcha. Igual hoy parece feliz el Presidente: obtuvo, con límites, facultades especiales para el Ejecutivo, una indecencia para la oposición que en el pasado supo disfrutarlas: la opinión de los personajes, como se sabe, depende del lugar a ocupar en el mostrador. Finalmente, todas las discusiones en las extenuantes reuniones legislativas fueron por una sola causa: plata. Y no está mal, salvo que los diputados quieran imponer –por TV, TikTok o X– que su protagonismo histórico es semejante al del Congreso de 1816 en Tucumán.

Para esta semana no solo queda pendiente la discusión artículo por artículo de una lejana ley, también las incidencias callejeras, ya que ciertos núcleos se preparan para desafiar a las fuerzas de seguridad como sucedía antes en las canchas de fútbol. Al mismo tiempo, el Gobierno se ufana de que controla la inseguridad por la firmeza que impuso Patricia Bullrich a los piquetes (y eso que no pudo viajar a Francia para saber cómo las tropas parisinas enfrentaron varias manifestaciones sin ocasionar muertos). La necesidad de una víctima, en términos políticos, está en los dos lados: necesitan pasar a la protesta por un caído ya que la discusión por la ley se encuentra parcialmente acotada. Tan confusa resulta la agitación frente al Congreso que Máximo Kirchner salió a la calle y casi termina a las trompadas con los trotskistas de varias organizaciones. Unos con plata, otros sin plata.

De todos los artículos había uno preeminente: el reparto del Impuesto País

De todos los artículos, había uno preeminente para el debate: el reparto del Impuesto País, una considerable suma en la cual las provincias desean participar. Inclusive, se había llegado a un acuerdo: 70% para el gobierno nacional, 30% coparticipable para el libre albedrío de los gobernadores en lugar de que ese monto pasara, según ellos, a las alcancías de los grupos sociales o planeros. Con nombre y apellido: a Juan Grabois. Hasta se celebró ese compromiso y, de pronto, los acuerdistas se enteraron por un vocero oficioso del Gobierno (Joaquín de la Torre) que ese convenio no existía y que, además, el bloque autónomo de Pichetto y Cía estaba extorsionando a la Casa Rosada. Es de imaginar la batahola por esta situación, los disgustos extraviados y la intolerancia mental que ciega a todos los participantes: la Argentina se comprometió con el FMI que el Impuesto País cesa a mediados de año. Una pelea inútil, salvo que sea dominada por la plata.

Las suspensiones o ocultamientos en los artículos empezó desde antes de la presentación del proyecto y del lado oficial: desaparecieron prioridades como la nave insignia de las podas, la eliminación del subsidio a la “fabricación” de productos en Tierra del Fuego. Por arte de magia. Dicen que, legalmente, los empresarios Cherñajovsky y Nicky Caputo están blindados en sus emprendimientos. Otros piensan en fábulas más racionales, contantes y sonantes. También se perdió una eliminación a privilegios en la producción azucarera, tema que alguna vez vinculó a la legisladora Cristina Fernández de Kirchner con ese rubro: fue la voz cantante a favor de sus ventajas. Ni hablar del quite imaginado al grupo de Mercado Libre que, según números, se beneficia con 110 millones de dólares por año, mientras en San Pablo bendice con 150 millones un estadio de fútbol. Claro, la queja proviene de los bancos, golpeados por la competencia poco leal de un empresario simpatizante de Milei (Marcos Galperín). Lo de “poco leal” no corresponde al autor de la nota en medio de tantas deslealtades.

Milei atiende pocos temas: el económico, el financiero y el de las reformas

El mandatario en Olivos atiende pocos temas, el económico, el financiero y el de las reformas al Estado (ya que, al margen de la ley y el decreto ómnibus piensa en nuevas reformas a incorporar). Nada más: le cede a otros responsabilidades monumentales al jefe de Gabinete y a su propia hermana Karina para negociar en el Parlamento con la ayuda de un miembro de la familia Menem, el Lule, experimentado en pistas bravías por haber acompañado a su pariente, el exsenador Eduardo. Vital en ese ejercicio, tanto como ahora el titular de la Cámara, Martín Menem. Como Milei no es macroeconomista, muchos se preguntan con quiénes de la profesión intercambia figuritas sobre el nefasto proceso combinado de recesión e inflación que lo daña. Se supone que es en el área en la cual se debería distinguir, por la que sabe y votaron. Hasta ahora no se conocen nombres de asesores aplicados o influyentes. Tal vez requiera asistencia de un equipo para atravesar esas dos desviaciones que amenazan complicarle la estabilidad: la inflación todavía es culpa transitoria de los antecesores, pero la actividad económica se ha empezado a fatigar con velocidad y anticipa duras caídas del PBI. La desocupación puede ser un fantasma. No era un desenlace previsto ni planeado esta dificultad, menos deseada. Hay otras luces: un reconocimiento general en materia financiera a la responsabilidad compartida del Banco Central y Economía que han salvado emergencias que parecían insuperables.

En el FMI reconocen a Bausili, en menor medida a Caputo, pero como es costumbre el instituto colabora con el Gobierno. Aportó también una cruda descripción última de la economía argentina, vale leerla. Seguramente ayuda en este ejercicio la intervención de Joe Biden, quien decidió el envío de un portaaviones gigante a las costas argentinas. Algunos sostienen que hará prácticas en el estrecho de Magallanes para escasa alegría o advertencia de ciertas naves chinas. Como si el país no tuviera ya suficientes problemas. De ahí que la canciller Diana Mondino fuera a aplaudir una ópera china en una celebración asiática y se enterneciera como si escuchara a Puccini.